Fútbol | Racing

No estaba muerto

Daniel Pedriza

En un partido serio y trabajado,el Racing supera al Mirandésy aplaca su crisis con un golpe de autoridad a la espera de que el domingo el líder, el Sporting B, visite los Campos de Sport

SERGIO HERREROMiranda de Ebro

De repente, el Racing subió de categoría. Abandonó la Segunda División B. Un estadio prácticamente lleno, dos aficiones numerosas, ambientazo, sana tensión y mucho en juego. El problema es que ese regreso al fútbol de élite fue momentáneo y virtual. Un alto en el largo camino del desierto del fútbol modesto. Para que la vuelta a la élite sea realidad, el Racing necesita mucho más que una parada en Anduva. Por eso la cita de ayer era perfecta para demostrar.

En ‘House of Cards’, Frank Underwood siempre da dos golpes con los nudillos en la mesa. Puñetazos. Un gesto heredado de su padre: «Fortalece la mano y transmite a los demás la fortaleza de quien lo efectúa. Contundencia y seguridad». El equipo de Ángel Viadero también lo hizo. Salió con esa idea al césped, golpeó antes y dejó grogui a un rival que, sin la presión de Santander, pasa por un momento tan complicado como el que el Racing dio la sensación de cerrar ayer. Triunfo y aviso. El Sporting B, el líder solvente, visita el próximo domingo los Campos de Sport de El Sardinero y el conjunto cántabro le mandó ayer un mensaje por si en Mareo les quedaba alguna duda: No estaba muerto. Está muy vivo.

0 CD Mirandés

Limones, Paris, Kijera, Prieto, Israel Puerto, Antonio Romero, Igor Martínez, Rúper, Cervero, Borja Sánchez (Pito, min. 68) y Eloy Gila (Diego Peláez, min. 54).

1 Racing

Crespo, Córcoles, Julen, Regalón, Gonzalo (Gándara, min. 48), Antonio Tomás, Óscar (Acosta, min. 73), Sergio Ruiz, César Díaz, Aquino y Álex García (Héber, min. 69).

Goles
0-1, min. 13: César Díaz.
Incidencias:
Anduva. Tarde fresca pero agradable y césped algo pesado.
el público
Un total de 4.125 espectadores en las gradas del estadio rojillo. Casi un millar de ellos era cántabro, desplazado hasta Miranda de Ebro junto a su equipo. Los seguidores verdiblancos ocuparon prácticamente la totalidad del Fondo Norte de Anduva.

De parranda estuvieron los aproximadamente mil aficionados racinguistas hasta Miranda de Ebro, que se lo pasaron pirata durante una jornada de hermandad con la afición rival y la victoria de su equipo. Mientras tanto, el conjunto cántabro salió dispuesto a percutir desde el comienzo sobre el tapete del estadio rojillo. Nada que ver con las últimas incomparecencias. Lejos de los discursos vacíos. Sin miedo, la seguridad inicial de los verdiblancos metió el tembleque en el cuerpo a un cuadro local que había vendido durante la semana a los montañeses como favoritos. Seguramente para tapar un mal momento propio. El Racing no se dejó engatusar por el farol y fue a hacer sangre. Mordisco al cuello. Sergio Ruiz, que volvió al once por la sanción de Granero, diseñó el pase. Cambio de juego hacia la derecha para Óscar. El de Piélagos caracoleó en su internada por el vértice del área y, cuando encontró el hueco, chutó demasiado cruzado.

Fue el entremés. En el minuto 13 llegó el dossier de candidatura a la victoria. Porque la jugada fue digna de desglosarla en un briefing y repartirla como documento de presentación. Álex García –el de Beranga jugó en el extremo izquierdo en detrimento de Héber, quizá castigado por bajo rendimiento– cedió atrás para Sergio Ruiz. El astillerense mandó la pelota al hueco para la entrada de Julen Castañeda. El vasco se sacó un gran regate de la chistera en su camino hacia la línea de fondo y envió un centro al área perfecto. La curva de la felicidad. César Díaz lo remató como merecía. Martillo. Cabezazo brutal. La pelota entró en la portería como un obús. El Fondo Norte de Anduva estalló.

El meta local, Limones, aún tuvo que despejar con apuros a córner un lanzamiento de falta de Dani Aquino. A partir de ahí, el Racing cumplió con su habitual plan establecido. Paso hacia atrás. Y el equipo cántabro estuvo relativamente cómodo en su resistencia en busca de una contra letal, aunque, con un 0-1, siempre es una línea demasiado delgada sobre la que transitar. Solo un tiro raso de Paris inquietó a un seguro Crespo en la primera mitad, pero la congoja llegó en un posible penalti de Córcoles. El colegiado dijo que allí no había pasado nada. Luego, en el otro área, un centro de César Díaz tocó en una mano de un defensor rojillo. El gesto del juez fue el mismo: «¡Sigan!».

Nada más arrancar el segundo tiempo, Ángel Viadero se vio obligado a realizar su primer cambio. Gonzalo cayó lesionado en su tobillo y fue sustituido por Gándara. Quizá ahora el club tenga que pensar en contratar a un central, porque la demarcación sigue escasa. El Mirandés tuvo que irse a por el empate. Al equipo de Pablo Alfaro no le quedaba otra. Pero las dudas y los nervios empezaron a hacer mella en el cuadro rojillo, que escuchó por primera vez silbidos de su afición. Los locales estuvieron cerca de meterse el agua en casa. Paris quiso regatear junto al córner derecho de su defensa. Risgo innecesario. Álex García, listo, le arrebató la pelota, que le cayó a Óscar Fernández dentro del área. El canterano dejó demasiado tiempo apretado el botón de disparo y el balón se fue muy alto. A la grada.

El Racing permanecía al acecho, con las líneas juntas, frente a un rival al que las ideas le empezaban a escasear. Pero el conjunto local era el que más cerca estaba de la portería rival. Sin argumentos suficientes como para romper el muro verdiblanco, mas siempre con la opción de encontrar un resquicio, por muy pequeño que fuese. Esta vez el plan racinguista funcionó prácticamente a la perfección para guardar la renta y mantener la portería a cero.

Y eso que con el paso de los minutos y el cansancio haciendo mella en las piernas verdiblancas, el Mirandés continuó ganando metros y viendo un poco más de cerca el traje amarillo de Crespo. El peligro fue in crescendo a medida que se acercaba el final de una contienda a cara de perro. Antonio Romero lanzó a las manos del de Viveda una falta directa desde la frontal. Y Pablo Alfaro sacó más pólvora con la entrada de Pito Camacho. El delantero mandó un duro remate fuera.

Calambres y algo de teatro

Entre calambres y un poco de teatro para arañar segundos al cronómetro, el Racing siguió aguantando lo que ya se había convertido en un asedio. Poco convincente, pero asedio al fin y al cabo. Llegó la mejor ocasión del Mirandés. Un balón a la espalda de la defensa verdiblanca le cayó a Igor Martínez. Galopada hacia al área. Se fue escorando y, finalmente, intentó un remate cruzado al que Iván Crespo respondió gatuno. Oportuno. Y un nudo en la garganta que no se quitaría hasta el pitido final porque el meta de Viveda quedó tendido en el suelo. Con los tres cambios ejecutados. Unas molestias en el aductor que arrastraba del día anterior.

El cántabro se levantó y aguantó lo que quedaba. La tensión aumentó. El balón lanzado fuera para que fuese atendido fue el gérmen de la discusión entre César Díaz y Gorka Kijera. «No te la devuelvo», debió decir el lateral vasco, hasta que Pablo Alfaro metió baza en la refriega. «Échasela allí». Señor. Aplauso general.

Cervero gastó la última bala. Remate alto. Y el árbitro, cómodo en medio de la batalla, se hizo de rogar. Final. Por fin una alegría convincente. El Racing esta vez no fue despedido con pitos por su afición. Todo lo contrario. Aplausos que, posteriormente, la grada verdiblanca compartió con sus homólogos rojillos. El de ayer ante el Mirandés fue un triunfo de esos que valen más que tres puntos. Golpe moral. Un cimiento ideal sobre el que levantar un nuevo Racing sobre las ruinas de lo que ha sido la primera parte del campeonato. Punto de inflexión necesario.

Y Ángel Viadero que por fin respira medianamente tranquilo y ya con dos incorporaciones para preparar el próximo partido ante el líder. Con la victoria de Anduva, el Racing empata en segunda posición con el Mirandés, se queda a cinco del Sporting B y saca seis al quinto clasificado, el Burgos. Parece que el muerto ha revivido cuando menos se le esperaba. Justo a tiempo.

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