El sector hostelero de Liébana reconoce que esperaba «algo más» del Año Jubilar

Javier Cotera
Liébana

El trasiego de turistas que el acontecimiento ha provocado en el valle no satisface del todo a los empresarios. «Muchos autobuses, pero poca clientela»

NACHO GONZÁLEZ UCELAY SANTANDER.

La cotización al alza del sector hostelero de Cantabria, que a la vuelta de la crisis ya encadena treinta meses de crecimiento, el extraordinario comportamiento de los seis primeros meses del año, con picos espléndidos como el registrado durante la Semana Santa, y, en particular, la puesta de largo de un acontecimiento de dimensiones internacionales, el Año Jubilar, habían profetizado un verano memorable para la actividad turística en el valle de Liébana y sus alrededores que, sin embargo, no ha pasado de notable si la nota califica el volumen de ingresos.

Al menos eso aseguran los hosteleros de la comarca, que, en sintonía con el presidente de la Asociación de Turismo Rural, Jesús Blanco, tampoco han oído sino los ecos de esa explosión turística que el Gobierno de Cantabria auguraba que la celebración de tan magno evento iba a provocar.

Que el Año Jubilar ha generado un espectacular trasiego de turistas, mucho mayor que cualquier verano reciente, es un hecho que en Liébana no niega absolutamente nadie. Basta con echar un vistazo a los números para verlo.

Según consta en el libro de registros de la Oficina del Peregrino, instalada a la misma puerta de entrada del Monasterio de Santo Toribio, desde el día 23 de abril y hasta ayer, o sea, en estos cuatro meses largos, el santuario lebaniego ha recibido a 4.500 peregrinos llegados a pie, a 83.500 turistas venidos en bus y a un número ya imposible de cuantificar arribados en coches o motos que han aparcado como han podido en un estacionamiento que ha soportado el tránsito de 1.670 autocares y, en agosto, una media diaria de 400 vehículos.

Según dice la responsable de la oficina, la periodista Marga Pereda, «ha venido más gente que en cualquier otro Año Jubilar. Mucha más». Vamos, «no hay color».

Ni con la ayuda de un grupo de voluntarios de la Cofradía de la Cruz, los cuatro franciscanos que custodian el venerado 'Lignum Crucis' han dado abasto para recibir a tanta gente, especialmente en verano. «Las misas de las doce nos han desbordado, porque en la iglesia caben 600 personas sentadas y no han venido menos de mil», afirma Pereda, que por la Puerta del Perdón ha visto pasar a visitantes de cualquier lugar de procedencia.

«Hemos recibido autocares llegados de todas las comunidades autónomas. De Andalucía sobre todo. Han venido muchísimos andaluces. Y de todas las partes del mundo. Franceses, ingleses, alemanes, portugueses, suizos, polacos, americanos del norte y del sur...».

Y de lo más variopinto, confiesa. «Han venido turistas de Botsuana, de Tasmania e incluso de Japón». 'El peregrino samurai', dice Pereda que le bautizaron.

Hoteles

Sin embargo, esa hemorragia de turistas que con su llegada han respondido a la llamada del Año Jubilar no parece haber dejado muy satisfecho al sector hostelero del valle. Al menos no a todo, porque si bien unos han tenido trabajo a destajo otros todavía se preguntan dónde habrá dormido y dónde habrá comido toda esa gente.

Entre los primeros abundan los establecimientos de pernocta; hoteles, hostales, apartamentos y demás. La mayoría de ellos saciados, aseguran que el Año Jubilar Lebaniego ha supuesto un gran impulso para sus negocios.

«Ha sido un verano muy bueno. Diría que algo mejor que el pasado», afirma la directora del Hotel Infantado, Fina Vallejo, que, no obstante, piensa que la referencia válida para calibrar los efectos del evento en el turismo del valle «no es el verano sino la primavera y el otoño», del que ella espera un buen comportamiento.

LAS CIFRAS

4.500.
Peregrinos han llegado a pie al monasterio de Santo Toribio desde el día 23 de abril.
670 autocares.
Peregrinos han llegado a pie al monasterio de Santo Toribio desde el día 23 de abril.
400.
Vehículos particulares han estacionado cada día de agosto en el parking de la abadía.

Complacida, Fina llama la atención sobre el perjuicio que, dice, ha supuesto para otros alojamientos del valle la falsa creencia de que en Liébana no cabe un alfiler. «Se ha estado diciendo por ahí que estábamos a rebosar sin ser cierto y, claro, hay gente que no ha venido por miedo», insiste.

No es la única que piensa así. Propietaria del Hotel Valdecoro, María Refugio Rodríguez reprocha «ese afán de decir las cosas como no son, porque se ha dicho que no había plazas disponibles cuando en realidad sí las había», lo cual, coincide, «ha perjudicado a algunos negocios».

Al suyo, no, porque ha llenado. «El verano ha estado muy bien. Mejor incluso que el verano pasado, que ya fue bastante bueno», añade María Refugio, que atribuye esta mejoría a la celebración del Año Santo. «Sin duda».

Y al de Alberto Pardueles tampoco, porque el empresario, que regenta la Hostería La Antigua, ya había dado a finales de agosto las mismas habitaciones que dio en los doce meses del año pasado, «así que algo habrá tenido que ver la celebración del Año Jubilar, vamos, digo yo».

Bares y restaurantes

Y entre los segundos, los más reticentes a calificar la temporada de histórica, única o inigualable, proliferan los locales de restauración: restaurantes, mesones, bares y demás. Como de costumbre, depende de a quien se pregunte, el año turístico está yendo bien, mal o regular.

Porque el Gobierno de Cantabria «no ha promocionado lo suficiente» el Año Jubilar Lebaniego, porque los periódicos y las radios «no han atinado con la ocupación», o, sencillamente, porque «esto ya no es lo que era antes de la crisis» -pero en ningún caso por una mejorable gestión de sus negocios- lo cierto es que los hosteleros lebaniegos han trabajado por debajo de sus expectativas.

«Ha traído gente, claro que sí, pero no ha habido ningún boom», afirma el propietario del restaurante La Parrilla, que ha vivido «veranos mucho mejores que este». Se acuerda, de hecho, de cuando «dábamos mesas hasta las seis de la tarde». Miguel, que el mes pasado sirvió 150 comidas en un día asegura que eso no ha sido lo habitual sino lo excepcional.

También ha sido «un año más» para Diego, responsable del restaurante La Serna y muy crítico con los medios de comunicación. «Mire, he leído y escuchado que la ocupación hotelera en Liébana era del cien por cien cuando no era verdad. Mi hermano tiene un hostal y no le han entrado llamadas hasta julio», asegura el hostelero, que ha visto pasar por delante de su negocio muchos autobuses «pero pocos clientes».

Muy al contrario, los propietarios del restaurante Los Camachos y de la Casa Favila, Segundo Cuesta y Juan Antonio Conde, coinciden en que, sin ser lo que esperaban, el Año Jubilar les ha dejado «mucho trabajo» que se ha traducido en «estupendas cifras».

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