Colectivos animalistas piden que se prohíba la fiesta de la Gata Negra

La gata es transportada en un carro tirado por un burro, escoltado por los vecinos del pueblo. :
La gata es transportada en un carro tirado por un burro, escoltado por los vecinos del pueblo. : / DM
Voto

La celebración, que data de 1477 y está calificada de Interés Turístico Regional, se celebrará en Carasa el 16 de agosto

IRENE BAJOCarasa

Todos los 16 de agosto, desde el año 1477, el pueblo de Carasa, en Voto, celebra la fiesta de la Gata Negra, declarada de Interés Turístico Regional. El festejo consiste básicamente en soltar por el pueblo una gata negra que, según el camino que tome, augurará buenas o malas cosechas. El animal es transportado por un burro y escoltado por cientos de personas disfrazadas. Tras varias denuncias anteriores de la asociación ecologista ARCA, la fiesta se suavizó y el gato es ahora trasladado en un transportín y no en un saco como se hacía anteriormente. Es, en definitiva, una tradición que se remonta a hace más de quinientos años, de fuerte arraigo en el municipio y de marcado carácter ritual, agrícola y también carnavalesco. Y una fiesta sobre la que los colectivos animalistas han puesto sus ojos, al considerar que existe maltrato con el felino.

El Gobierno cántabro define la celebración de Carasa como «un ritual único en España»

Pacma, principal partido político español animalista, exigió este miércoles, a través de un comunicado, que se suspenda la fiesta, advirtió al Ayuntamiento de Voto y a la Guardia Civil de la «ilegalidad» del festejo y anunció que, en el caso de que se celebre, denunciará a las autoridades por consentir un evento «basado en el maltrato animal».

Al tiempo, el colectivo denominado Acción para el Respeto Animal ha iniciado una campaña de recogida de firmas a través de la plataforma 'change.org' para que la gata sea sustituida por una persona disfrazada o un peluche. La propuesta contaba ayer con cerca de 58.000 firmas.

El partido animalista amenaza con denunciar a las autoridades si no se suspende la fiesta

La petición, que va dirigida al presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, a la directora general de Turismo, Eva Bartolomé, y al alcalde de Voto, José Luis Trueba, rechaza que «se utilice a un animal como parte del divertimento en las fiestas», por lo que solicitan que se realice la fiesta sin utilizar un animal, ya que a su juicio, un peluche o una persona disfrazada de gato «puede ser suficiente para mantener esta fiesta pero quitando el componente de maltrato animal».

Una gata negra es la protagonista de un festejo que tiene más de 500 años de historia. / DM

Pacma, por su parte, ha solicitado que se vele por el cumplimiento de la ley y no se autorice esta «cruel fiesta, propia de siglos pasados» y avisa de que de lo contrario, y en el caso de que el Ayuntamiento de Voto siga adelante, denunciará a las autoridades «por consentir y amparar un festejo basado en el maltrato animal que no tiene cabida en la legislación española». Y es que Pacma considera «inadmisible que las agresiones a animales sigan siendo el eje central de multitud de fiestas patronales que amparan y perpetúan la violencia bajo la excusa de la ley».

Se celebra en Carasa (Voto) desde el año 1477, por lo que tiene más de cinco siglos de historia

«Ritual único»

El Gobierno de Cantabria, en su página web de Turismo de Cantabria, describe la fiesta de la gata negra como «un ritual único en España» y recuerda que la historia se remonta a 1477, año en el que se originó la celebración. En ese año, una sequía asolaba y amenazaba las cosechas del pueblo de Carasa; la leyenda cuenta que Manuel Otero, alcalde de aquella época, trajo una gata negra en procesión que tenía fama de tener poderes. Al soltarla, la gata se fue hacia la mies y aquel año, como si de un milagro se tratase, las cosechas mejoraron.

Por ello, todos los vecinos de Carasa, año tras año, están pendientes del camino que tomará la gata en su huida. Antaño si se dirigía hacia la mies era presagio de fertilidad en los campos y buenas cosechas; sin embargo, si huía hacia el Pico Carrasco era señal de malos augurios. De ahí el marcado carácter agrícola de esta celebración.

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