Tres puertas grandes, tres

Tres puertas grandes, tres
Javier Cotera

Enrique Ponce, El Juli y Ginés Marín aprovechan el manejable y noble encierro de Garcigrande

NIEVES BOLADO y ALFREDO CASASSantander

Lució el cielo un terno panza de burra y plata. Tarde bochornosa y pegajosa. Los abanicos echaron humo. Los gintonics implorados como agua en el desierto. Los tendidos prácticamente colmados. Se rozó el lleno en Cuatro Caminos. Ambiente festivo y chirene. Sugestionado el respetable antes de iniciarse el paseíllo. Todo el mundo dispuesto a vivir y participar de un festejo, programado de antemano, para el recuerdo. Por si tienen dudas de ello, ya en el programa de mano se informaba que, en el transcurso de la lidia del primer o cuarto toro de la tarde, la banda de música interpretaría los sones del cinematográfico 'El oboe de Gabriel'

Quedaba la duda del comportamiento de los toros propiedad de Justo Hernández. Ya saben que Dios propone, el hombre dispone y el toro lo descompone. No fue el caso. Aunque en líneas generales al encierro de Garcigrande le faltó motor, fondo y transmisión, lo cierto es que, salvo el primero y sexto, los nobles y obedientes astados colaboraron con los integrantes de la terna.

No comenzó con bien pie el festejo. El toro que rompió plaza, corto de manos, recogido y apretado de carnes, tuvo una fría salida y no tardó en acusar el severo y excesivo trancazo que le propinó el picador Manuel Quinta. Llegó al último tercio 'Aireado' desfondado y sin vida. Apenas duró una serie de tanteo. Enrique Ponce quedó inédito. Ni sudó ni se despeinó.

De llamativo pelo fue el ejemplar que completó el lote del maestro valenciano. Indecorosos sus pitones, cortas sus manos y pelín achichonado. Protestado por su manifiesta falta de fuerzas, 'Guardaperros' no se empleó en varas ni remató ninguna de sus arrancadas al capote de 'Mariano de la Viña'. Cambiado el tercio, sacado el toro a los medios, Ponce instrumentó dos templadas y calibradas series en redondo en las que se limitó acompañar las arrancadas. Ninguna exigencia. Lo justo para convencerle de perseguir el engaño. Sonaba para entonces el tema central de la película 'La Misión'. Ante la insistente querencia a tablas del noble morlaco, el diestro lo acercó a las tablas del tendido 6. Se sudecieron entonces tres series de derechazos. Toreo vertical, relajado y rehilado, sin soltar al astado de las telas. Tres vertiginosas tandas en redondo con el toro girando a voluntad del toreo. Tras un infructuoso intento de toreo al natural, de vuelta a la mano diestra, cuatro almibaradas poncinas, engarzadas a un garboso molinete, un monumental cambio de mano y un pase de pecho para rematar. Entonces el público explotó. Una desmayada tanda más de propina en medio de la catarsis colectiva y una estocada trasera y tendida de sincera entrega. Tardó un mundo en doblar las manos el toro que, finalmente, se echó frente a la puerta de chiqueros. Gritos de 'torero, torero', los tendidos teñidos de blanco y dos orejas.

La Corrida

Quinto festejo de la feria de Santiago
Corrida de toros. Tarde nublada y bochornosa -26º al inicio del festejo-. Más de tres cuartos de entrada, casi lleno. Festejo presidido por Juan Bautista Calahorra de la Cruz. Cinco toros de Garcigrande y uno de Domingo Hernández -3º- (503, 474, 542, 528, 581y 485 kilogramos): corrida cuatreña, muy pobre de caras, desigual de hechuras y volúmenes. Severamente castigado en varas, aplomado y sin vida el primero; pastueño, tan limitado de motor como sobrado de clase noble el segundo; manso, desfondado y manejable el tercero; chocholo, obediente, templado y colaborador el rajado cuarto; noble, de buen fondo y larga duración el notable quinto y reservón, con guasa y a la defensiva el toro que cerró plaza.
Enrique Ponce (celeste y oro)
Bajonazo (silencio) y estocada casi entera, trasera y tendida (dos orejas tras aviso). Puerta grande.
Julian López 'El Juli' (Tabaco y oro)
estocada entera, trasera y desprendida (oreja con petición de la segunda) y pinchazo y estocada entera y trasera (oreja tras aviso). Puerta grande.
Ginés Marín (gris perla y oro)
estocada entera y caída (oreja) y estocada entera y desprendida (oreja). Puerta grande.
Cuadrillas
El banderillero Antonio Manuel Punta cuajó dos extraordinarios pares de banderillas al sexto ejemplar de Garcigrande.

De vergonzosos pitones, aleonado, largo de cuello y descolgado de riñones, al segundo en el orden de lidia le marcaron una testimonial puyazo y fue airosamente quitado por jaleadas lopecinas. Brindó El Juli y, tras asentarse en los medios, hilvanó dos administradas tandas de derechazos. Muletazos de retrasado embroque, cómoda altura y lineal trazo. Todo a favor del toro. Conducido hasta la segunda raya de picar del 1, cuajó Julián cuatro gobernados y ceñidos naturales, de uno en uno, y una postrera serie en redondo de empapadas muletazos en los que el toro exhibió su fijeza, extremada bondad y obediencia. Cortó una oreja tras espadazo de trasera colocación. Frente al quinto, cómodo de pitones, bastote y despegado del ruedo, El Juli aprovechó el notable fondo y mayor duración de 'Ordenante'. Limpiado de inicio el feo gañafón que lanzó tras el capote de brega, el diestro madrileño apretó de veras al 'garcigrande' por el pitón izquierdo. Y por el derecho. Fue la suya una empastada y sincronizada faena en la que Juli fue conjugando a su entero antojo terrenos, distancias, alturas, gobierno y ritmo. Un prodigio técnico. Recreado en la ejecución, el diestro exprimió hasta la última embestida a un toro que fue arrastarado hasta el desolladero sin una oreja.

El tercero fue toro agradable de cara, algo montado y corpulento, sin fijeza de salida y trotón. De bravucona pelea en varas, 'Chulo' salió del peto desentendiéndose de todo. De incansable movilidad en banderillas, el de Domingo Hernández acusó su querencia a tablas en el incio de faena de Ginés Marín. Lo gró el extremeño sujetar al astado tras dos ligadas tandas en redondo, sin tiempos muertos y siempre con la muleta puesta por delante. Poco más duró el castaño que comenzó a quedarse dormido en las zapatillas. A fuerza de tragar saliva y consentir algunas paradas, Ginés terminó de estructurar su meritoria labor.

Para cerrar plaza se corrió un morlaco ancho de sienes, hecho cuesta arriba y corto de cuello, de reservona condión, peligroso pitón derecho y defensivas arrancadas por el izquierdo. Pese a su deslucido juego, Ginés Marín peleó hasta el último instante la oreja que necesitaba para acompañar en la salida a hombros a los maestros. Lo hizo exponiendo en la corta distancia, donde nadó como pez en el agua.

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