El pasado y el futuro de la Casa de Albo

Lindbergh en la tercera fila a la derecha, posa en las escaleras de la Casa de Albo en noviembre de 1933 durante su breve paso por Santoña. /Rehisan
Lindbergh en la tercera fila a la derecha, posa en las escaleras de la Casa de Albo en noviembre de 1933 durante su breve paso por Santoña. / Rehisan

El pasado 11 de noviembre se cumplieron 85 años del amerizaje del piloto Lindbergh y su esposa en Santoña, que pernoctaron dos días en este edificio, hoy de propiedad municipal y sin uso

Ana Cobo
ANA COBOSantoña

El 11 de noviembre del año 1933, las aguas de la bahía de Santoña acogieron a una leyenda mundial de la historia de la aviación. Un fuerte temporal obligó aquella tarde al famoso piloto norteamericano Charles Lindbergh a realizar un amerizaje forzoso en la villa marinera, que se convirtió en el centro informativo de los periódicos nacionales e internacionales.

Medios de todo el mundo querían saber la suerte que había corrido este aviador, reconocido por ser el primer piloto que atravesó en solitario y sin escalas el Atlántico en el año 1927. Lindbergh, acompañado de su esposa Anne Spencer, realizaba en aquellos meses, a bordo de su hidroavión 'Tinmissatorg', un viaje por distintos países del mundo para intentar olvidar la pesadilla que supuso el secuestro y la posterior muerte de su pequeño hijo y a la vez agradecer el apoyo recibido.

Aquel 11 de noviembre (se han cumplido ahora 85 años) echaron el vuelo desde lago Constanza, en Suiza, con intención de llegar hasta Lisboa, pero las condiciones atmosféricas obligaron a Lindbergh a detener su travesía antes de lo previsto. Sorprendidos por una fuerte tormenta desatada en el Cantábrico, justo cuando volaban a la altura de la localidad francesa de Bayona, y a la vista de que uno de los mapas de vuelo señalaba Santoña como posible lugar de amerizaje en caso de emergencia, el piloto solicitó por radio a su embajada en Madrid la oportuna autorización del Gobierno español para amerizar en la bahía local. Al hacerlo, minutos después despertó la sorpresa y expectación de todos los vecinos.

A pesar de su buen aspecto interior, el inmueble precisa de una rehabilitación integral de sus tres plantas interiores

Un marinero santoñés, Zoilo Fernández se acercó con su lancha al hidroavión y trasladó al matrimonio a tierra firme. Seguidamente, se hicieron maniobras para amarrar el 'Tinmissatorg'en el rincón que hacia el espigón del muelle viejo y la escollera de la plaza de toros. Donde hoy has un pequeño muelle flotante con rampa y mirador, explica el historiador local, José Luis Gutiérrez Bicarregui.

Venancio Albo, de la firma 'Conservas Albo', se puso a disposición de los Lindbergh, ofreciéndoles la casa-chalé de José Albo todo el tiempo que permanecieran en la villa a la vez que ofreció sus conocimientos de inglés, junto con los del empleado de la fábrica, Roberto González de Cordova 'Calili', para actuar como traductor. El aviador aceptó su invitación y pernoctó en la Casa de la familia Albo durante dos jornadas.

Al día siguiente, domingo, hubo una recepción oficial en el Ayuntamiento de Santoña donde el matrimonio fue recibido por el entonces alcalde, Gumersindo Valle y miembros de la corporación. Numerosos vecinos aguardaron en el lugar para darles una profunda ovación.

La señoritas Antonia y Pepita Echevarría, Soledad Ojeda y Luisa Castillo, en representación de las trabajadoras de la fábrica conservera 'Albo' entregaron en ese acto a la esposa de Lindbergh un hermoso ramo de flores.

El piloto y su mujer continuaron su programado viaje a Portugal, el lunes 13, aprovechando la mejora de la meteorología. Los santoñeses se congregaron en multitud en el puerto para despedir a la pareja americana. Lindbergh tuvo el gesto de colocar el ramo de flores regalado a su esposa en la parte superior del hidro, para que cayera al mar al remontar el vuelo sobre las aguas de la bahía santoñesa, en prueba de agradecimiento.

Imágenes del interior de la Casa Albo / Ana Cobo

Días después, se celebró un pleno en sesión extraordinaria donde se dio cuenta del escrito de despedida del piloto en el que agradeció «la hospitalidad y el auxilio que encontramos por parte del vecindario de Santoña a nuestra llegada y durante la tempestad». Para la posterioridad, quedará una fotografía (la que ilustra este reportaje) de Lindbergh y su esposa junto a otros acompañantes en las escaleras de la Casa de Albo. Este edificio, en cuyas instancias estuvo tan ilustre invitado, es hoy de propiedad municipal aunque no tiene ningún uso.

Apariencia engañosa

Son muchos los vecinos que se preguntan el por qué no se le da a este inmueble un destino ya que desde el exterior se le ve en perfectas condiciones. Aunque en este caso la apariencia lleva a engaños. Cierto es, que en la pasada legislatura se acondicionó tanto su fachada como su cubierta pero el edificio precisa de una profunda rehabilitación interior que tardará en llegar.

Imagen exterior de la Casa Albo.
Imagen exterior de la Casa Albo. / Ana Cobo

Mientras tanto, los equipos de gobierno que pasan por el Ayuntamiento barajan todo tipo de alternativas de uso. Se ha propuesto que sea una escuela de hostelería, trasladar allí parte de la Casa de Cultura o la biblioteca, que fuera la sede de Amica o crear un espacio expositivo del carnaval. El último proyecto del que se habla es de que una de sus plantas albergue un centro de interpretación dedicado al mundo de la mar, la pesca y la conserva de Santoña. Un más que probable fin ya que el Consistorio actualmente está llevando a cabo el refuerzo estructural de la planta baja de la Casa de Albo con una inversión de 150.000 euros, de los cuales 60.000 son subvencionados por el GAC Oriental bajo el requisito de ese futuro uso relacionado con el sector de la mar.

El alcalde de Santoña, Sergio Abascal, siempre ha defendido al respecto de la Casa de Albo que, antes de tomar una decisión sobre su destino hay que garantizar la seguridad del edificio. Y es que el anterior Gobierno excavó para habilitar una planta sótano y tuvo que parar la obra ante el gran riesgo de que el inmueble se viniera abajo. Desde entonces, ha estado totalmente apuntado. Es por ello, que el Ayuntamiento está ejecutando actualmente el refuerzo estructural de la planta baja para garantizar su estabilidad, unas obras adjudicadas a Rucecan que tocarán a su fin en los próximos días.

Pero es solo un paso más en el largo camino antes de verlo abierto. Y es que por dentro está totalmente impracticable. El regidor ya anunció que harán falta más de 300.000 euros para rehabilitar todo su interior. Planta baja, primera y segunda. Además, es preciso hacerlo totalmente accesible, eliminando todas las barreras arquitectónicas y habilitando un ascensor. Para ello, serán necesarias más fases y probablemente la solicitud de más subvenciones Y es que hay que adecuar todos los suelos y paredes, «respetando los elementos históricos y emblemáticos de esta casa», de estilo vasco que data del 1932, así como dotarla de instalación eléctrica y calefacción.

 

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