Fútbol-Racing

Un triste epílogo

Un triste epílogo
D. Pedriza

El Racing desaprovecha la ocasión de recortar distancias con el lídertras firmar un pobre empate con el Leioa y condena al ya extécnico verdiblanco, Ángel Viadero

Sergio Herrero
SERGIO HERREROSantander

Valdo jugó en el Racing unos veinte segundos. Centésima arriba, centésima abajo. Su mayor aportación fue perder unos instantes de oro para certificar un triunfo en Mallorca que al final no evitó el descenso del equipo cántabro a los infiernos. Este domingo, el leonés, sin quererlo, le echó una mano a su exequipo. Ahora en la Peña Sport, con su gol en el minuto 77, hizo caer de bruces al líder, el Sporting B, y puso a los de Ángel Viadero ante la oportunidad de iniciar la remontada. La respuesta fue desagradecida. Ni hubo triunfo ni paso hacia adelante en la clasificación. Ni hubo alegría ni hubo esperanza. Más bien, todo lo contrario. Y sobre el césped no hubo por dónde cogerlo. La nada más absoluta. Esa fue la condena del entrenador verdiblanco. La grada terminó pidiendo su cabeza –y alguna más– y el Consejo de Administración verdiblanco ejecutó al ya extécnico.

Valdo es de Villablino. Unos kilómetros al norte de Fabero, localidad natal del último fichaje racinguista: Adán Gurdiel. En moto, a unos 40 minutos por una carretera sinuosa. Berciana. Tierras mineras. Tierras reivindicativas. El lateral, al ‘prao’, fue este domingo la punta del iceberg revolucionario puesto en liza por Ángel Viadero. Una pizarra con garabatos a la desesperada. Junto al técnico, en el banquillo, Borja Granero, Raúl Domínguez, Quique Rivero, Óscar Fernández, Héber, Juanjo y César Díaz. Lujo en Segunda División B. Sus huecos los ocuparon futbolistas como Javi Cobo, Franco Acosta y Álex García. Novedades. La moto que interesa, la verdiblanca, hace tiempo que no carbura. Gripada. Y eso le ha costado finalmente el puesto al piloto.

0 Racing

Crespo, Gurdiel, Julen, Gándara, Regalón, Antonio Tomás (Granero, min. 77), Javi Cobo (César Díaz, min. 68), Sergio Ruiz, Acosta, Aquino y Álex García (Héber, min. 62).

0 Leioa

Iturrioz, Ferrone, Magdaleno (Morcillo, min. 67), Cordoba, Alain, Iosu Villar, Asier Goti, Baleani, Yurrebaso, Aitor Aspas y Óscar García (Ízaro Abella, min. 87).

Árbitro.
Díez Cano (Comité Castellano Leonés). Amonestó al local Dani Aquino y a los visitantes Iosu Villar, Baleani y Alain. Expulsó con roja directa a Regalón.
Incidencias.
Campos de Sport de El Sardinero. Se guardó un minuto de silencio en memoria de José Luis García, capitán del Racing de ‘los Bigotes’.
Público.
6.024 espectadores en las gradas según los datos del club.
El detalle.
Antes del partido se rindió homenaje a los jugadores cántabros Ángel Fernández, Álex Dujshebaev y Dani Dujshebaev, campeones de Europa de balonmano.

Las novedades en el once prácticamente fueron las únicas, porque el partido fue más de lo mismo. Pero peor. Impulsos, sopor y peligrosas dudas. Ni brillantez ni solidez. Y eso que entre los cíclicos silbidos como música ambiental, los ataques racinguistas sonaron como cuando el pico encuentra premio en la mina. A metal. Hasta en tres ocasiones golpeó el balón en los postes. Dos en una misma acción. Un buen pase de Dani Aquino a Álex García dejó al de Beranga ante Iturrioz, pero su tiro se chocó en el travesaño. El rechace rebotó en Franco Acosta y la pelota siguió el mismo camino. Un rato después, un centro de Julen Castañeda tocó en Ferrone y se marchó a la cepa del poste. Una metáfora de cómo está este equipo: estrellado. Naufragio. Con ese resumen puede parecer que el Racing fue absoluto dominador, pero si en la portería vasca los límites del arco fueron los protagonistas, en la otra lo fueron los guantes de Iván Crespo.

El meta de Viveda estuvo providencial de nuevo. Por partida doble. Dani Aquino despejó mal un córner en contra y dejó la pelota en los pies de Córdoba. El tiro del central lo repelió el arquero con los puños. Más adelante, una peligrosa pérdida de Javi Cobo permitió a Óscar García llegar al área. Su intento, en busca del segundo palo, lo despejó Crespo con una buena estirada. El Racing había empezado relativamente bien. Tocando el balón y peligroso en las contras, pero el espíritu revolucionario del inicio se fue acallando. Anestesia generalizada. Las imprecisiones se comieron la ya habitualmente precaria confianza verdiblanca. Y eso que Dani Aquino pudo marcar tras un buen centro de Álex García. El remate del murciano tocó en un defensa y se marchó fuera.

El Racing anda metido en una galería oscura en la que no encuentra la salida. Pánico en el túnel. Los errores se suceden; la inoperancia se enquista y la dinamita de sus futbolistas más determinantes tiene la mecha más mojada que el faro de la isla de Mouro cuando viene galerna. Y todo ello con el personal, en la grada, fumando en pipa. Y eso que la tarde fue infumable.

Después de ver a Dimitri Popov en los videomarcadoresy volver a tirarse de los pelos por ver dónde habita el Racing, tras el descanso lo mejor habría sido ponerse los auriculares y escuchar a Joaquín Sabina, porque la segunda mitad arrancó y siguió «como siguen las cosas que no tienen mucho sentido». La nada. En estas líneas se puede contar un cuento infantil; la vida del cronista o un ensayo sobre el aburrimiento, porque en el partido no pasó absolutamente nada. Imposible llenar el espacio con ocasiones de peligro. Tal fue la falta de noticias, que la grada protestó hasta la cifra de espectadores colocada en las pantallas gigantes. La intensa lluvia que apareció sobre el minuto 75 fue lo más reseñable.

A partir del 80, a falta de diez, empezaron a suceder cosas, aunque ninguna positiva para el Racing. Ángel Viadero hacía rato que había sacado a Heber y César Díaz en busca de otra cosa. Nada, tampoco. Al técnico se le acabaron las ideas al mismo ritmo que a sus futbolistas y con idéntica velocidad a la que perdió definitivamente los apoyos –pocos– que le quedaban.

Dos tiros de Dani Aquino a las manos de Iturrioz fueron el pobre bagaje ofensivo del Racing desde el descanso hasta el tenso final. El Leioa apenas apareció por el área de Iván Crespo en los segundos 45 minutos. ¿Para qué?, debieron de pensar los vascos, si el equipo cántabro estaba en un proceso absoluto de autodestrucción. El empate era un caramelo para los visitantes.

Viadero tomó la que iba a ser su última decisión como entrenador racinguista. Dio entrada a Borja Granero en el centro del campo. Lo mismo que todo lo anterior. El técnico hace tiempo que ya estaba agotado. Culpable o no de la situación, su tiempo, su sueño de entrenar al club de sus amores, se estaba acabando. De mala manera.

Los últimos compases del choque fueron la muestra de la deriva en que se encuentra el Racing. El equipo cántabro ni siquiera fue capaz de apretar a un rival agazapado, cómodo en su papel de víctima. Con el culo metido en su área y sin pasar apuros. César Díaz cayó lesionado. Hizo el amago de retirarse, pero con los cambios gastados, intentó hacer la heroica del cojo. Ymientras al manchego le echaban Reflex en su pierna dolorida, Paco Regalón fue expulsado por una fuerte entrada en el centro del campo. Roja directa. El final del encuentro con nueve jugadores y medio. Sin solución.

El pitido final fue el mazo del juez, el golpe que dictaba sentencia sobre el puesto del entrenador. Los jugadores, cabizbajos, recibieron el chaparrón. El climatológico y el ambiental. Bronca. Ángel Viadero se marchó rápido al túnel de vestuarios. Su última bajada por esas escaleras en las que tantas veces se imaginó. Su tiempo se acabó. Y en el palco, el presidente, Manolo Higuera, fue el último en abandonar la platea noble. Sentado. Solo. Mirando al vacío. Sabedor de que se encontraba ya en un punto de no retorno. Una decisión irrebocable en ciernes.

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