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«Pensé que no volvería a ver a mis hijos»

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«Pensé que no volvería a ver a mis hijos»

Salva su vida al apearse del coche, averiado en medio del túnel de Las Caldas, instantes antes de que un camión se lo llevase por delante

30.04.11 - 00:13 -
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Luis Urbistondo, delante de los bomberos y del amasijo de chatarra en el que quedó convertido su coche. / Foto y vídeo: Sane
La biografía de Luis Urbistondo, argentino residente en Cantabria desde hace unos quince años, no concluía ayer. Por mucho que una suma de fatalidades le pusieran el 'The end' de frente, ahí está para contarlo y para volver a abrazar a sus hijos, que es lo primero que hizo, aún «shockeado», después de «volver a nacer».
El expresidente de la cantera de la Gimnástica -dimitió por motivos laborales a finales de 2010- circulaba por la A-67 ayer al mediodía cuando su coche quiso averiarse justo en medio del túnel de Las Caldas, a la salida de Riocorvo. Su comportamiento fue de manual: se puso el chaleco fluorescente y salió del vehículo para colocar los triángulos reglamentarios a una distancia prudente. Llamó a la grúa y se puso a esperarla al lado del coche, pero sobre la acera.
Entonces, relata Urbistondo, «tuve la feliz idea de llamar a mi mujer y meterme otra vez dentro del coche para poder hablar, porque en el túnel había mucho ruido». Entra, habla, cuelga, sale, se aleja un par de metros y, de pronto, un camión se traga su turismo.
Todo ocurrió a escasos metros del aterrorizado Luis y en unos segundos eternos en los que adivinó lo peor: «Yo procuré dejar el coche bien pegado a la acera, en el carril de la derecha. Pero de pronto vi a ese camión circulando deprisa por el mismo carril, que no tenía intención de salvar el obstáculo y pasarse al carril de la izquierda, ¡que se lo lleva por delante!, pensé». Y se lo llevó.
A Luis le dio tiempo a alejarse unos diez metros, desde donde sintió «un impacto brutal». Tan fuerte fue el golpe que su coche quedó «en destrucción total, como un amasijo de chatarra». Fue arrastrado 150 metros, sacándolo al exterior bajo sus ruedas, y a su paso el camión colisionó contra la pared y arrancó las tomas de agua instaladas por seguridad. Al estruendo del accidente siguió «una lluvia en todo el túnel».
A Luis le cuesta explicar qué sintió en esos momentos. «Que no volvía a ver a mis hijos, que esta mañana salí de casa sin despedirme de ellos, y no volvería a verlos más. Que mi vida cambió en un minuto». Antes de celebrar su buena fortuna, su sentimiento fue de «susto y profunda tristeza», sobre todo por la actitud del conductor del camión, «que en ningún momento se dirigió a mí siquiera para preguntarme algo, si estaba bien o qué».
El propio Luis llamó a la Guardia Civil en cuanto ocurrió el accidente, que se presentó en pocos minutos. Los agentes «se portaron de maravilla conmigo, también los de la ambulancia, los bomberos... En todo momento comprendieron mi estado de nervios, estuvieron a mi lado... menos el camionero. No sé por qué». Cuenta que hasta una pareja de médicos que circulaba por el túnel instantes después del choque se apeó del coche para preguntar a Luis si estaba bien y necesitaba algo. «Y allá nadie entendía la postura del otro señor».
Al margen de esa espina, Luis, que celebró su cincuenta cumpleaños el 30 de diciembre, dice que a partir de ahora el 29 de abril será su día, «porque he vuelto a nacer, ya lo creo. Lo que pasó, pasó; los coches van y vienen, y yo estoy aquí».
Se fue a casa, a abrazar a sus cuatro hijos, de entre 14 y 26 años, «que aún están conmocionados» y a replantearse la vida. «Pedrito, el de 15, está en la Gimnástica, y ni puedo ir a verlo jugar del tiempo que me lleva ser comerciante. A ver si el año que viene puedo volver a implicarme en el club, que tuve que dejarlo porque tengo que trabajar hasta sábados y domingos, para dar de comer a mis cuatro fieras...».
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