Ganador en la Vuelta ciclista a España y mecánico en la Luna

Ganador en la Vuelta ciclista a España y mecánico en la Luna

El belga Gustaaf Deloor trabajó en el proyecto del Apolo 11 tres décadas después de conseguir con su bicicleta ser el primer ganador de la clasificación general de la ronda española

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Menos de 60 ciclistas han ganado la Vuelta a España. Tampoco fueron muchos los privilegiados que trabajaron en Cabo Cañaveral con el vehículo que trasladaría a los primeros hombres por la Luna.Y sólo hay un hombre en la Tierra que ha podido presumir ambas: el belga Gustaaf Deloor (De Klinge, 24 de junio de 1913 - Malinas, 28 de enero de 2002).

La rocambolesca historia que llevó a un flamenco un día a ganar una etapa en Cáceres y tres décadas después a preparar el R-4D en Florida para la primera misión tripulada al satélite está llena de un sinfín de recovecos, momentos de azar y hasta un paso por un campo de concentración nazi. «Es una vida de guion de cine. Son las coyunturas de la vida, es un momento histórico en que pasan muchas cosas en Europa», anticipa el periodista Juanfran de la Cruz, quien investigó durante años la vida del primer ganador de la Vuelta Ciclista a España para escribir 'Gustaaf Deloor, de la Vuelta a la Luna' (Libros de Ruta).

Deloor, tras ganar una etapa con final en Bilbao.

El primer punto destacado de su vida fueron sus triunfos deportivos. Criado en tierra flamenca, se dirigió en 1935 a la aventura: la primera Vuelta ciclista a España. «Una carrera de tres semanas en la geografía española era poco menos que territorio desconocido. Su hermano había venido a la Volta a Catalunya pero él no llegó a venir y lo que conocía era la zona del Levante y cosas de velódromo. Luego tienes que correr 15 días (en la primera edición), aunque al final era un ciclismo más de sota, caballo, rey; con rutas más generales y no había grandes montañas», contextualiza De la Cruz.

Todo salió bien en su España desconocida. Deloor ganó varias etapas y cruzó la meta de Madrid con el jersey naranja que entonces se entregaba a los líderes. Y dobló la puesta. Un año después repitió triunfo en la ronda con su hermano Alfons en segundo lugar de la clasificación general. Finalmente, una tercera victoria consecutiva fue imposible porque había comenzado la Guerra Civil.

Prisionero nazi

El destino no le guardó muchas oportunidades más de subirse a un podio. Aunque pudo levantar los brazos en la llegada de una jornada en el Tour de Francia en 1937, la II Guerra Mundial truncó la carrera deportiva de Deloor. Fue reclutado para la contienda con 24 años y la bicicleta pasó a ser un asunto menor. Para mayor desgracia del campeón, fue capturado por las tropas alemanas y enviado al campo de concentración Stalag II-B. (hoy territorio polaco)

Pintaba mal su futuro como prisionero nazi. Pero el azar le favoreció. Un oficial reconoció al doble campeón de la Vuelta a España y designó a Deloor para las tareas de la cocina. Así evitó la tortura de los trabajos forzados. Afortunadamente para él, después de varios meses sería liberado y enviado de vuelta a Bélgica por la política de acercamiento a los flamencos de Adolf Hitler.

Retrato de Gustaf Deloor como soldado.

Con el cuerpo y la mente exprimidos, el belga volvió a su hogar para encontrarse otra señal fatídica: su casa había sido saqueada. «Hay una nebulosa en esos años. Había confiado en gente que cuando volvió le dejó tirado», señala De la Cruz sobre aquella época de desánimo para el ciclista.

Deloor decidió cambiar sus suerte y su siguiente objetivo fue mecánico en Estados Unidos. Era otra apuesta atrevida. Incluso parecía una paradoja dedicarse a arreglar vehículos para quien había perdido la opción de ganar su único mundial ciclista cuando marchaba en la escapada principal y pinchó una rueda. Claro que Gustaaf había aprendido por necesidad al comprarse un coche. Ser propietario de un automóvil en esa época implicaba aprender algo de mecánica si uno quería recorrer grandes trayectos.

La primera experiencia en Norteamérica fue decepcionante. Deloor no hablaba inglés y era un novato con las herramientas. No duraba en los talleres de Nueva York más de 15 días.

Mecánico para la luna

Durante sus diez años en la gran ciudad, Gustaaf Deloor vio morir a su esposa (25 años mayor que él), se casó con una joven (25 años menor que él) hija de una pareja de seguidores de sus hazañas deportivas, continuó montando en bicicleta y mejoró con la mecánica. No obstante, seguía sin un puesto de trabajo asentado, así que era el momento de otra nueva apuesta: California.

Acertó. En el oeste de EE UU fue contratado por la Marquardt Corporation, una empresa especializada en el desarrollo de motores y sistemas de propulsión. Era el momento de mirar a las alturas. Con el tiempo, la experiencia y destreza como técnico situaron al migrante Deloor en la fabricación de unos módulos del programa del Apolo que desarrollaban en la North American Aviation en colaboración con su empresa. Y no era un cargo menor. Acudió en diversas ocasiones a Cabo Cañaveral para trabajar en el R-4D que se usaría en los vehículos de los primeros paseos de humanos en la superficie lunar.

El 16 de julio de 1969 pudo ver a Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin dar un gran paso para humanidad. El belga estaba de vacaciones en Europa para ver a su hermano Alfons. Como en aquel podio de 1936 en Madrid, compartieron juntos la alegría de ver cómo los astronautas se desplazaban por el satélite gracias a las partes de los módulos que el pequeño Deloor había montado. El trabajo mecánico del ciclista estabe en la Luna.

Portada de 'Gustaaf Deloor. De la Vuelta a la Luna'.

¿Fue más emocionante que ganar la Vuelta? «Lo que me contaba la familia es que cuando tiene lugar el Apolo 11 Gustaaf había vuelto después de muchos años a Europa. Roza Buys (su segunda esposa) decía que eso era un orgullo bestial para su hermano Alfons porque su granito de arena estaba ahí. Pero yo me atrevería a decir, por los testimonios de su viuda, que el poso que dejó la Vuelta a España en Gustaaf fue bestial. Cuando se instaló en Europa y veía la Vuelta por televisión se emocionaba, creía ver sitios en lo que había estado y le venían muchísimos recuerdos; era de una intensidad emocional muy grande para él. Supongo que la Luna tuvo su importancia pero la Vuelta pasa todos los años y todos los años estás emocionado», argumenta con una sonrisa De la Cruz antes de dejar un guiño a los aficionados al ciclismo: «Para él, igual ganó lo de la Vuelta».