El Plan de Plumeros dispondrá por primera vez de 600.000 euros

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Los plumeros han colonizado parte de las zonas urbanas y periurbanas de la costa. / Andrés Fernández

  • El Gobierno asignará por primera vez partidas para especies invasoras y centrará su estrategia en la coordinación efectiva

En diciembre los plumeros viven su senescencia foliar, sus hojas amarillean. La planta se concentra en esta tarea hasta enero, después empezará su germinación, y en verano resplandecerán.

El plumero es una especie invasora en Cantabria, una de las más significativas tanto por presencia como por potencial expansión: ha colonizado terrenos urbanos y periurbanos en tres cuartas partes de la región, sobre todo en los municipios costeros, y sigue avanzando hacia el interior, alcanzando cada vez cotas más altas. También han llegado a zonas de valor ecológico, como las Dunas de Liencres, las marismas de Santoña, Oyambre... El plumero, ultrarresistente a las condiciones del clima, arrincona especies autóctonas, herbáceas y leñosas.

Ante esta diáspora infinita, el Gobierno ha decidido actuar con un ‘Plan de Acción contra el Plumero’. Ya existe un documento de referencia que diagnostica el asunto con datos comparados, mapas, gráficos y aportaciones de la administración y colectivos ambientales. Además, incluye una estimación de costes y tiempos, describe métodos para atajar las mecollas –manual, mecánico, químico–, y fija objetivos: si bien no se renuncia a la erradicación, el confinamiento progresivo es lo más realista a corto y medio plazo.

El documento se ha sometido a información y participación públicas, y está a punto de remitirse al Consejo de Gobierno para su aprobación. Esto ocurrirá entre enero y marzo de 2017, convirtiéndose en la primera estrategia autonómica contra una planta que hace siglos decoraba salones y que hoy constituye una plaga de difícil reversión.

Antonio Javier Lucio es biólogo y director general de Medio Natural en el Gobierno. Lucio recuerda que, desde 2005, la administración ha enfrentado el problema, pero sin la efectividad deseable. «Ha habido cierta descoordinación, cada administración (local, autonómica, estatal) ha seguido un criterio distinto» para el control y la erradicación. Entre otros muchos asuntos, el plan viene a paliar este abordaje sin sentido. ¿Cómo? «Estableciendo criterios para maximizar los recursos y agentes» implicados, esto es, no malograr tiempo, dinero y esfuerzo; también priorizando actuaciones, creando un grupo de coordinación, y realizando un seguimiento continuo del plan. «Es una batalla a medio largo plazo».

Hay síntomas de que el plan es casi un hecho: el borrador de presupuestos que maneja el Gobierno señala dos partidas –ambas de 300.000 euros; una de la Consejería de Medio Rural, y otra de MedioAmbiente– para invertir en la Estrategia regional de especies exóticas invasoras, que es la acción marco en la que se encuadra el plan del plumero. Lucio asegura que «un altísimo porcentaje» de las mismas se destinará al plan antiplumero.

Rubén Gómez, diputado autonómico de Ciudadanos, indica que su partido ha llevado este asunto a la mesa de negociación de los presupuestos porque consideran que es importante. «Los plumeros son un problema medioambiental de primer orden», incide Gómez. Lucio, por su parte, avanza que las partidas financiarán trabajos sobre el terreno, acciones coordinadas que pueden leerse además como una fuente de empleo. Una vez superada la fase de diagnóstico, el Gobierno piensa que es momento de actuar.

Coordinación, coherencia

Jacobo Fernández Rojo es uno de los autores del texto base del plan. Comenzaron a componerlo a mediados de 2015 y se ha planteado a 15 años vista. El texto pasó por distintos consejos y organismos para completarse con opiniones y experiencias previas. «A nivel técnico, el plan está finalizado. Ahora falta, por decirlo de algún modo, la parte política». En cuanto a objetivos, el responsable del área técnica de EDAC S.L. cree que confinar el plumero a zonas de costa sería un «éxito». Incide en la idea de armonizar. «Hasta hace poco, la acción era improvisada. El problema de los plumeros es a nivel competencial. La principal línea de acción es ahora la coordinación, intervenir con coherencia».

El texto que ha coescrito está pegado al hecho. Gran parte del documento analiza a dónde llega el plumero, de qué manera lo ha hecho. Además del relato histórico –los usos ornamentales del XIX; la llegada de semillas al Puerto de Santander mezcladas con las del trigo argentino–, el texto radiografía el presente. Un dato llamativo es que la planta está presente, en mayor o menor medida, en 83 de los 102 municipios. Quedan ‘libres’ Liébana, Campoo-Valderredible, la parte sur del Saja-Nansa..., zonas por las que se podría empezar a actuar. Pero el mapa está vivo: la expansión es tan inesperada que, tras cerrarse el texto, se localizaron ejemplares en zonas como Valdeolea.

Su dispersión y distribución se debe a varios factores. Puede intervenir el ser humano –uso de tierra vegetal ‘contaminada’ en obras civiles, o la incorrecta limpieza de las carreteras–, o puede tratarse de factores naturales –vientos, heladas– que fijan la distribución actual. Además, autovías y líneas férreas actúan como corredores (la A-8, por ejemplo, abre camino hacia el este). Una postal regional tipo, más allá de tudancas o acantilados, podría ser la de los taludes atestados de plumeros.

Colectivos ambientales

Gustavo Gutiérrez es miembro de Ecologistas en Acción, un colectivo que ha hecho aportaciones al plan. «El tema es tan complejo como nuestra sociedad. El éxito depende del grado de compromiso y coordinación entre administraciones».

Gutiérrez entiende que la estrategia será costosa si se quiere hacer bien. «Cantabria tenía que haber aprovechado cuando la destrucción urbanística estaba en su apogeo». Se refiere a los años 90 y principios de los 2000, los años de oro del ladrillo. La expansión urbanística benefició al plumero: urbanizaciones, polígonos, transporte de grava desde las canteras. «Entonces se reclamó a las autoridades que hicieran algo porque estaba claro que era un problema que iba a ir a más». Hubo algún intento, pero no cuajó. «La estrategia llega tarde pero es necesaria –les hubiera gustado más ambición–. En algunas zonas el problema es irreversible, solo la acción coordinada y la inversión servirán para algo». Ecologistas ha propuesto medidas de control. Gutiérrez añade además una acción positiva: incentivar a municipios libres de plumero. «Sería un estímulo».

La Fundación Naturaleza y Hombre actúa a través de los proyectos Life AnilloVerde Bahía de Santander, y Life Miera. Hace poco actuaron en el Pozón de la Yesera (Gajano). Tras un mes de trabajo desalojaron la planta, ahora supervisarán la zona. La gran mayoría de las macollas se extirparon con azada. Antonio Urchaga, coordinador del Life Anillo Verde es claro: «Control y seguimiento son esenciales». Actuaron gracias a la fórmula del acuerdo de custodia, al que se llega con el propietario del terreno, en este caso la Junta Vecinal de Gajano. En 2016, la FNyH ha intervenido también en el Pozón de la Dolores, el encinar de Peñas Negras, los Pozos de Valcaba, y las marismas de Alday y Engo. Urchaga es positivo: «El plan me parece necesario. Hay que intentarlo».

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