Llanos quiere ser Pueblo de Cantabria 2019

Llanos quiere ser Pueblo de Cantabria 2019

El Ayuntamiento de Penagos adelantó su intención de presentar la candidatura de Llanos a la distinción de Pueblo de Cantabria 2019

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZ

Ahí donde termina la carretera, tras unas pocas curvas, se encuentra Llanos. Un pueblo de esos verdes, de puertas abiertas y que ha conseguido mantener y atraer a nuevos vecinos. Con casas de montaña dispersas, pero con un núcleo definido alrededor de su vieja iglesia, junto a la que se encuentra una cuca Casa de Cultura. También destaca su ancestral puente medieval. Eso es Llanos. Además de su historia y sus gentes. Esa esencia podría ser receta de éxito el año que viene, cuando el Ayuntamiento de Penagos presente a Llanos como Pueblo de Cantabria 2019.

El alcalde de Penagos, José Carlos Lavín, anunció recientemente a través de redes sociales su intención de postular una de sus localidades del municipio a Pueblo de Cantabria, que este año fue a parar a Esles (Santa María de Cayón). La elegida para tal cruzada fue Llanos, que ya estuvo presente hace cerca de una década en el certamen. Sin embargo, en esa ocasión no se llevaron el gato al agua. Ahora el Consistorio volverá a luchar por el nombramiento y la dotación económica que conlleva, que en la pasada edición era de 13.000 euros.

El motivo por el que han decidido volver a la carrera del Pueblo de Cantabria tras tantos años es que «antes Llanos tenía una serie de carencias para concursar», explica Lavín a la vez que recala en que «ahora el pueblo tiene muchas fortalezas para poder ganar». Para ello, a comienzos del año que está a la vuelta de la esquina, el Ayuntamiento orquestará un proyecto de candidatura. «Es algo que haremos de una manera coordinada con los vecinos, para que puedan colaborar», adelanta el regidor.

Los latidos de Llanos

Las paredes no hablan. Tampoco lo hacen los árboles, las fuentes o las piedras. Por eso para conocer mejor el lugar, hay que preguntar a los que lo han habitado. Marina Ortiz, a sus 93 años, podría ser la que mejor conoce Llanos, pero su prima Hortensia Ortiz, de 94, le arrebata por unos meses ese honor. Sea como sea, Marina Ortiz es una testigo de cómo las calles y sus gentes han ido cambiando con el tiempo.

Ella fue una de las primeras en acudir a las escuelas de Llanos, que sufragó el marqués de Valdecilla. «Éramos muy modernos, porque íbamos a la misma clase chicos y chicas», recuerda la anciana. También estuvo cuando todavía no había calles y la unión entre casas eran caminos de barro. «Los propios vecinos se encargaron de trabajar para recubrir de piedra los suelos», cuando Marina todavía era demasiado pequeña como para echar una mano.

La vida de la mujer ha estado tan ligada a la del pueblo, que casi parecen uno. Se casó, vestida de negro, en su iglesia, y también tuvo a sus hijos en una de sus casas. Fue testigo de cuándo el corazón de Llanos latía más fuerte, y cuándo parecía debilitarse. «Aquí antes había muchos comercios», recuerda. Sin embargo ya hace tiempo que «para ir a comprar sal tenemos que bajar a Sarón», reconoce Estrella Rábago, hija de Marina y también de Llanos.

Rábago, al igual que muchos otros, hace 40 años que acabó por marcharse a la ciudad. Sin embargo, la vida en las calles y campos de Llanos no se apagó. Sobre todo gracias a la savia nueva que llegaba. Uno de esos adoptados por Llanos es Adolfo León, pintor y bailarían internacional de reconocido prestigio en su tiempo. Que tras una vida visitando distintos lugares del mundo, y dirigiendo Los Ballets de Madrid y el Conservatorio de Pintura, Música y Danza de la capital, adquirió una casa del pueblo en ruinas. «Me vine aquí porque tenía un problema de corazón y me lo recomendó un médico», rememora León. Además, fue uno de los impulsores de la Casa de Cultura de Llanos, que se ubicó en las antiguas escuelas, y que actualmente dirige. «Es importante señalar que esto no está muerto, aquí viene gente muy buena a exponer, y no sólo de Cantabria», destaca.

Recorriendo el camino contrario que un día hizo Estrella Rábago, Pilar Fuertes cambió la ciudad por el pueblo. Fue hace ocho años cuando la madrileña decidió instalarse en Llanos y abrir una ganadería de alpacas y trabajar como telarista. «Me enamoré de esto por todo, hasta por el olor a chimenea», confiesa. Además, recala en que «lo bueno es que es un pueblo, pero está comunicado. Estamos cerca de todo y de nada».

También ha sido un destino definitivo para extranjeros. Y a pesar de sus no más de 150 habitantes, hay residentes holandeses, franceses, ingleses... Jan Bellut es alemán y vive en una cabaña a las afueras del pueblo desde 2002. «Llanos no se ha quedado estancado, vive gente aquí con actividades muy alternativas y con producción ecológica», señala Bellut, que se dedica a la jardinería.

Con todo, lo que da carácter al pueblo son sus gentes. En lo que están todos de acuerdo es que lo que les caracteriza es que «somos muy familiares». Estrella y su madre comentan que «cua ndo ha habido alguien enfermo todos nos hemos volcado». Por su parte, Pilar Fuertes reconoce que «mi vecino, sin que se lo pida, me echa una mano con el campo». A veces cuando vivimos en un sitio, lo apreciamos menos. Pero hay quienes rompen la regla. Marina Ortiz, con más de noventa años en Llanos, no titubea y con una sonrisa defiende que su pueblo «es muy bonito, el más bonito de Penagos». El año que viene veremos si también lo es de Cantabria.

 

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