Zarzaparrilla 1001, la bebida que quiso competir con Coca-Cola

Antiguo anuncio de Zarzaparrilla 1001. / Youtube

Promocionada como un refresco 100% nacional, hizo las delicias de los españoles durante los primeros años 60

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

«Camarero, póngame una zarzaparrilla». Suena inequívocamente viejuno, como a película de vaqueros de después de comer. Habrán sido miles las veces que hemos visto en la pequeña pantalla a cowboys que, cansados de cabalgar por el Viejo Oeste, entraban en un polvoriento saloon y daban muestra de sobriedad pidiendo esta bebida en vez de un whiskazo. Y eso que en realidad la versión original decía «root beer» o cerveza de raíz, un refresco hecho con sasafrás muy popular en EE UU durante el siglo XIX y que a veces llevaba también una pequeña cantidad de raíz de Smilax ornata o zarzaparrilla americana, más potente y con mayores propiedades que nuestra zarzaparrilla europea (Smilax aspera). Pese a ser algo más flojilla, la raíz de esta planta llevaba siglos siendo utilizada como infusión diurética, sudorífica y depurativa en el Viejo Mundo, y como muchos otros remedios medicinales vivió una época de gloria a principios de la era industrial transformada en ingrediente de tónicos o jarabes milagrosos. La moda de las bebidas con gas carbónico introdujo los refrescos en las farmacias españolas a finales del XIX, y así en 1886 por ejemplo se podían ver en prensa grandes anuncios de bebidas gaseosas hechas con limón, naranja, fresa, grosella, cidra, dulcamara, chufa y por supuesto zarzaparrilla.

Por esa misma vía entrarían la nuez de kola y la coca, compuestos básicos de la famosa Coca-Cola pero que mucho antes de que la empresa estadounidense llegara a nuestro país en 1928 ya se usaban en múltiples refrescos elaborados en territorio nacional. El gran éxito de Coca-Cola comenzaría en 1953, cuando se abrió su primera planta de producción en Barcelona, y no tardarían en surgirle competidores. La más importante fue 'Zarzaparrilla 1001', una bebida hecha a base de zarzaparrilla y cola que se posicionó rápidamente en el mercado gracias a su bajo precio y a proclamarse el refresco auténticamente nacional.

Apareció en noviembre de 1958 como «la bebida cien por cien española a base de cola» y se vendía en tiendas por siete pesetas y media la botella familiar de un litro, una ganga comparada con su rival. Su publicidad declaraba que «las amas de casa ya se han dado cuenta de que soy más económica, que yo misma llevo abridor gracias a mi tapón de ajuste y que se me puede utilizar en la medida deseada sin que el resto se estropee». En un país que aún desconfiaba de los productos extranjeros y donde había una fuerte resistencia a todo lo yanqui su popularidad fue instantánea. No debía de saber muy allá ni tampoco de forma parecida a la Coca-Cola, pero su campaña publicitaria era genial: sol, identidad y algo de quijotismo, todo en uno.

«1001 a base de cola es totalmente nacional, presente en todos los bares y cerca de todos los corazones». El capicúa de la simpatía (eslogan basado en el número 1001) fue un producto elaborado por la empresa catalana Becamsa que desgraciadamente sucumbió a los vaivenes del mercado. De su caída en desgracia se dijo que parte de culpa la tenía la temible Coca-Cola, que según ciertas teorías conspiranoicas habría comprado enormes remesas de Zarzaparrilla 1001 para que se quedaran sin botellas y llevarles así a la quiebra. Fuera como fuese, la marca sigue vigente y puede que algún día —ojalá— vuelva por todo lo grande.

 

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