Diez falsos mitos sobre las vacunas que disiparán tus dudas

Un médico vacuna a un paciente al inicio de la campaña de vacunación contra la gripe./Reuters
Un médico vacuna a un paciente al inicio de la campaña de vacunación contra la gripe. / Reuters

Los países que más desconfían de la vacunación son los que tienen más fácil acceso a ella

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

La historia de la vacuna comenzó en 1796 con una lechera y un médico británico llamado Edward Jenner. Este último, gracias a su capacidad de observación y perspicacia, fue capaz de transformar una teoría - que las lecheras contagiadas con la vaccinia, o viruela de las vacas, no desarrollaban después la viruela humana - en un antídoto contra dicha enfermedad. Tal fue su descubrimiento que, gracias a la vacunación, casi dos siglos después, en 1979, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró erradicada la viruela en todo el mundo.

Las vacunas, desde la primera de ellas hasta las más recientes, como la del papiloma y las nuevas formas de gripe, han permitido combatir a un amplio catálogo de virus y bacterias, han reducido los índices de mortalidad a nivel mundial y han ayudado a salvar millones de vidas. Aun así, no son pocos los rumores que circulan en contra de la vacunación que generan alarma y confusión en la sociedad, uno de los mayores retos de la comunidad científica en la actualidad.

En 2016, una investigación sin precedentes encuestó a 65.819 personas de 67 países para conocer su opinión sobre la vacunación. Los resultados fueron sorprendentes, pues pusieron de manifiesto que los países más desconfiados hacia las vacunas son aquellos que más fácil acceso tienen a ellas y más tiempo llevan utilizándolas, es decir, los europeos. España se encuentra muy por encima de la media europea, con un 80% de apoyo, pero los movimientos antivacuna vienen pisando fuerte, como es el caso de Italia. Por ello, es importante conocer algunos de los mitos más frecuentes para no caer en el error de creerselos. El jefe de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago, Federico Martinón Torres, ayuda a desmentir los diez más comunes.

10 mitos sobre las vacunas

  • 1

Las vacunas no son necesarias, una buena higiene es suficiente para no infectarse

«Mantener unos buenos hábitos de limpieza nos ayuda a protegernos contra las infecciones, pero no basta sólo con eso. Muchas infecciones pueden propagarse con independencia de nuestra higiene, a través de las secreciones respiratorias (tos y estornudos), la alimentación, la bebida, los besos. Vacunarse reduce significativamente las probabilidades de contagiarnos y de que contagiemos a las personas con las que convivimos».

  • 2

Las vacunas pueden tener efectos secundarios muy graves y causar incluso la muerte

«Si, es cierto. Pero la probabilidad de que esto ocurra es excepcional, y el riesgo que se asume es mínimo comparado con el riesgo de sufrir la enfermedad. En realidad, las vacunas ofrecen un perfil de seguridad muy alto, siendo la mayoría de reacciones adversas leves, locales y transitorias. Además, los sistemas de vigilancia tanto post-comercialización de las vacunas, investigan a fondo los posibles efectos adversos, aunque su incidencia sea ínfima».

  • 3

La vacuna contra la gripe no es muy efectiva

«Si hubiese una vacuna frente al infarto de miocardio con una efectividad de solo el 30%, ¿la recomendaría?. Pues la vacuna de la gripe tiene aproximadamente esa efectividad solo en la prevención de infarto de miocardio. Es suceptible de mejorarse, y en ello estamos trabajando, pero no podemos despreciar los beneficios de las vacunas que disponemos».

  • 4

Solo es necesario que se vacunen los niños

«El calendario vacunal es vivo, no es exclusivo de la edad pediátrica. Este se amplia gracias al desarrollo científico y nos brinda la posibilidad de prevenir enfermedades. En España se trabaja en un calendario vacunal único en el que sigue predominando el niño, pero donde se incluyen todas las etapas de la vida, desde el embarazo. Esto exige la concienciación de la población general, y también la de los propios profesionales sanitarios. Muchos adultos desconocen su necesidad de continuar recibiendo vacunas, sobre todo en lo relativo al embarazo, determinados estilos de vida, patologías crónicas o la realización de viajes al extranjero».

  • 5

Vacunarse de una enfermedad te inmuniza de por vida

«No es cierto. Hay vacunas que, una vez completada la pauta vacunal, te protegen toda la vida, como la del sarampión o la hepatitis B. Otras, como la vacuna contra el tétanos, duran muchos años, pero se necesitan dosis periódicas de refuerzo para lograr una protección continua contra la enfermedad. Otras patologías varían anualmente, lo que hace necesario actualizar la vacuna cada año, como es el caso de la gripe».

  • 6

Las vacunas pueden causar infertilidad o esterilidad

«Las vacunas son seguras y no producen infertilidad ni esterilidad. Muchas fueron las noticias que asociaban la vacuna contra el VPH con infertilidad, entre otros multiples bulos. Lo cierto es que, tras minuciosos estudios, esta asociación es completamente injustificada. No, la vacuna contra el VPH no está relacionada con los problemas de fertilidad, igual que tampoco lo está con las alergias, los tromboembolismos venosos o los trastornos del corazón y otras enfermedades del sistema inmunológico».

  • 7

Padecer una enfermedad es la mejor forma de inmunizarse

«Si saltas desde el balcón de un cuarto piso y sobrevives, puedes demostrar que, efectivamente, no todo el mundo que se cae de un cuarto piso se muere, que tu eres de los que sobrevive, pero es un precio demasiado elevado. La gente ha perdido el norte, y la permisividad social ha consentido que haya fiestas de la varicela o el sarampión ¡en España!, para que los niños padezcan la enfermedad de forma natural. En una fiesta con mil niños no vacunados, la probabilidad es que uno de cada tres muera, y otros tantos desarrollen encefalitis, como mínimo.

Por su parte, no se ha descrito muerte asociada a la vacuna contra el sarampión, y la encefalitis puede acontecer en menos de un caso por cada millón de vacunados. Padecer la enfermedad natural supone para el paciente riesgos de mortalidad y secuelas. Además, no en todas las enfermedades el simple hecho de padecerlas de forma natural produce protección ante posteriores exposiciones, como en el caso del tétanos o la tosferina, por ejemplo».

  • 8

La vacuna triple vírica causa autismo

«El Dr. Andrew Wakefield, un criminal de nuestro tiempo, publicó en 1998 un trabajo que resulto ser falso en la revista The Lancet y en la que vinculaba el riesgo de padecer autismo con las personas vacunadas de triple vírica, dañando para siempre la imagen de dicha vacuna. A raíz de esta afirmación, múltiples estudios y ensayos de alta calidad han investigado esta posible asociación, llegando todos ellos a la misma conclusión: rotundamente, la vacuna triple vírica no produce autismo. Lamentablemente, esa idea todavía permanece en las mentes de muchas personas, y el daño provocado por el Dr. Wakefield perdura, a pesar de que científicamente no existe ninguna duda».

  • 9

Vacunarse de varias cosas a la vez es malo

«La suma de todos los antígenos (moléculas agresoras que activan las defensas del cuerpo) contenidos en las vacunas que el calendario vacunal recomienda administrar a un niño a lo largo de toda su vida, no suman el total de antígenos a los que se expone en un solo día de parque infantil y guardería.

En cada episodio de resfriado común el niño se expone a entre 4 y 10 antígenos, hasta 50 si es una laringitis. Por tanto, de forma natural, los niños están más expuestos a antígenos mientras juegan y hacen vida normal que mediante la administración de vacunas».

  • 10

Es una tontería vacunarse de una enfermedad que ya está erradicada en tu país

«Este pensamiento, que cada vez se escucha más veces, es la base para una futura desaparición de 'la inmunidad de rebaño'. La inmunidad de rebaño consiste en bloquear la transmisión de una enfermedad concreta mediante la vacunación de los individuos de una sociedad, sobre todo la población de riesgo. De esta forma, en la medida que el número de vacunados crezca y a partir de un umbral determinado de vacunación, se puede conseguir el control de la enfermedad.

Esto implica que si la población dejase de vacunarse de enfermedades inmunoprevenibles, los nuevos miembros jóvenes no vacunados volverían a convertirse en nichos susceptibles a la enfermedad, reanudándose la colonización y transmisión de la misma. En este supuesto, enfermedades que hasta ahora se consideraban controladas en determinados países -véase el ejemplo del sarampión- podrían volver a reaparecer y dar lugar a epidemias graves.

Ninguna enfermedad inmunoprevenible, salvo la viruela, está erradicada y en una sociedad interconectada existen múltiples ocasiones en las que puede haber exposición a un caso de enfermedad. Dejar de vacunar equivale a retirar los muros que actualmente reducen o frenan la transmisión de las enfermedades inmunoprevenibles.

Los dos motivos principales para vacunarse son protegernos a nosostros mismos y proteger a quienes nos rodean. El éxito de los programas de vacunación depende de que todos garanticemos el bienestar de todos. No debemos depender de quienes nos rodean para detener la propagación de enfermedades; nosotros también debemos hacer lo que esté en nuestra mano».

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