"¿Por qué lo llaman renovación cuando quieren decir sólo ramplona ambición?"

  • Eduardo Van den Eynde, miembro del Comité Ejecutivo del Partido Popular de Cantabria

Lo primero que quiero hacer constar es que escribo esta reflexión, en mi condición personal e intransferible de afiliado y miembro del Comité Ejecutivo del Partido Popular de Cantabria. Es mi opinión y estoy en una fase vital en la que digo literalmente lo que me da la gana, cosa que, de todas formas, he hecho casi siempre a lo largo de mi vida.

No lo hubiera hecho, ni creo que sea conveniente para el partido dilucidar estos debates ante la opinión pública, pero dado que es evidente que otros, sin la gallardía de hacerlo como se hacen las cosas, es decir, firmando con nombre y apellidos, ya se están molestando en trasladar sus opiniones a los medios de comunicación, no seré yo quien se quede al margen.

Es conocido que muy pronto se celebrará el Congreso Regional, y vaya por delante que creo firmemente en la absoluta legitimidad de cualquier afiliado para articular una candidatura y un proyecto, y presentarlo ante dicho congreso. Quien así actúe puede que no tenga mi voto, pero desde luego cuenta con mi respeto.

Lamentablemente no puedo decir lo mismo de quien lleva meses actuando a través de conciliábulos, sembrando la difamación, e interponiendo a otros como correa de transmisión de sus opiniones, por lo sabido, hirientes e insultantes para quienes son sus compañeros y para quien es aún su Presidente. Eso en mi pueblo se llama deslealtad y cobardía (en realidad, en mi pueblo usan peores calificativos, no reproducibles en este contexto, aunque más exactos).

Cada uno que cargue en su conciencia con su forma de proceder, yo, desde luego, tengo claro que quien así actúa, en la descalificación de sus compañeros desde la clandestinidad y las sombras, desde la traición a la amistad y el oportunismo, queda inhabilitado para regir los destinos del partido; es mi opinión y como tal la expreso. ¿Cómo confiar en un futuro en quien es capaz de maniobrar así contra quien se supone que es su mentor y su amigo? Por sus hechos les conoceréis.

Pero debo reconocer que lo que más me indigna es que se pretenda trasladar a la opinión pública que está en marcha un proceso de "renovación", que abanderaría la actual Secretaria General, María José Sáez de Buruaga, frente al, digamos, continuismo que representaría el actual Presidente Ignacio Diego, (si es que Nacho, como muchos esperamos, se decide a dar el paso al frente que tantas personas le reclamamos en privado). Y no tiene un pase, porque es un mal chiste, que quien ha compartido la dirección del partido con Diego - que no olvidemos la nombró Secretaria General, cargo que aún ostenta, desde el mismo día en que fue elegido Presidente-, y que quien fue nombrada Vicepresidenta del Gobierno, también desde el mismo día en que fue investido Presidente tras la histórica victoria del año 2011, no puede ahora presentarse como "renovación". Puede llamarse relevo, puede llamarse continuismo, pero nunca renovación.

Como parece que dicha posible candidata (de momento candidata en la sombra) no comparte ( aunque un poco tarde, en mi opinión) el proceder de nuestro Presidente, tampoco lo de continuismo es una denominación acertada para esta curiosa y muy lamentable maniobra " renovadora".

Si no ha compartido el proyecto o las actitudes de Ignacio Diego, a pesar de las encendidas loas que manifestó en todas y cada una de sus intervenciones públicas, es porque o nos mentía o se entregó a adulación interesada, o, quién sabe, si se ha dejado seducir por algún "lado oscuro" en una maniobra tan oportunista como lamentable.

Si no se compartían proyecto, formas, contendido o continente, el camino era sencillo: la dimisión. En política hay dos puertas, una de entrada y otra de salida, y no creo que a nadie lo retengan con una pistola en la espalda. Por eso estas críticas de última hora ni son creíbles ni respetables, a diferencia de las que se hacen cara a cara y poniendo las cartas sobre la mesa. La gallardía es últimamente una valor a la baja, desgraciadamente.

Nadie que haya formado parte del gobierno de Diego, y menos si se ha mantenido en él desde su inicio hasta su final, puede ahora venir a contar que ha sido rehén de actuaciones con las que no haya estado conforme, y mucho menos anotarse los éxitos y abjurar de los fracasos. Como nadie que haya tenido y tiene tan alta responsabilidad orgánica en el partido, puede presentarse como renovador y crítico sin previamente haber puesto eso tan extraño en la política que se conoce como "carta de dimisión" o, al menos, haber provocado un debate leal en cualquiera de los órganos de dirección.

Como yo no soy dudoso de a quién apoyo, como yo asumo en su integridad la actuación de Diego, con sus luces (muchas) y sus errores (algunos, especialmente en las formas), me puedo permitir el lujo de decir lo que pienso. Y lo que pienso es que me duele en lo político que quien todo le debe, sí, TODO, con mayúsculas, le pague con semejante actuación, créanme que ha sido una decepción enorme. Pero me duele mucho más en lo personal, porque he visto a un amigo anímicamente derrotado por recibir un trato injusto de la última persona de quien lo podía esperar.

Ahora bien, ojalá que Nacho Diego se sobreponga a tan profunda decepción, porque muchos se sorprenderían de cuantos daríamos un paso al frente, justo tras de él.

Nota final: este texto fue escrito hace semanas, y si no lo he dado a conocer ha sido porque Diego me pidió que no lo hiciera, mientras exploraba posibilidades de negociar una alternativa de consenso que evitara ahondar una fractura que cada vez parece más insalvable. Incluso en una situación así, el Presidente Diego ha priorizando el interés del Partido al suyo propio, justo lo contrario de lo que han hecho quienes llevan meses enredando y persuadiendo con argumentos deleznables, por falsos y por malintencionados. Así que incluso contra la órden del Presidente de no salir a la palestra, lo hago, la paciencia tiene un límite.

Yo ya hace tiempo que le manifesté a Nacho Diego mi intención de abandonar la política al finalizar esta legislatura. No me mueve, pues, el interés ni la ambición personal que, me temo, es la que está guiando la actuación de muchos de los que integran esa corriente "renovadora" (difícil usar ese calificativo sin una sonora carcajada, conociendo la larguísima trayectoria de algunos en esto de la cosa pública).

Aquí no se dilucida ni un proyecto, ni un marco ideológico, sino el mucho más prosaico interés de algunos por ocupar unos órganos de dirección que les garanticen seguir unos cuantos años más dentro de las instituciones. Y yo ni siquiera esa ambición criticaría, sino fuese por la repugnancia que me producen los métodos utilizados.

Qué asco y qué pena.

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