«Hay un trecho entre los discursos políticos sobre Educación y las prioridades reales»

El rector de la Universidad de Cantabria, Ángel Pazos, afronta con ambición el nuevo curso.
El rector de la Universidad de Cantabria, Ángel Pazos, afronta con ambición el nuevo curso. / Roberto Ruiz
  • Afronta su primer curso completo al frente de la institución con el reto de «hacer una Universidad mejor» y la responsabilidad de «tener en nuestras manos una buena parte del futuro de Cantabria»

  • Las clases en la UC comenzaron este lunes pero el curso se inaugurará oficialmente el jueves

La Universidad de Cantabria pone en marcha mañana un nuevo curso, el primero que afronta completo el nuevo rector, Ángel Pazos (Ferrol, 1956), que tomó el testigo de su amigo José Carlos Gómez Sal en la recta final del anterior. Consciente de «tener en nuestras manos una buena parte del futuro de Cantabria», con esos 13.000 alumnos que integrarán este año la comunidad educativa de la UC, el catedrático de Farmacología abandona la labor docente -«echaré mucho de menos dar clase», reconoce- para dedicarse en cuerpo y alma a los compromisos que tiene por delante, entre ellos uno fundamental: cerrar de forma definitiva un Contrato-Programa con el Gobierno de Cantabria que permita «respirar» a la UC después de años de recortes y ajustes.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta en este curso?

Lo fundamental es garantizar la calidad de todo lo que hacemos, empezando por la docencia. Hay que realizar muy bien la formación de nuestros estudiantes, ser exigentes. El segundo reto es seguir avanzando en la unión con la sociedad, dar más pasos para abandonar esa idea de torre de marfil que durante épocas nos ha acompañado. La Universidad está al servicio de la sociedad para formar a la gente, colaborando con las empresas en proyectos de investigación, programando actividades culturales, colaborando con el Gobierno regional en aquello que nos pida... Y el tercer reto es potenciar la internacionalización, interna y externamente. Tres retos que, al final, se resumen en uno: hacer una Universidad mejor.

El número de alumnos será muy similar al de los últimos años: cerca de 13.000, entre los 9.000 de los grados y los 4.000 de másteres, doctorados y títulos propios. ¿Se puede -y se debe- aspirar a más?

No cerramos la puerta a un posible crecimiento, pero no es una prioridad ni un tema que nos obsesione. Es un número de alumnos lógico, hay que tener en cuenta que representan casi un 40% de la población de Cantabria entre los 17 y 24 años, por lo que, entre esta limitación demográfica y que, con la crisis, cada vez hay menos estudiantes de otras procedencias -suponen poco más del 10%-, es complicado crecer de forma exagerada. Otra cosa es en los másteres o doctorados, que tienen otro espectro de destinatarios más amplio y variado.

- ¿Cómo valora la implantación de universidades privadas en la región y cómo pueden afectar a la pública?

Por el momento no nos ha afectado, no hemos perdido alumnos, pero tampoco era esperable que nos afectara, porque no hay, en general, superposición de títulos. La iniciativa privada es bienvenida siempre que se mantengan los estándares de calidad que deben caracterizar a una universidad. Nosotros lo que tenemos que hacer es mejorar, pero no porque ahora haya competencia privada, sino porque la sociedad nos paga y nos lo exige.

Este curso se pone en marcha un nuevo grado, el de Gestión Hotelera y Turística. El anterior estreno, el doble grado de Física y Matemáticas, fue hace dos años. ¿Es complicado poner en marcha nuevas titulaciones?

La situación económica complicada en la que estamos nos obliga a ser muy cautos en la implantación de nuevos títulos. Estoy seguro de que la carrera de Gestión Hotelera va a ser un éxito, igual que el doble grado lo está siendo. No estamos cerrados a poner nuevas titulaciones, pero tiene que ser un proceso muy serio, muy cauto: estudiar con seriedad qué titulaciones tienen realmente demanda de la sociedad y de los estudiantes, analizar el coste y si, de verdad, se dan todas las circunstancias, pensar realmente en su implantación. Cautela sobre todo cuando se hable de titulaciones rigurosamente nuevas, para las cuales habría que hacer una contratación masiva de profesores y equipamientos. Otra cosa son los dobles grados, que funden dos títulos que ya existen, o alguna titulación que esté muy relacionada con alguna que ya tenemos, en las que el esfuerzo inversor sería menor.

¿No cree que las universidades van mucho más lentas que la evolución de la sociedad y ofrecen una oferta de estudios alejada de los empleos emergentes y de futuro?

Sí, pero es una situación complicada en la que confluyen muchos factores. Hay una parte que puede ser responsabilidad nuestra, pero otra es estructural y legal: la normativa para aprobar o modificar un plan de estudios es extremadamente garantista, no muy flexible, lo que dificulta todo.

La UC ha congelado las tasas por cuarto curso consecutivo.

Si, así es, era una de nuestra máximas prioridades. A pesar de que desde un punto de vista presupuestario alguien podría pensar que sería más interesante subir las tasas para tener más ingresos, no es el caso. Nuestra ambición es que los jóvenes que quieran acceder a la UC lo puedan hacer, que el dinero no sea un impedimento, y más en una situación económica como la actual. Hay una sintonía total con el Gobierno cántabro en esta filosofía, que hace que, respecto a los grados, seamos la tercera universidad más barata de España.

¿Cuál es la situación económica actual de la UC?

Como todos, hemos sufrido unos años muy duros, con reducciones presupuestarias enormes, que han sido absorbidas con mucho esfuerzo por todo el personal de la universidad. La UC ha hecho un gran esfuerzo de ajuste, hay que pensar que entre la asignación del Gobierno regional de 2009 y la de 2014, por ejemplo, hubo una reducción del 15%. Y si vamos al presupuesto, pues exactamente lo mismo: hemos pasado de presupuestos que llegaron a ser de 120 millones de euros a los de 100 de ahora. En los dos últimos años la situación ha empezado a mejorar, aunque de forma muy discreta. Ahora esperamos que la situación presupuestaria del próximo año sea un poco mejor, más desahogada.

Para ello es fundamental el Contrato-Programa plurianual 2017-2020 que se va a firmar con el Gobierno de Cantabria. Se iba a cerrar antes del verano, pero aún no ha sido así. ¿Hay algún problema?

No, no. Estamos en buena disposición, está muy avanzado y estoy confiado y esperanzado en que se podrá cerrar pronto un Contrato-Programa que satisfaga nuestras expectativas.

¿Y cuáles son esas expectativas?

Como mínimo, el Contrato-Programa se debería incrementar en más de un 3% respecto a los 68,9 millones que recibimos este año, para así cubrir la financiación de los gastos de personal.

En los últimos cuatro años, la UC ingresó 105 millones menos, sobre todo por la reducción de los ingresos procedentes de los gobiernos regional y central. ¿Los gobiernos apuestan realmente por la Educación?

Hemos vivido una etapa general de recortes que, a pesar de lo que se decía de que no se iban a tocar cosas clave como la Educación, pues al final se han tocado. Lo viví de cerca en mi etapa como vicerrector de Investigación: el Gobierno central decía que la innovación era su prioridad y luego hubo un desplome de fondos de I+D enorme. Al final, las prioridades fueron otras. En definitiva, hay un trecho que recorrer entre los discursos políticos sobre Educación, sean los gobiernos del color que sean, y creerse realmente esas prioridades que dicen.

- ¿Cómo son sus relaciones con el Gobierno de Cantabria?

Francamente buenas. En los meses que llevo al frente del equipo rectoral, la postura del Gobierno ha sido receptiva. Y la postura de la UC hacia el Gobierno es de máxima lealtad, pero también de exigencia, de reivindicar lo que debemos reivindicar, sabiendo el contexto en el que nos movemos.

Ha afirmado en diversos discursos que Cantabria no saca todo el provecho que debiera de su universidad. ¿Por qué? ¿Qué es lo que falla?

Prefiero decir que Cantabria todavía no nos saca todo el partido, en positivo, sin ningún afán crítico ni de echar nada en cara. Puede aprovecharnos más, porque podemos dar más de sí.

Entiendo que la responsabilidad es compartida.

Sí, desde luego. Venimos de un modelo universitario en el que la universidad era un centro para impartir docencia y formar, y si acaso hacer un poco de investigación, muy básica. En definitiva, de un modelo de universidad que no estaba centrado en estar inmerso en la sociedad que la alimenta. Y de eso pasamos al modelo actual, que es impartir docencia, investigación y dar servicio a la sociedad. Y en eso las dos partes estamos en camino, hemos avanzado muchísimo, pero todavía tenemos que dar más pasos para que la sociedad se dé cuenta de que nos puede sacar partido desde muy diferentes campos (tecnológico, cultural, investigador...) y también para que nosotros, la universidad, seamos más conscientes.

- La UC y el resto de miembros del G-9 han llegado a un acuerdo para establecer un sistema común de admisión a la universidad, con la reválida como única prueba de acceso.

Era un tema fundamental para dar seguridad a los alumnos en un curso de muchos cambios e incertidumbres. La situación en la que estábamos hace tres meses era que había una ley aprobada que contemplaba una serie de especificaciones sobre la Selectividad que no se habían desarrollado en absoluto y desde la CRUE, tras intentar primero una moratoria en la aplicación, pues propusimos que el desarrollo de la reválida de Bachillerato fuera lo más parecido posible a las pruebas de acceso actuales, tanto en su organización como en los sistemas de calificación. Todo ello en la medida que las respectivas comunidades autónomas quieran, claro. Y después de conseguir eso, la segunda propuesta era ponernos de acuerdo las universidades para mantener lo que ahora hay en cuanto al distrito único, para que cualquier estudiante de cualquier procedencia pueda acceder a cualquier universidad. Y tercero, la ley daba la posibilidad de que cada universidad pusiera la prueba que quisiera, además de la reválida. Y nosotros, el G9, hemos dicho que no en un ejercicio de responsabilidad que vamos a ver si es posible que la CRUE lo asuma también para que se imponga de una manera más generalizada.

¿La UC adelantará los exámenes de septiembre a junio-julio?

Creo que inevitablemente esto tiene que llegar, porque cada vez más universidades españolas tienen ese calendario, lo que hace que nuestros estudiantes salgan perjudicados a la hora de ir a estudiar a otra comunidad o, incluso al extranjero, en caso de que tengan que hacer exámenes en septiembre. Estoy confiado en cambiar el calendario en los próximos tiempos, pero quiero que sea una decisión basada en el consenso.