«Estamos hundidos. Los recuerdos que hemos perdido no nos lo devuelve nadie»

Algunos de los vecinos del inmueble siniestrado conversan ayer con efectivos de Emergencias Sociales.
Algunos de los vecinos del inmueble siniestrado conversan ayer con efectivos de Emergencias Sociales. / Antonio 'Sane'

Los vecinos desalojados miran desde la calle con impotencia e indignación el edificio siniestrado: «Nunca piensas que te puede pasar algo así»

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

La hija de Carolina Sánchez, la vecina que en la mañana del miércoles alertó al 112 de las enormes grietas que avanzaban por la pared de su piso y de los sonoros crujidos que vaticinaban lo peor, no podía contener las lágrimas contemplando en la tarde de ayer el estado en el que ha quedado el edificio de la calle del Sol 57, ese donde su madre vive desde hace seis años. Desde el contiguo parque de Tetuán no daba crédito a lo que veían sus ojos un día después de que se desplomara la fachada contigua al túnel de Tetuán. Sus gestos hablaban por ella y transmitían la misma impotencia, rabia e indignación que sienten cada uno de los 27 vecinos afectados.

Uno de ellos, Benjamín Gándara, reconocía que están «hundidos» mientras miraba desde la calle el piso -el 3º izquierda- donde ha vivido los últimos 42 años y cuyo interior es hoy visible desde el exterior tras derrumbarse el salón. Un mueble bar es lo único que queda en pie de una de las estancias preferidas de su hogar. «Hemos perdido todos los recuerdos y, aunque se depuren responsabilidades, estos no nos los va a devolver nadie», expresa.

Justo debajo de Gándara vivía Manuel Díaz, en el segundo izquierda que ha quedado reducido a escombros. «¡Me he quedado sin nada! La vivienda está destruida. Es un choque psicológico muy fuerte», comenta este santanderino que llevaba apenas dos meses residiendo allí. «Estaba recién amueblado...», recordaba aún sin poder creerse lo que había pasado porque «nunca piensas que te puede pasar algo así».

«¡Me he quedado sin nada! Es un golpe muy fuerte», indica Manuel Díaz, residente de uno de los pisos destruidos

«Estoy muy triste», sentenciaba Julio Gago, que, igual que el día anterior, ayer tenía muy claro que las causas del derrumbe están en las obras que se realizaban en el local de la antigua coctelería Master, ahora en manos de la sociedad Dos Imanes que lo estaba reformando para convertirlo en un bar de copas. «Han querido hacer más de lo que podían. Desde hace tiempo los vecinos hemos denunciado que la obra era ilegal y les han llamado la atención varias veces... Hasta que ha pasado lo que ha pasado», relata Gago, que celebra que no haya víctimas y que el inmueble no se haya derrumbado por completo, lo que aviva la posibilidad de salvar la parte que sigue en pie. Esa es la intención actual del Ayuntamiento. «Otros casos han sido peores», recuerda este vecino, residente en el segundo derecha, la parte del edificio menos afectada, que espera poder entrar «en algún momento» a su vivienda a recoger cosas. «Lo tengo todo nuevo», subraya.

La mayoría de los desalojados se acercaron ayer hasta la zona. Algunos por la mañana, tras pasar su primera noche fuera de casa con el recuerdo del suceso en la cabeza que dificultó conciliar el sueño. Y casi todos por la tarde, cuando se reunieron en el Centro Cultural Doctor Madrazo. Allí, la administradora Gema Rojo, la presidenta de la comunidad de vecinos, Jana Coloma, y su marido, Eduardo Hernández, les dieron detalles de la cita que habían tenido horas antes con la alcaldesa Gema Igual para analizar la situación actual y los pasos a seguir a partir de ahora.

Tatuadores sin poder trabajar

Contiguo al local donde se realizaban las obras que han podido causar el derrumbe del edificio y sólo separados por el portal del mismo se encuentra el estudio de tatuajes Alma Mater, que dirigen el tatuador David Poncela y su mujer, la diseñadora Garbiñe Landeta. Ellos -junto a otro empleado que tienen contratado- no pueden acceder al trabajo que supone su medio de vida. Y lo peor, que nadie les puede asegurar hasta cuándo. «Ahora mismo no sé qué vamos hacer», relata Poncela. «Ya llevamos dos días sin trabajar y los recibos van a seguir llegando -ellos son autónomos-. Hay que pagar la casa, el local alquilado, la comida, no sé cómo vamos a vivir con gastos y sin ingresos», añade.

Poncela explica que su caso «es complicado» de resolver de forma momentánea porque «para trabajar necesitamos un local acondicionado y con todas las medidas de sanidad necesarias», tal y como relató a la alcaldesa. Además, la mayor parte del material continúa dentro del local, ya que apenas pudo recoger «una máquina, una pantalla, cuatro agujas y unos papeles» cuando pudo acceder el miércoles al local a toda prisa acompañado por un bombero. No les queda más remedio que «esperar» antes de tomar decisiones.

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