Santander ha perdido más de 10.000 habitantes en los últimos siete años

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La capital de Cantabria perdió con respecto a 2015 un total de 1.301 habitantes. / Javier Cotera

  • La capital contaba a 1 de enero de 2016 con 172.656 vecinos, los mismos que a finales de los años setenta

La línea roja de la gráfica pierde altura. Cae. De forma brusca, muy rotunda. Se desmorona, sobre todo, en los últimos años. Desde 2009 son 10.044 vecinos menos en la ciudad. Sin esforzarse en los cálculos, la sangría supera la pérdida de más de mil habitantes por recuento. Y si uno va un poco más atrás y se traslada a 2001, el mejor año de la serie –en la tabla del Instituto Nacional de Estadística (INE) se ofrece el dato desde 2000–, la pérdida de población de Santander, la capital de Cantabria, está por encima de los 12.500 empadronados. "Si la ciudad se va convirtiendo en un espacio para comercio, las gestiones administrativas y el turismo, como está ocurriendo, entonces hay que preocuparse", advierte el sociólogo de la Universidad de Cantabria Juan Carlos Zubieta. "Que un territorio pierda población de forma continuada es un indicador de que existe un problema serio". Y Santander lleva tiempo perdiendo santanderinos.

A 1 de enero de 2016, la cifra exacta era 172.656, similar a la de finales de los años setenta. Según los datos disponibles en el INE, en la capital hay un mayor número de mujeres que de hombres. En concreto, 93.038 frente a 79.618 (una diferencia considerable). Pero lo importante es la comparación de los totales. Con respecto al año anterior son 1.301 habitantes menos. "El descenso de población es una tendencia general en las capitales de provincia españolas y en muchos municipios de Cantabria. Aun así, el dato a 1 de enero de 2016 representa la menor pérdida de población desde el año 2009", asegura Ana González Pescador, concejala de Economía, Hacienda, Empleo y Desarrollo Empresarial, que minimiza el impacto de la cifra. "Las estadísticas del INE indican que dos de cada tres cántabros trabajan o hacen vida en Santander, aunque no residan en la ciudad, lo que demuestra que sigue siendo el principal motor de la comunidad autónoma". A juicio de la concejala, uno de los principales motivos de la caída se encuentra en "el saldo vegetativo negativo". "Mueren más personas de las que nacen, lo mismo que sucede en otros muchos municipios cántabros y españoles por el envejecimiento de la población. En concreto, en Santander cada día mueren cinco personas y nacen tres. De los 1.301 habitantes menos de 2016, el 58% es como consecuencia del saldo vegetativo negativo, mientras que el resto es el saldo por migración con municipios limítrofes o a otros lugares tanto en España como fuera del país".

También Zubieta habla de causas. "La población emigra –explica el sociólogo– cuando un territorio no le proporciona los recursos necesarios para vivir disfrutando de una cierta calidad de vida". El responsable del Taller de Sociología de la UC se explica: "Todos buscamos lo mismo: trabajo, vivienda, servicios sociales, equipamientos educativos y recreativos, espacios de ocio, seguridad, calidad medioambiental... Si no encontramos trabajo emigramos; si la vivienda es cara nos vamos a vivir a otro municipio. Los otros factores mencionados son importantes, pero estos dos son fundamentales". Y también incluye en su análisis las "comunicaciones y los medios de transporte". "Si hay buenas comunicaciones tenemos mayor facilidad para vivir en un municipio y trabajar en otro" (algo que encuentra acomodo en los crecimientos espectaculares de ayuntamientos como Piélagos o Santa Cruz de Bezana, por ejemplo).

Riesgos y medidas

Esos son causas. Pero hay consecuencias. "Si, como está sucediendo, los que se van son los jóvenes, entonces se hipoteca el futuro. Una ciudad con la población envejecida es una ciudad con más problemas. Que los jóvenes se marchen significa un despilfarro social. Si se pierden las capacidades, las energías, las iniciativas de esos jóvenes el futuro será más gris, la sociedad será más pobre". En la receta del experto figuran la "reactivación económica" y la "política de ayuda a la vivienda". "La demanda de vivienda de las clases acomodadas de Madrid, Burgos, País Vasco, etc., que buscan una segunda vivienda para el verano y los fines de semana, provoca un incremento de los precios y, como resultado, ese alto coste expulsa a los más jóvenes y con menos recursos", añade Zubieta.

González Pescador explica la gestión que se ha realizado precisamente en los dos frentes que señala el sociólogo. Lo que se ha hecho para combatir estas tendencias. La concejala recuerda que, desde 2006, "se han promovido y entregado 1.018 viviendas de protección oficial a unos precios muy inferiores a los del mercado libre". Eso, explica, ha evitado que esas familias "tengan que dejar la ciudad en busca de una vivienda más barata". También recuerda que "Santander es la sexta capital de provincia más cara en vivienda". "Y, a pesar de eso, el saldo negativo respecto a municipios limítrofes (Camargo, Bezana y El Astillero) fue de tan solo 135 personas en 2014, que es el último dato publicado. Podemos decir –afirman desde el Ayuntamiento– que la construcción de vivienda protegida ha conseguido frenar el saldo migratorio negativo de Santander en relación a los municipios limítrofes".

Vivienda y lucha contra el paro. González Pescador saca a relucir las "medidas del Pacto Local por el Empleo". "Desde que se firmó, en marzo de 2015 hasta diciembre de 2016, el paro ha bajado en Santander un 9%, reduciéndose en 1.356 personas", dice. La concejala añade, por último, que "la tasa de juventud (los habitantes menores de 15 años) lleva varios años aumentando en Santander, y se sitúa en el 12%".

Plan General

Más allá de retos y consecuencias, la evolución del número de habitantes de Santander entra de lleno en otro debate muy actual. El Plan General de Ordenación Urbana tumbado por el Supremo establecía unas coordenadas pensadas para una ciudad futura con 260.000 habitantes. Más aún, esa cantidad fue el resultado de un ajuste de las primeras previsiones, porque la estimación inicial en base a los estudios demográficos que se realizaron cuando se trabajaba en la redacción del documento llegó a ser de 337.000 vecinos. Esos cálculos están siempre presentes en las críticas dirigidas a los responsables urbanísticos del Ayuntamiento desde distintos sectores de la oposición y desde algunos colectivos. Planeamiento "especulador", llegó a decir el portavoz municipal de los socialistas, Pedro Casares. El equipo de Gobierno siempre se ha aferrado, en ese sentido, a lo dicho por los tribunales. Que la necesidad de 35.316 nuevas viviendas –explicaba el Tribunal Superior de Justicia– no se basaba sólo en que la población fuera a crecer más o menos. Que debían tenerse en cuenta aspectos como el crecimiento de los hogares unipersonales, las segundas residencias, el alto precio de la vivienda... Y en que el Supremo –que tumbó el documento por lo relacionado con el bitrasvase– no cuestionó este punto.