"Prefiero jugar en equipo o dar un pase a anotar; supongo que viene de familia"

Lindsay Stockton en las oficinas del Grupo Tirso, patrocinador principal del equipo de baloncesto en el que jugará esta temporada.
Lindsay Stockton en las oficinas del Grupo Tirso, patrocinador principal del equipo de baloncesto en el que jugará esta temporada. / Daniel Pedriza
  • Lindsay Stockton, jugadora del Grupo Tirso Igualatorio Cantabria, es la hija del mítico jugador de la NBA John Stockton, líder histórico en asistencias

  • Jugará lo que resta de temporada en Cantabria después de pasar por la Universidad de Montana y Alemania

Un apellido puede perseguir a alguien toda la vida o ir por delante de él; en el caso de Lindsay Stockton (Salt Lake City, 1993) es «todo un placer y algo de lo que sólo se puede sentir orgullo». ¿Quién no recuerda a John Stockton? Ese espectacular base de los Jazz de Utah que junto a Karl Malone formó una de las parejas más espectaculares de la historia de la NBA; campeón olímpico en Barcelona 92 y que tan solo la magia de Michael Jordan le arrebató en dos ocasiones la posibilidad de ganar el anillo más codiciado. Aún mantiene el récord de asistencias de la mejor Liga. Desde hace dos semanas, su hija vive en Cantabria y se ha convertido en el primer fichaje extranjero del Grupo Tirso Igualatorio Cantabria, que milita en la tercera División Nacional. Después de formarse en la Universidad de Montana, donde tuvo como entrenador a su padre, y de pasar por el baloncesto alemán (1886 Weiterstadt) se ha decantado por Cantabria en su deseo de darse a conocer en el baloncesto español. «Estoy encantada del trato y del recibimiento que he tenido».

Debutó la pasada semana ante el otro club de la región, Ventanas Arsán, y espera «progresar y conseguir una adaptación rápida». Conoce el baloncesto español porque «siempre es la selección que juega contra EE UU» y admite haber tenido a su padre «como profesor desde los 13 años». Recuerda ir a ver los partidos de los Jazz que «jugaban como locales». Soñaba con «jugar en NBA». Su padre lo hizo 19 años, todos en Utah; ella ya conoce dos países.

–¿Qué tal por Cantabria?

–Estoy encantada. La gente es muy amable y me ha ayudado mucho. Llevo apenas dos semanas, pero todo ha sido muy fácil.

–Viene usted de vivir y jugar en Alemania, ¿ha notado diferencias en estos pocos días?

–Sí, mucha. Aquí la gente es más divertida. Se ha volcado en ayudarme y en que no me faltase nada. Aquí la gente es feliz.

–¿Qué le ha traído a Cantabria?

–Mi primo Riley juega en el Igualatorio Cantabria y me habló muy bien de aquí. El Grupo Tirso se interesó mucho por mí y me trató muy bien: Me ha parecido que el club tiene una estructura muy profesional y el interés que mostró por mí fue lo más importante.

–Lo suyo con el baloncesto es una cuestión de familia. Con un padre como el suyo resulta difícil pensar que no le gustase este deporte.

–Yo recuerdo jugar al baloncesto desde siempre. Desde que tengo memoria. Fui a la Universidad y como lo que me hacía feliz era jugar, pues seguí jugando. Luego me dediqué a ello porque quería ser profesional y decidí ir a Alemania y ahora a España.

–En su casa no faltó nunca una canasta...

–No. Jugaba con mi padre y hermanos, pero menos de lo que la gente puede imaginar.A mi padre cuando llegaba a casa le gustaba ser padre y hacíamos otra cosas.

–Sería usted una de las alumnas más aventajadas, ¿a su padre le gustaba enseñarle alguno de sus trucos?

–Siempre lo tuve como profesor.En mi época universitaria, mi padre fue uno de los entrenadores en Montana.Al principio fue un poco difícil separar las cosas de casa con las del baloncesto, pero después fue fantástico y pudimos adaptarnos. Compartimos muchas cosas.

–¿Cómo recuerda su infancia? Era usted pequeña cuando su padre era una estrella de la NBA, pero le dio tiempo a verle antes de su retirada...

–Claro que lo recuerdo. Yo siempre iba a ver a los Jazz cuando jugaban como locales, fuera no podía, era muy pequeña. Lo vi y luego me ha contado muchos partidos y muchas historias de aquella época.

–¿Sería y será difícil pasear con su padre por la calle? Es historia viva.

–Lo cierto es que cuando era pequeña no me daba cuenta.Pensaba que a mi padre lo conocía mucha gente y ya está.En Utah son muy respetuosos, lo saludan y no le vuelven loco.Ahora siguen recordándole lo felices que fueron con su baloncesto y el del equipo. Él lo agradece.

–¿Apellidarse Stockton le ha ayudado o le ha complicado su trayectoria en el baloncesto?

–No puedo ignorar mi apellido. No tendría sentido. La gente me mira y al apellidarme así es probable que me miren dos veces en vez de una, pero luego si no demuestras nada no te sirve para mucho. Mi experiencia me dice que en los equipos que estuve siempre me han tratado como una mas.

–Su padre jugó 19 años en el mismo equipo, Utah Jazz, y usted con 24 años suma ya equipos de dos países.

–Si fuera tan buena como mi padre me hubiese quedado 19 años en la NBA. Yo también quería ser desde pequeña jugadora de los Jazz (sonríe). He preferido conocer países, otro baloncesto...

–Su pasado suma y su futuro le llama, ¿cómo se define como jugadora?

–Me gusta el juego del equipo, el colectivo más que el individual.Prefiero dar un pase que anotar, supongo que venga de familia.

–¿Qué espera de su fichaje por el Grupo Tirso Igualatorio Cantabria?

–Espero ganar partidos. El objetivo es crecer, ayudar a conseguir el ascenso y si todo va bien me gustaría quedarme aquí.

–Le mandará vídeos a su padre, porque seguirá de cerca cómo le va, ¿no?

–Seguro que sí.Siempre hay forma de que nos vea. Tengo varios hermanos que juegan; uno en Grecia y otro en Nueva Zelanda. Tengo otro que estudia en el Instituto y a ese siempre va a ver sus partidos. Hablaremos y seguro que me dará algún consejo más.

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