Bustamante: «Queremos datar a todos los enterrados en Geloria»

Tomás Bustamante Gómez /Luis Palomeque
Tomás Bustamante Gómez / Luis Palomeque

El historiador torrelaveguense Tomás Bustamante Gómez recoge en el libro 'José Benito Gutiérrez Bustamante, Manuel González Campuzano, Marcos Barreda Soto y 712 vecinos más' los nombres de las personas sepultadas en el cementerio municipal de Geloria entre 1826 y 1850

José Ignacio Arminio
JOSÉ IGNACIO ARMINIOTorrelavega

'José Benito Gutiérrez Bustamante, Manuel González Campuzano, Marcos Barreda Soto y 712 vecinos más'. Así se titula el nuevo libro del historiador local Tomás Bustamante Gómez, que ha presentado esta semana junto a la coautora del mismo, Amparo Fernández-Regatillo Ruiz. Una obra que representa una nueva radiografía de la sociedad torrelaveguense, en este caso basada en las personas sepultadas en el cementerio municipal de Geloria entre 1826 y 1850.

-¿Qué ofrecen al lector en este nuevo libro?

-Es el segundo volumen de la colección 'El cementerio de Geloria en el siglo XIX'. En esta ocasión damos a conocer, mediante una pequeña semblanza, 715 personas que vivieron y murieron en Torrelavega en el periodo 1826-1850.

-¿Es, por tanto, una pequeña radiografía de la sociedad de aquella época?

-Sí, a través del libro se puede saber cuándo y dónde nacieron, con quién se casaron, qué hijos tuvieron, cuándo murieron, quiénes eran sus padres, qué oficios tenían...

-¿Por qué resaltan a tres de esas personas?

-Son más relevantes y hemos hecho una biografía mucho más completa. José Benito Gutiérrez Bustamante, que no tiene nada que ver conmigo, fue juez y alcalde de Torrelavega; un regidor desconocido hasta ahora, no estaba datado. Manuel González Campuzano fue un escribano de la villa y Marcos Barreda Soto fue un médico.

-¿Cómo era aquella Torrelavega?

-Era una villa muy pequeña, con pocos oficios y, sorprendentemente, mucho extranjero procedente de lo que hoy es Rusia, Alemania, Países Bajos, Inglaterra... Venían, se instalaban aquí y enseñaban sus oficios a la gente. También nos ha sorprendido la presencia de militares que vivían en la villa.

-¿Cuál es el objetivo principal de esta colección de libros?

-Datar a las seis mil personas que fueron enterradas en Geloria en el siglo XIX. Queremos saber quiénes eran ellos y sus familias, a qué se dedicaron, cuándo murieron... Es un trabajo ingente, porque ni siquiera había una lista de enterrados en el cementerio municipal. Ahora conocemos hasta de qué murieron, sus profesiones, los empleados de la fábrica de hilados del Duque del Infantado, la empresa más importante de aquella época; quienes eran militares, extranjeros, jándalos...; ahogados en el río Saja-Besaya. Sobre todo, aportamos una relación exhaustiva de los corregidores y alcaldes, que muchos de ellos no se conocían. El historiador Pepe Izaguirre hizo un trabajo con motivo del centenario de la ciudad, pero tenía lagunas importantes que ahora quedan subsanadas.

-¿Están poniendo en valor una historia casi olvidada?

-Sí, es una colección para conocer mejor la historia de Torrelavega. Por ejemplo, en el libro aparece la semblanza de un ruso, hojalatero, que se casa aquí y genera una familia. Así se pasó de aldea a villa y de villa a ciudad, con gente que venía de fuera, bien de los valles del interior o de otras provincias o países.

-¿Qué fuentes han utilizado para redactar el libro?

-Fundamentalmente, el Archivo Diocesano, que se encuentra en la catedral de Santander. En él encontramos, una a una, las partidas de nacimiento, bodas, defunciones... Las personas que testaron las encontramos en el Archivo Histórico Provincial de Cantabria y el resto de la información la hemos sacado del Archivo Histórico Nacional, que está en Madrid.

-¿Con qué colaboración han contado?

-Con la del Ayuntamiento de Torrelavega, que ha publicado el libro, y con la de Funcantabria, que nos da una subvención.

-Esta es una de sus pasiones, pero tiene otras...

-Estoy jubilado desde hace un año y dedico media jornada a la historia y la otra media a los bonsáis. A principios de noviembre me marcho a una exposición nacional y he regresado hace poco de otra en Francia. Sí, me apasionan los bonsáis, trabajando sólo y con la radio puesta. El hospital veterinario ha quedado en manos de mi hijo, al que debí hacer caso y jubilarme tres o cuatro años antes. Me arrepiento. Soy un jubilado ocupado en sus pasiones, entre ellas el blog 'Torrelavega antigua', sobre el que también editaré un libro.

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