Tarde, mal y nunca

El Racing tira la primera parte ante el Arenas y su intento de reacción, ya con 2-0 en el marcador, fue a destiempo e insuficiente. La afición despidió con reproches a su equipo

Tarde, mal y nunca
Daniel Pedriza
SERGIO HERRERO y MARCOS MENOCALGuecho

Hay una versión racinguista del ‘Cuento de Navidad’ de Charles Dickens. En ella, un tipo llamado Ebenezer Scrooge, ataviado con la camiseta verdiblanca, vive en el infierno de la Segunda División B. El día de Nochebuena fue visitado por el fantasma de Marley, quien le puso delante tres escenarios distintos, con otros tantos espíritus como cicerones. El primero de ellos, el del ‘Batacazo en el play off’, le llevó a los recuerdos del fatídico partido ante el Reus de 2016 y la posterior eliminatoria frente al Cádiz, que terminaron con los sueños del ascenso aquel mes de junio.

Posteriormente hizo acto de presencia el espíritu del ‘Fracaso a las puertas de la gloria’, quien le hizo rememorar el demoledor 1-4 del Barcelona B en los Campos de Sport en junio de 2017. Golpe bajo. Y el último ente que se le aparece al Scrooge racinguista es el de ‘Una tercera intentona fallida aún por escribir’. En ella, el Racing de 2018 vuelve a perecer en su lucha por abandonar la tristeza y volver a la élite.

Ayer, en Gobela, Scrooge despertó de golpe después de la reveladora trilogía de sueños en verde y blanco. Y el mal sueño se hizo realidad. El Racing cayó con estrépito ante el Arenas. Tiró la primera mitad –como tantas otras veces– y el intento de reacción fue tardío e insuficiente. Lo que viene siendo un horror. 3-1. Doloroso castigo y una lección importantísima que aprender. Así, no se asciende.

Porque el Racing lo hace todo tarde; siempre tras despreciar la primera parte y dejando los deberes para el final. Muy mala estrategia para una remontada que no llega nunca. Porque los verdiblancos llevan meses buscando la remontada y la diferencia no crece. Incluso cuando los burgaleses pierden, como ayer, el Racing desaprovecha su oportunidad.

Ángel Viadero cambió sobre la marcha la alineación que tenía pensada para escapar de la Jaula de Gobela. Colocó a Sergio Ruiz como lateral derecho y le dio el otro puesto del doble pivote a Quique Rivero, junto a Antonio Tomás. Como estaba previsto, Borja Granero volvió al centro de la zaga en un choque que se avecinaba de eminente juego directo.

Y, en los primeros compases, dio la impresión de que el equipo cántabro había saltado al césped sintético con la lección aprendida, preparado para lo que pudiese pasar. Pero, como casi siempre, iba a echar de menos al goleador que sigue esperando. Juanjo tuvo dos buenas ocasiones. El de Ontaneda remató muy forzado un centro lateral de Óscar y, poco después, cabeceó de forma irreprochable dentro del área, pero Pablo Fid se sacó de la manga una genial parada. Acto seguido, Dani Aquino le robó la cartera a Edu Luna y el murciano mandó un cañonazo que no encontró portería.

Con Mirandés y Sporting B cayendo momentáneamente en sus respectivos encuentros, la tarde pintaba bonita para el Racing. Pero si al central vasco le había robado el Torito la billetera, a Sergio Ruiz le iban a ratear el móvil, la documentación, las llaves del coche y hasta los regalos de Reyes. Un centro desde la derecha. Asequible para ser despejado. El astillerense esperó demasiado y Aitor Ramos, con un estético escorzo, se adelantó para marcar el 1-0.

El viejo Scrooge, el verdiblanco, despertó a base de balonazos, porque es lo poco que se vio en Gobela. El Racing empezó a acusar una acuciante falta de ideas. Y con ello, también a desquiciar al personal. Los cánticos y pitos no se iban a hacer esperar. No eran villancicos, precisamente. Unos sones agravados al borde del descanso, cuando la situación se iba a poner aún más fea. Un córner botado desde la derecha lo peinó peinaron Dani Aquino y Borja Granero en su intento de despejar y la pelota se coló en la portería de Iván Crespo.

Efervescencia

Esos escenarios que el fantasma Marley había mostrado a Scrooge eran sueños. Lecciones a aprender. Lo de ayer en Gobela era la pura realidad. Una clase presencial. El Racing ha cambiado de año, pero no de dudas. Al descanso, la grada racinguista se quedó prácticamente en silencio. Como anestesiada por el tedioso y poco halagüeño espectáculo. Se acabó la Navidad. Vuelta a la dura rutina. Cuando los batacazos periódicos dejan de ser noticia... Un problema. El mes de enero va a ser muy largo. Cuesta, pero de las pindias.

Viadero debía hacer algo distinto en la segunda parte. Y su equipo, también. El Racing, tras el descanso, es como el conejo blanco de ‘Alicia en el país de las maravillas’. Mirando el reloj. Siempre llega tarde. El técnico realizó dos cambios. Retiró a Juanjo y Héber y dio entrada a César Díaz y Álex García. El manchego iba a renovar una parte de las ilusiones perdidas en el segundo balón que tocó. Óscar le ganó la espalda a su par, se coló en el área y la puso atrás. El recién incorporado empujó la pelota a gol. Aún había partido. Y las cosas se podían haber puesto un poco más accesibles para el Racing si el colegiado no le habría perdonado la segunda tarjeta amarilla a Ontiveros tras dejar la pierna en una salida de Iván Crespo.

El cántabro Luisma, un peligro constante a balón parado, volvió a poner a prueba al meta de Viveda con un lanzamiento de falta que sufrió para repeler. El de Isla lanzó hasta tres golpes francos que el arquero no fue capaz de atajar. Pero ahora sí, sin grandes alardes, ya era mejor que el Arenas. Dos cabezazos consecutivos, de César Díaz y de Borja Granero, pudieron devolver el empate al marcador. Ambos, se marcharon fuera.

Óscar, de lo poco salvable en la tarde de ayer, se inventó una gran jugada. El de Piélagos dejó a cuatro rivales con el molde junto al córner. Su pase atrás lo remató Quique Rivero, muy cerca del poste derecho. 2-1 impasible en el marcador. Los minutos pasaron inexorables y la efervescencia racinguista fue perdiendo vigor. Viadero cambió el sistema, pero sirvió más bien de poco y, a cada rato, Iván Crespo tenía que quitarse de encima algún que otro intento del Arenas. Mientras pudo, porque en el 81 no tuvo opciones de hacer nada. Un perfecto remate de cabeza de Uranga sentenció el partido. La nave racinguista se hundió definitivamente.

Para Ángel Viadero, para quien esta campaña cada partido es un examen crucial, enero puede ser la milla verde si no consigue arreglar el estropicio. Camino del cadalso. Guernica, Mirandés y Sporting B esperan para hacer el paseíllo al Racing. Aunque los jugadores ayer tuvieron su importante dosis de bronca. La derrota de ayer cercenó gran parte de la unión entre la grada y el césped y desde la esquina verdiblanca de Gobela se escucharon gritos de «mercenarios» y alusiones a la falta de merecimiento de la camiseta. Ni siquiera la derrota del Mirandés, que deja las cosas prácticamente igual, ayudó a calmar los ánimos. 2018 no empieza bien. El mal sueño del Scrooge racinguista fue más real que nuca. Una pura pesadilla después de Navidad.

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