Drástico frenazo al tráfico de elefantes salvajes

Un elefante camina en el Parque Nacional Bandipur, en la India/AFP
Un elefante camina en el Parque Nacional Bandipur, en la India / AFP

Los ecologistas celebran la severa restricción impuesta por la ONU a la venta de paquidermos a zoológicos y reservas de animales

COLPISA / AFP, A. SANTOSGinebra

La venta de elefantes a zoológicos, reservas, parques de entretenimiento y otros emplazamientos donde se mantiene en cautividad a estos amenazados animales quedará prácticamente prohibida. Será así merced al acuerdo alcanzado en el seno de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, de la ONU) reunida estos días en Suiza. Ecologistas de todo el mundo se congratularon de que en una de sus primeras votaciones, celebrada el domingo, se avalara la limitación de la venta de elefantes salvajes procedentes de África, permitiendo únicamente aquellas en las que se mantenga a los grandes mamíferos su medio natural.

Fue una «victoria histórica», muy aplaudida por los defensores de los derechos de los animales que consideran «cruel» el mantenimiento en cautividad de los proboscidios. Queda así prohibida la venta de estos mamíferos para lugares de cautiverio, como parques zoológicos y de entretenimiento, o reservas de animales. La propuesta salió adelante con 46 votos a favor, 18 en contra y 19 abstenciones, lo que supone una mayoría de dos tercios, la requerida en las votaciones en comisión.

En las zonas occidental, central y oriental de África los paquidermos ya figuraban desde hacía tiempo como especies protegidas. Sin embargo, los elefantes de África austral no disfrutaban aún de esa protección dentro de este grupo.

Una decisión muy celebrada

«Esta decisión va a salvar a un número importante de elefantes arrancados de sus familias y de la naturaleza y obligados a pasar sus vidas encerrados en zoológicos en condiciones lamentables», celebró Iris Ho, del grupo de protección animal Humane Society International (HSI) en Washington.

«Esta decisión preliminar afirma de manera rotunda que los elefantes no pertenecen a la industria del entretenimiento», aseguró en otro comunicado Cassandra Koenen, responsable de fauna salvaje en la Sociedad Mundial de Protección Animal (WSPA).

Luis Suárez, responsable del programa de especies amenazadas de WWF, asegura que la convención de CITES «es una de las mejores herramientas que tenemos para proteger a la vida salvaje y permite tomar importante medidas», aunque destaca que «requiere la implicación activa de los diferentes países». Entre sus objetivos está que los Estados miembros analicen y entiendan mejor el tráfico de estas especies salvajes que, lejos de remitir, sigue produciéndose a gran escala.

La reunión de la también conocida como Conferencia Mundial sobre Vida Salvaje comenzó el pasado sábado, 17 de agosto, y continuará hasta el 28 en Ginebra. Cuenta con una participación histórica de 183 Estados que han aportado más de 160 documentos para su agenda de debates. El núcleo de casi todas las discusiones es el aumento de los niveles de protección de jirafas, tigres, elefantes, rinocerontes, de numerosos reptiles y muy diversas especies de fauna.

Más de un millón de especies en peligro

CITES cuenta con 3.000 expertos que participan en las comisiones encargadas de que elaborar las propuestas que en grupos de trabajo que deberán ser votadas el último día y aprobadas en sesión plenaria.

La celebración de la convención tiene lugar después de que en mayo la ONU publicase un informe anunciando que un millón de especies están en peligro de extinción. Debió arrancara el 21 de abril en Colombo, capital de Sri Lanka, pero no fue posible debido a los ataques terroristas que la isla sufrió en mayo. Por ello se aplazó hasta agosto, cambiando también su emplazamiento a la ciudad suiza Ginebra.

CITES establece las reglas del comercio internacional de más de 35.000 especies salvajes. Dispone de un mecanismo que le permite imponer sanciones a los países que no respetan las reglas. Sus miembros se reúnen cada dos o tres años para ajustar y revisar las listas de especies, que se agrupan en tres categorías con diferentes niveles de protección.