La inspiración de Santa María de Toraya

Un momento de la actuación de jazz que se celebró en Santa María de Toraya, dentro de las actividades de divulgación del patrimonio que se ha propuesto la Fundación para trabajar en el ámbito cántabro, pero también traspasando fronteras. /DM
Un momento de la actuación de jazz que se celebró en Santa María de Toraya, dentro de las actividades de divulgación del patrimonio que se ha propuesto la Fundación para trabajar en el ámbito cántabro, pero también traspasando fronteras. / DM

Tras la restauración del templo de Hoz de Anero, se crea una fundación en defensa del patrimonio

Elena Tresgallo
ELENA TRESGALLOHoz de Anero

Ya no huele a humedad cuando uno se adentra en las entrañas de Santa María de Toraya y escudriña con la vista sus grandes y desconocidos tesoros o reliquias. Un templo de origen medieval, ubicado en la localidad de Hoz de Anero (Ribamontán al Mar), que fue salvado, casi de milagro, gracias a la sensibilidad de un mecenas anónimo que financió las obras. Su recuperación ha sido un trabajo intenso, de más de un año, a cargo de un equipo de restauración experto y ha servido de inspiración para la creación de la Fundación para la conservación del patrimonio que lleva su nombre.

«La Fundación es una inesperada consecuencia de un emotivo proyecto de conservación y restauración, que comenzó en el año 2016, con la recuperación íntegra de la iglesia», explican sus promotores, entre los que figuran todo tipo de perfiles profesionales con un mismo denominador común: su amor por las obras de arte y el patrimonio.

Bajo el lema 'Amas lo que conoces', la Fundación se creó el pasado 6 de junio con el fin de promover la conservación, restauración y divulgación de obras de arte, bienes culturales y patrimonio de Cantabria. La directora de la entidad es Lydia Quevedo, doctora en Bellas Artes, además de especialista en restauración y conservación. Quevedo fue la especialista que dirigió el equipo que recuperó tanto el interior como el exterior de Santa María de Toraya. «A raíz de restaurar la iglesia nos dimos cuenta de que había que dar un paso más en la conservación para mantener este bien patrimonial», explica.

De esta forma, y con la ayuda «de muchas personas» interesadas por el arte y la conservación del patrimonio, vio la luz la Fundación. «Hay gente involucrada de diferentes profesiones, no sólo arqueólogos o restauradores, también hay otros perfiles distintos como médicos o industriales», añade.

La Fundación trabaja ya en distintos proyectos en Güemes, Liébana y Puente Agüero

La divulgación del trabajo que hacen es, además, uno de los pilares básicos de la entidad. Para ello, promueven actividades culturales en las que visibilizar el patrimonio una vez restaurado, desde la convicción de que divulgar es conservar a futuro. «Muchas veces la escasa conservación o la falta de respeto a la integridad de las obras tiene que ver con una única cuestión de desconocimiento de la materia o falta de formación al respecto», explican desde el colectivo, poniendo ejemplos como lo ocurrido recientemente con el Ecce Hommo. Por ello, también reivindican la figura del especialista en la materia, concienciando a la sociedad sobre la importancia de la figura del restaurador-conservador «como único profesional con las competencias necesarias para diagnosticar e intervenir en todo lo que afecte a la correcta conservación de los bienes culturales», insisten.

Dentro de este trabajo de divulgación, hace unas semanas se programó un concierto de jazz en la iglesia de Santa María de Toraya al que acudió más de un centenar de personas. «Nos sorprendimos gratamente, porque salió todo muy bien y la gente respondió, a pesar de que había que pagar entrada», explicó Quevedo.

La recaudación estaba destinada a financiar la actuación y cumplir el objetivo de divulgación. «Nosotros somos una entidad sin ánimo de lucro que hacemos proyectos por encargo o buscamos los fondos para hacerlo posible. Nuestra función es convencer a la sociedad de que el patrimonio es de todos y que hay que colaborar en su conservación», añadió.

Trasmiera es el punto de partida, el referente de esta Fundación que aunque no tiene fronteras para sus actuaciones en la región, si reconoce que ha contraído una deuda «muy especial» con Ribamontán al Monte, en la comarca de Trasmiera, al estar ubicada allí y ser parte del municipio. Por ello, pronto contarán con sede propia en Villaverde de Pontones, mientras avanzan en algunos proyectos que ya están ejecutando en la zona como la restauración de dos retablos de la ermita de Güemes, futuras actuaciones en Liébana o la restauración del escudo de la casa Navarro Vereterra en Puente Agüero, entre otras.

 

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