Mirones niega la versión del Gobierno sobre las entradas de Bertín Osborne

Bertín Osborne y Miguel Ángel Revilla, en El Soplao durante el programa de televisión.
Bertín Osborne y Miguel Ángel Revilla, en El Soplao durante el programa de televisión. / DM
  • El empresario, presidente del ICTE, organizador del evento, asegura «no saber nada» del concierto en El Soplao porque está fuera de Cantabria

Por una vez no hará falta mirar hacia arriba para descubrir el misterio de El Soplao. El próximo viernes darán igual las estalactitas y las estalagmitas. Incluso la presencia de Bertín Osborne con sus mariachis será casi secundaria. La polémica por la venta de las entradas al concierto se ha enredado de tal manera que el verdadero enigma se esconde en los nombres de los asistentes. Lo único que se sabe con seguridad es que habrá 300 privilegiados que podrán escuchar el recital, que sólo se pusieron la mitad de las entradas a la venta y que volaron en menos de un día. El Gobierno regional aclaró que la otra mitad se las quedó el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE), organizador del evento, para repartirlas entre patrocinadores y empresarios. A partir de eso todo son contradicciones y especulaciones. El último en enredar la madeja ayer fue Miguel Mirones, expresidente de la CEOE cántabra y máximo responsable del ICTE, cuando desmintió al Ejecutivo autonómico: «No ha podido decir eso de las entradas porque no es cierto».

Pero después, el presidente de la Asociación Nacional de Balnearios fue más allá y se mostró desconcertado por la controversia de los últimos días con la venta de tiques. «Estoy fuera de Cantabria y no me he enterado de nada. No sé nada del concierto ni de esos problemas», aseguró a este periódico. El director general del ICTE, Fernando Fraile García, se limitó oficialmente a destacar que su papel se reduce a «gestionar la asistencia, en calidad de invitados, de los representantes de las empresas y productos certificados con la marca ‘Q’, así como de los miembros de la junta directiva del Instituto y autoridades turísticas».

Las declaraciones de Mirones causaron cierto estupor en la Consejería de Turismo, que se reafirmó en los detalles de la organización facilitados con anterioridad. Es decir, el ICTE es el encargado de organizar el concierto y la mitad de las entradas se quedaron en su poder para invitar a patrocinadores y empresarios. Es más, en la página web del instituto aparece un anuncio, fechado el jueves pasado, que ya advierte del «reducido número de personas» al que el cantante «podrá deleitar».

Alcaldes y Gobierno

También se han reservado 20 invitaciones para medios de comunicación de todo el país, otras para el propio cantante y algunos tiques para los tres alcaldes de la zona donde se encuentra la cueva –Herrerías, Valdáliga y Rionansa–, así como para los presidentes de las juntas vecinales. Desde Peña Herbosa aseguran que las invitaciones para miembros del Gobierno «serán mínimas» y el propio presidente, Miguel Ángel Revilla, garantizó hace sólo dos días que todavía no tenía su pase. Tampoco está previsto repartir ninguna entre los diputados del Parlamento cántabro. Precisamente, los portavoces de Podemos y Ciudadanos han sido muy críticos los últimos días sobre cómo ha gestionado el Ejecutivo la venta de las entradas al concierto.

Lo que nadie sabe aclarar es lo que ha ocurrido con los cerca de 150 tiques puestos a la venta en internet y que duraron menos de un día. Todo un récord si se tiene en cuenta que ni siquiera hubo tiempo a hacer publicidad. Nadie confirma a qué precio salieron a la venta y cuánto tiempo exacto tardaron los fans de Bertín Osborne en quedarse con todas. Lo que sí han aclarado desde la Consejería de Turismo es que todo el dinero recaudado se donará al Asilo de Torrelavega.

Esta polémica por las entradas ha ensombrecido el éxito de promoción turística que supuso la aparición de Revilla en el programa de Osborne. Según los datos que maneja el Gobierno, cerca de mil personas entran cada día a la web de El Soplao. Al día siguiente de emitirse el programa fueron 6.000. Un ‘efecto llamada’ que también se ha traducido en el número de visitantes de la cueva. Desde aquel día, el número de entradas vendidas ha crecido un 37%, informaron desde Turismo.