«Campoo era una comarca con mucha riqueza pero el Pantano se lo llevó todo»

Roberto Ruiz

Cientos de personas acuden a Arroyo y Reinosa a los actos de reconocimiento a los expropiados por el embalse y a los presos que ayudaron en la obra

Jesús Lastra
JESÚS LASTRASantander

Apenas tres metros separan ambos recordatorios. Una distancia que también tiene su medida en términos temporales: 70 años. Siete décadas han transcurrido desde que se instaló en 1947 en la localidad de Arroyo, junto a la presa del Pantano del Ebro, la placa en homenaje al ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Manuel Lorenzo Pardo, autor del proyecto para la creación del embalse, y la colocada ayer como reconocimiento a todos los afectados por las obras y posterior cierre de las compuertas, que tuvieron que dejar sus viviendas y propiedades a cambio de una compensación mínima que a la mayoría le llegó tarde, así como a los 260 presos republicanos que acudieron a Campoo a dar un impulso definitivo a los trabajos para poner en funcionamiento el equipamiento.

Ayer, 18 de agosto de 2017, más de cien personas se dieron cita en Arroyo para rendir tributo a los olvidados por la historia. «Al sacrificio de unos pocos en pos del progreso y del bienestar de la sociedad», en especial de los campos del valle del Ebro, desde La Rioja hasta Cataluña. No en vano, fueron las sequías que azotaron estos territorios a comienzos del siglo XX las que provocaron las protestas y movilizaciones de las organizaciones agrícolas y ganaderas locales y la consiguiente exigencia de crear un embalse en la cabecera del Ebro. La reivindicación rápidamente rindió fruto, pues Lorenzo Pardo llegó a Campoo en 1906 con la misión de definir una infraestructura que recogiera las aguas sobrantes de los ríos Ebro, Hijar, Poncio y Virga.

«Fue una catástrofe; era una comarca con mucha riqueza agrícola y ganadera» Antonio castañeda | afectado

Después de ver cómo se le rechazaba un primer proyecto, el técnico completó entre 1913 y 1916 un ambicioso estudio que contemplaba la inundación de terrenos e inmuebles que se situaran por debajo de la cota de 839 metros sobre el nivel del mar, altitud máxima cuando el pantano estuviese al 100% de capacidad, unas previsiones que iban a dejar heridos de muerte a los ayuntamientos de Las Rozas de Valdearroyo, Campoo de Yuso, Arija (Burgos) y, en menor medida, Campoo de Enmedio. Entre 1947 y 1948, cuando se procedió a cerrar las compuertas, los pueblos de Quintanilla de Valdearroyo, Medianedo y La Magdalena quedaron sepultados bajo el agua, unos hechos que igualmente grabaron su cicatriz parcial en localidades como Villanueva, Las Rozas, Renedo, Llano, Bimón, Orzales, La Población, Quintanamanil o Bustamante.

Juan Jesús y Antonio Castañeda van rememorando aquella época mientras se acercan paulatinamente al punto en que se va a descubrir la placa de homenaje a los damnificados, más de 2.500 en el sur de Cantabria, según se recoge en el libro ‘Los Residentes del Pantano’, de Jesús Fernández Navamuel. Hermanos de 78 y 82 años, respectivamente, tuvieron que dejar junto a su familia el hogar que tenían en Medianedo antes de que el agua acabara con todo y poner rumbo a Los Corrales. «Ésta era una comarca con mucha riqueza agrícola y ganadera. El pantano se lo llevó todo. Fue una catástrofe», lamenta Antonio.

«Aquello no se olvida. Nos fuimos de nuestro hogar cuando vimos que nos ahogaban con el agua» Severiana díez | Damnificada

Juan Jesús, al que se le entrecorta la voz cuando echa la vista atrás, esboza en cambio una sonrisa cuando su memoria se para en un punto sin concretar de hace 25 años. «Hubo una gran sequía en el embalse y volvimos a visitar nuestra antigua casa. Fue emocionante», atestigua.

El público que ha respondido a la convocatoria promovida por la Comisión Campurriana para la Historia del Pantano del Ebro conforma todo un álbum de recuerdos. Unos asistentes al que el dolor les tocó de forma directa o bien a sus antepasados o parientes. Momentos antes de que se descubriera el mensaje en memoria de los perjudicados y los reos involucrados en la construcción, una dedicatoria tapada con un manto con la paloma de la paz bordada sobre la tela y que desvelaron Audelino Robledo, Amparo González y Remedios Sáinz, tres ‘víctimas’ del Ebro; Severiana Díez tiene la mirada perdida, inmersa en la inmensidad del agua que se levanta a escasos metros de donde está sentada. A sus 87 años, «aquello no se olvida», arranca contundente, para agregar que «nos echaron a cambio de cuatro duros». A ella y sus padres, por ejemplo, de la localidad de Quintanilla, a la que renunciaron cuando «vimos que nos ahogaban con el agua». Sumaba «16 o 17 años. Aún era joven, pero con el paso del tiempo entendí con profunda tristeza todo por lo que tuvieron que pasar mis padres para buscarse la vida tras la inundación del pantano», censura.

Presencia de autoridades

El minuto de silencio en recuerdo de los damnificados ya fallecidos mutó a un interminable aplauso al descubrirse la placa reivindicativa, cuyo texto tuvo que ser consensuado con la Confederación Hidrográfica del Ebro y, finalmente, modificado respecto a la idea inicial.

Entre diversas generaciones compartiendo el sufrimiento por el zarpazo a la historia del sur de Cantabria que tuvo lugar hace 70 años también se distinguen rostros políticos. Tal es el caso de Dolores Gorostiaga, presidenta del Parlamento autonómico. «Nunca agradeceremos bastante aquella solidaridad de la gente que tuvo que renunciar a su vida y viviendas por el bienestar del resto de España. Es buen momento también para recordar a aquellos presos políticos que participaron en la obra, que en su momento dejaron su vida para que otros pudieran disfrutar del agua de Cantabria».

«Es un reconocimiento al esfuerzo que hicieron generaciones anteriores al abandonar sus pueblos» miguel ángel palacio | director de medio ambiente

Junto a Gorostiaga igualmente aplaude el director general de Medio Ambiente del Gobierno regional, Miguel Ángel Palacio. «Tuve conocimiento de estos actos en recuerdo de afectados y presos porque me lo comunicaron los promotores del homenaje. Incluso expuse el proyecto en Zaragoza en una reunión de la Confederación Hidrográfica para trasladar lo acertado de esta idea. Es un reconocimiento al esfuerzo que hicieron generaciones anteriores al abandonar sus pueblos, que en la mayor parte de los casos igualmente implicaba dejar atrás sus vidas. Este acto es un homenaje al sacrificio de unos pocos en pos del beneficio de muchos».

«Nunca agradeceremos bastante aquella solidaridad de los que renunciaron a su vivienda» Dolores gorostiaga | presidenta del parlamento

Tras la despedida en Arroyo, una abarrotada Casa de Cultura de Reinosa tomó el testigo en la conmemoración de la efeméride. Allí se abundó en la historia del Pantano, de los desahuciados por el proyecto y de los reclusos republicanos, aunque no todo giró en torno al pasado, sino que también se abordaron planteamientos de mejora para el aprovechamiento futuro. Tras presentar el libro de Jesús Fernández Navamuel, la jornada concluyó con una actuación musical, la del rabelista Rafael Seco interpretando las ‘Coplas del Pantano’.

Un epílogo sonoro que contrasta desde ya con el silencio que embriaga el enclave de la presa de Arroyo donde la historia ha cerrado el círculo. Lorenzo Pardo tiene nuevos vecinos. Marcados por el dolor, pero también por el orgullo.

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