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El año más costoso por desastres naturales

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El año más costoso por desastres naturales

Japón, Chile, China o España han sido algunos de los múltiples escenarios que han sufrido el efecto devastador de una naturaleza que revela la vulnerabilidad del diseño de las ciudades

31.12.11 - 11:05 -
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El año más costoso por desastres naturales
Cadáveres ante los escombros de edificios derruidos en Japón. / Reuters
El año que dejamos ya es el más costoso en desastres naturales de nuestra historia, además a estas alturas, con patrones económicos objetivos, ya nada se nos escapa para ser "valorado". Casi medio billón de dólares, de los cuales la mitad se los lleva Fukushima, suponen algo más del doble que 2010, al mismo tiempo éste triplicó a 2009. El año que dejamos sextuplica en pérdidas a 2009.
Los desastres se derivan de terremotos, tsunamis, incendios, ciclones sequías o inundaciones; si en 2010 fueron Chile y China los peor tratados, en 2011 casi no se salva nadie. Birmania, Guatemala, Turquía, Uzbekistán o Siberia sufrieron varios de los terremotos más desastrosos, pero también países desarrollados que no se esperaban el azote de la Tierra fueron duramente golpeados, Nueva Zelanda acaba el año triplemente estremecida, España con Lorca y El Hierro aún estupefacta, y la costa Este de EE UU, golpeada ni más ni menos que en Washington y Nueva York, lo que ha dejado al descubierto un número no pequeño de vulnerabilidades de diseño de nuestras ciudades contemporáneas, también urbanísticas o pedagógicas de la población de los llamados países civilizados, al que se supone pertenecemos. Lo tenemos que asumir: somos un país poseedor de una sismicidad capaz de matar, herir a cientos de personas, arruinar nuestro patrimonio o paralizar económicamente una comarca, además inundable y con una población analfabeta en desastres.
No es casualidad: este año hemos llegado a los 7.000 millones de almas en el planeta, es significativo observar el crecimiento de las ciudades, sobre todo en los últimos 50 años, la extensión de muchas se ha cuadruplicado y conquistan espacios peligrosos. El área que ahora ocupan las ciudades era impensable en los años 70 del siglo XX. El escenario de los desastres sísmicos por ejemplo, sigue siendo en la cabeza de nuestros dirigentes y asesores ingenieros el edificio, la casa…, cuyas restricciones normativas, códigos contra inundaciones, incendios o sísmicos se ha hecho casi imposible de asumir, soportar y cumplir por arquitectos y constructores.
Pero otras voces ya hemos adelantado lo que puedan traer años venideros, intentamos aflorar otro paradigma más adecuado a nuestros tiempos: el verdadero escenario de las catástrofes es la ciudad, cada vez más extensa y por lo tanto vulnerable, así las armas deberán ser adecuadas con estos nuevos tamaños y ubicaciones. Tal es el planteamiento de las autoridades turcas con la europea Estambul, y es que a la fuerza ahorcan, después del desastre que suponen 14 terremotos devastadores desde 1939 a 2011 y sabiendo que en 20 ó 25 años recibirá el golpe de otro más cercano, la población que roza los 12 millones en el área metropolitana, ya está siendo cultivada y entrenada al respecto, la distribución del territorio adecuada y los edificios reforzados. Italia ha tomado ya ese modelo y en ello está. Europa no debe permitir tal calamidad.
España como ya sabemos 'is different' y nuestros planes directores de ciudades como Lorca siguen contemplando las fallas activas conocidas como puntos de interés científico cultural, y las desconocidas ahí siguen acechando…; los mercadillos del jueves por la mañana en las ramblas, los niños españoles, exceptuando a los de El Hierro, aún no saben qué hacer si hay un terremoto y los paseos marítimos son una sangría económica para los ayuntamientos después de cada temporal, cada año más frecuentes y violentos, arroyadas sistemáticas ya no son noticia, inundaciones repetidas.
El modelo ochentero está obsoleto, la extensión de nuestras ciudades se hizo sin saber muy bien de qué era capaz el suelo que las sustentaba, el mejor ejemplo es el barrio de La Viña de Lorca, cuya caja de resonancia jugó al eco de la onda que viene y va, chocando contra las paredes de la cubeta que la secuestró, barriendo la superficie no una, sino varias veces.
Ojalá 2011 sea un año anómalo, pero las políticas ciudadanas de prevención, por si acaso, siguen ausentes. En Lorca no se lo esperaban: ése es el problema.
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