Las antiguas locomotoras de Santander buscan un nuevo hogar

La gran nave industrial que alberga el Museo del Ferrocarril, junto a las vías de tren, en la calle Castilla./Roberto Ruiz
La gran nave industrial que alberga el Museo del Ferrocarril, junto a las vías de tren, en la calle Castilla. / Roberto Ruiz

El Ayuntamiento y los responsables del Museo del Ferrocarril miran otro emplazamiento porque la integración ferroviaria implica la desaparición del edificio que alberga históricos trenes

Javier Gangoiti
JAVIER GANGOITISantander

Se puede contar la historia de Santander a través de este patrimonio. Una máquina quitanieves de los años treinta; la histórica locomotora 'Peñacastillo' (1912), que trabajó en Nueva Montaña Quijano; aquella de Renfe que servía para limpiar las vías del tren (1962); otra dotada de un motor Rolls Royce de ese mismo año; una máquina de vía estrecha (1954) recuperada del chatarrero de Los Corrales de Buelna, y hasta la locomotora a vapor 'Udías' (1911), que en su día formó parte del ferrocarril minero de esta localidad y se jubiló en la mina Santa Amelia, en Reocín. De ahí pasó a formar parte del Museo del Ferrocarril de Santander, igual que el resto de antepasados de la lista. En la actualidad, la galería se encuentra en una nave de 650 metros cuadrados que albergó en otro tiempo los antiguos talleres de vagones, en la calle Castilla.

Son los padres y los abuelos de los trenes que hoy conocemos. Una colección que ahora debe dejar paso a su descendencia: el plan de integración ferroviaria, que implica la desaparición de ese edificio. Por ello, el Ayuntamiento y los responsables del museo han empezado a buscar una nueva ubicación donde seguir mostrando este patrimonio. Pero no una cualquiera, eso sí, sino una que le permita seguir cerca del que fuera su hogar, el entorno ferroviario.

Por eso, la alcaldesa, Gema Igual, y el concejal de Infraestructuras, Urbanismo y Vivienda, César Díaz, iniciaron ayer las conversaciones con representantes de la Asociación Cántabra de Amigos del Ferrocarril, el colectivo que mantiene un convenio de colaboración por el que el Consistorio contribuye a la promoción del museo y colabora en su restauración y recuperación de algunos de sus fondos.

El objetivo de ambas partes es hallar un nuevo espacio cerca del entorno ferroviario

En el encuentro el equipo municipal pidió a la asociación, encabezada por su presidente, Christian Suárez, que identifique cuáles son las condiciones de espacio con el fin de barajar un destino que no aleje a las máquinas de su entorno original. La intención del Consistorio y del colectivo es que el museo sirva como nexo de unión entre el pasado, el presente y el futuro de la realidad ferroviaria de la ciudad.

La alcaldesa, Gema Igual, valoró el cambio de local como «una oportunidad para modernizarlo»

Pero el museo es mucho más que una colección de máquinas pesadas. Cientos de fotografías ilustran la historia de las minas cántabras, sus ferrocarriles y el Santander de principios de siglo. Reliquias como carteles promocionales, faroles de locomotora, las mismas placas ovaladas de las compañías ferroviarias o los viejos carteles de cristal que se utilizaban para poner los horarios de los trenes componen la herencia de esta asociación sin ánimo de lucro.

Igual valoró el traslado de todo el museo como «una oportunidad para modernizar sus instalaciones, revitalizar el museo y proyectar su actividad». Asimismo, recordó que ya manifestaron la necesidad de buscar una nueva ubicación en el primer encuentro de la comisión de seguimiento para la integración ferroviaria. En aquella reunión acordaron que el traslado del centro correrá a cargo de las tres administraciones implicadas. Mientras las partes le buscan un nuevo hogar, el Museo del Ferrocarril continúa abriendo sus puertas al público.