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Edurne Pasaban junto al consejero Francisco Martín, ante una alquitara / Luis Palomeque

Edurne Pasaban corona la cima del orujo

  • La montañera Edurne Pasaban, con los Picos de Europa como testigos, recibe en Potes el título de Orujera Mayor en una jornada festiva que reivindicó las tradiciones

En una comarca con una forma de vida tan marcada por la montaña, con esos imponentes Picos de Europa como testigos inmortales de todo lo que sucede, Edurne Pasaban se sentía ayer como en casa. Entre montañas se ha hecho grande, al convertirse en la primera mujer en la historia en ascender a los 14 ochomiles del planeta, y entre montañas fue nombrada nueva y flamante Orujera Mayor, reconocimiento que recibió como un «gran honor» y a partir del cual se comprometió a ser «la mejor embajadora posible» de este aguardiente por el mundo.

De adolescente, desde su Tolosa natal, a dos horas y media en coche, se acercaba a disfrutar del embrujo de unos Picos de Europa a los que siempre ha vuelto atraída, no solo por la geografía, sino sobre todo por el calor de sus gentes. «Puedes tener las mejores montañas y el mejor orujo, pero si sus gentes no te dan el cariño que yo siempre he sentido, no repites volver al mismo sitio. Y yo siempre he vuelto a Picos», confesaba la montañera antes de firmar en el libro de honor del Ayuntamiento de Potes, en lo que fue el primer acto de una jornada llena de reconocimientos.

En Liébana no hay noviembre sin orujo y, desde hace 25 años, tampoco lo hay sin su fiesta de exaltación, que revoluciona la comarca el segundo fin de semana de noviembre y que ya ha alcanzado, desde hace un lustro, la catalogación de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Ahora busca también tocar cima, alcanzar el sello internacional, pero sin olvidar ni una de las tradiciones ni ritos que acompañan el litúrgico proceso de creación del delicioso regalo del hollejo de la uva. «Me han contado que la clave para hacer un buen orujo es no tener prisa, ser paciente, llevar a cabo una destilación lenta, constante, y disfrutar del momento, exactamente lo mismo que hay que hacer en la montaña», resumía Pasaban con la lección bien –y recién– aprendida.

A los lebaniegos dedicó Pasaban el discurso que compartió bajo la carpa de La Serna antes de encender la alquitara y las palabras que, emocionada, estampó horas antes en el libro de honor en el claustro del antiguo convento de San Raimundo, hoy convertido en sede del consistorio. «Desde las montañas del Himalaya a las montañas de Liébana, he caminado con pasión y mucha ilusión. Desde hoy todos vosotros caminaréis conmigo en todas las montañas que me quedan por escalar», escribía Pasaban. Entre ellas, la maternidad, aparcada durante la parte más activa de su trayectoria deportiva.

«Hemos conseguido que venga, no solo una orujera mayor, sino una orujera y media», se atrevió a anunciar el consejero de Turismo, Francisco Martín, que formó parte de la nutrida representación institucional que se dio cita en Potes, entre la que se encontraban el delegado del Gobierno en Cantabria, Samuel Ruiz;la vicepresidenta del Ejecutivo regional, Eva Díaz Tezanos;el consejero de Obras Públicas y Vivienda, José María Mazón;y el de Educación, Cultura y Deporte, Ramón Ruiz, entre otros, al margen de las autoridades locales, encabezadas por el alcalde de Potes, Javier Gómez; el presidente de la Mancomunidad de Liébana y Peñarrubia, Julio Cires; y diferentes alcaldes de la zona.  

Valores humanos

En ese libro de honor han puesto su rúbrica en ediciones anteriores intérpretes como Antonio Resines, Eduardo Noriega, Carmen Sevilla o Marta Hazas; empresarios como Mariano Linares, presidente de honor de EL DIARIO MONTAÑÉS; periodistas como Luis del Olmo o Carlos Herrero; y deportistas como Ruth Beitia, Óscar Freire o los también montañeros Juanito Oiarzabal o César Pérez de Tudela, nómina prestigiosa a la que se suma desde ayer Pasaban. Agradeció el nombramiento y declaró que, a partir de ese momento, acepta el reto de ser embajadora del orujo, de Liébana y de Cantabria y llevar su nombre «lo mejor y lo más lejos posible». Incluso a sus próximas expediciones, porque todavía sigue teniendo retos pendientes. «Si en sus ascensiones hubiera llevado una petaca de orujo, las dificultades hubieran sido la mitad», bromeaba Martín, que, antes de ir a comer al Valdecoro, le entregó en el Torre del Infantado la pulsera del Año Jubilar Lebaniego 2017.

El consejero y el alcalde destacaron que son los valores humanos de Pasaban, menos conocidos que los deportivos, los que la han llevado a hacerse merecedora del reconocimiento que desde ayer le unirá aún más a Liébana para siempre. «Tu esfuerzo, sacrificio, humildad, honestidad y compañerismo nos hace sentirnos orgullos de haber te concedido esta distinción», la dedicó Javier Gómez, anfitrión y guía de la montañera durante todo el día. Se refería a su labor por recuperar los cadáveres de compañeros desaparecidos en la montaña o por poner en marcha una fundación junto a otros escaladores cuyo objetivo es recaudar fondos para ayudar a la formación de niños en zonas desfavorecidas de India, Pakistán o Nepal, entre otros países.

La alpinista, ingeniera, empresaria rural, conferenciante y escritora devolvió todo el cariño que recibió durante la jornada haciéndose centenares de fotos, atendiendo a todo aquel que quería acercarse a ella y repitiendo mensajes de admiración hacia una tierra que lleva dentro desde hace décadas, porque «caminar y escalar estas montañas tiene un encanto especial», reconocía. Incluso accedió a ponerse la camiseta de una peña donde se podía leer bien claro que ‘El orujo sí que te da alas’. Nadie se atrevió a ponerlo en duda.

«¡Guapa!», le gritaban mientras recorría las calles de Potes con una perenne sonrisa que no abandonó durante toda la jornada. Ni siquiera por la intermitente lluvia que acompañó al frío y que se hizo algo más pertinaz en el tradicional pasacalles vespertino hasta la carpa de La Serna, que hizo que fuera menos multitudinario que en ediciones precedentes. Cofradías gastronómicas, encabezadas por la del aguardiente de orujo y vino de Liébana, grupos folclóricos, rondas, vecinos, visitantes y autoridades acompañaron a Pasaban hasta el encendido de la alquitara, donde el maestro orujero Francisco Mena sustituyó en la tarea a ‘Paquito’ (Francisco Fernández), que durante décadas ha sido el encargado de guiar y ayudar a los homenajeados en la tarea de ‘quemar’ la alquitara. Otra campeona, Ruth Beitia, fue quien le impuso a Pasaban la distinción que la reconoce como Orujera Mayor 2016.

Allí, al calor de la carpa, la escaladora recorrió, uno a uno, los stands y degustó los productos que ofrecían las nueve orujeras (Mariano Camacho, Picos de Cabariezo, Diosanjana, Martínez de Cos, El Traviesu, El Coterón, Sierra del Oso, El Marrubio y Valle de Bedoya) que se disputan la ‘Alquitara de Oro’ al mejor orujo del año que se concederá hoy en el cierre de las fiestas, esas que han convertido a Edurne Pasaban, tal y como reconoció, en «una lebaniega más».