La Ruta de la Seda ya albergaba a pastores de alta montaña hace más de 4.000 años

Comerciantes de ovejas en un mercado a las afueras de Bishkek (Kirguistán). /Yuri Kochetov (Efe)
Comerciantes de ovejas en un mercado a las afueras de Bishkek (Kirguistán). / Yuri Kochetov (Efe)

Los investigadores han descubierto la evidencia de que ovejas y cabras se abrieron camino hacia los corredores de alta montaña del sur de Kirguistán

EUROPA PRESS

Mucho antes de la creación formal de la Ruta de la Seda, los pastores que viven en las montañas de Asia Central ayudaron a formar nuevos vínculos culturales y biológicos en toda la región, según se describe en un artículo sobre un estudio que se publica en la revista 'PLOS ONE'.

Usando proteínas antiguas y ADN recuperado de pequeñas piezas de hueso animal, arqueólogos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (MPI-SHH) y el Instituto de Arqueología y Etnografía (IAET) de la Academia Rusa de Ciencias-Siberia han descubierto la evidencia de que animales domésticos -cobras, ovejas y cabras- se abrieron camino hacia los corredores de alta montaña del sur de Kirguistán hace más de cuatro milenios.

Mucho antes de la creación formal de la Ruta de la Seda -un complejo sistema de rutas comerciales que unen Eurasia oriental y occidental a través de su árido interior continental- pastores que viven en las montañas de Asia Central ayudaron a formar nuevos vínculos culturales y biológicos en esta región.

Sin embargo, en muchos de los canales más importantes de la Ruta de la Seda, incluido el Valle de Alay, en Kirguistán (un gran corredor de montaña que une el noroeste de China con las ciudades oasis de Bujara y Samarcanda), se sabe muy poco acerca de las formas de vida de los primeros habitantes en los siglos y milenios anteriores a la era de la Ruta de la Seda.

En 2017, un equipo internacional de investigadores, dirigido por la doctora Svetlana Shnaider (IAET), la doctora Aida Abdykanova (Universidad Americana de Asia Central) y el doctor William Taylor (MPI-SHH), identificaron una serie de sitios nunca antes vistos habitados a lo largo de los márgenes de las montañas que forman la frontera sur de Kirguistán con Tayikistán. Las excavaciones de prueba y el estudio en estos sitios produjeron huesos arqueológicos de animales que prometían arrojar luz sobre cómo las personas usaban la región de Alay en el pasado.

Sin embargo, cuando Taylor y sus colegas analizaron los huesos que se habían recuperado, eran tan pequeños y se habían roto tanto que los investigadores ya no podían usar su tamaño y forma para identificar a qué especies pertenecían originalmente. «Llegar tan cerca de comprender la economía temprana de uno de los canales más importantes de la Ruta de la Seda, y llegar con las manos vacías, fue increíblemente desalentador», dice Shnaider.

Pastoreo de ovejas, cabras y reses

Taylor y sus colegas aplicaron luego una técnica conocida como Zooarqueología por Espectrometría de Masas, o ZooMS. Se trata de un método que utiliza una espectrometría de masas basada en láser para identificar los bloques de construcción peptídicos que forman el colágeno dentro del propio hueso, péptidos que difieren entre los taxones animales y producen «huellas digitales» únicas que se pueden usar para identificar piezas de hueso que de otra manera no serían reconocibles.

Con esta técnica, Taylor y sus colegas descubrieron que las personas que vivían en el Valle de Alay comenzaron a pastorear ovejas, cabras y reses hace al menos 4.300 años. Combinando su trabajo con la investigación de ADN antiguo en la Universidad de Toulouse, en Francia, también encontraron que, en los siglos posteriores, cuando el comercio de la Ruta de la Seda floreció en toda la región, el transporte de animales como caballos domésticos y camellos bactrianos se hizo cada vez más importante en Alay.

Para Taylor, esta investigación es especialmente emocionante debido a la variedad de posibilidades que apunta a la investigación arqueológica en las altas montañas de Asia Interior. En muchas partes de la región, los conjuntos fragmentados como los analizados en este estudio son comunes en el registro arqueológico. «Este estudio nos muestra que los métodos biomoleculares como ZooMS y el ADN antiguo pueden tomar pilas de huesos fragmentados que casi no tienen valor para los arqueólogos -dice- y abrir un mundo completamente nuevo de ideas sobre la historia humana en Asia Central».

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