El olvido del Sahara Occidental

Quienes seguimos con interés la evolución del Sahara Occidental, tenemos la impresión, en ocasiones, de que el Gobierno de España ha olvidado la existencia del pueblo saharaui y la permanencia en el tiempo de un conflicto de descolonización no resuelto, subordinando su posición al temor de indisponer a las autoridades marroquíes.

No puede olvidarse, que fue España la potencia colonial del Sahara Occidental y que desde 1975 tiene la responsabilidad política y moral ante la comunidad internacional de no haber actuado con la diligencia que exigía un problema de esa naturaleza.

Es cierto que España, siguiendo las normas del derecho internacional no reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio del Sahara en tanto no se celebre el referéndum de autodeterminación de los saharauis. En esa situación, crece la presión discriminatoria marroquí en su voluntad de asimilar a la población oriunda del Sahara Occidental que permanece viviendo en el territorio ocupado por Marruecos.

La acción solidaria de la sociedad civil y de algunas instituciones ha mantenido una relación activa con el pueblo saharaui refugiado en los campamentos situados en territorios de Argelia. Esa acción solidaria no ha sido posible con los saharauis que viven en el Sahara Occidental ocupado por Marruecos, de tal manera que esos saharauis han perdido la relación con España, con su lengua y su cultura. Su conexión actual es con Marruecos, la lengua que aprenden es el árabe clásico y el idioma que utilizan en sus relaciones administrativas es el francés.

Algunos de los saharauis residentes en el territorio ocupado a la fuerza por Marruecos, se han convertido en caciques locales, bien engrasados por el Majzen y los dirhans gubernamentales. El consejo Real para Asuntos del Sahara está hoy dirigido por saharauis, algunos de ellos antiguos dirigentes del Frente Polisario, que aceptaron en su momento las generosas ofertas de Marruecos. Los disidentes y quienes se oponen a la política oficial del Monarca alauita y su gobierno, conocen lo que es la represión. Porque a pesar de los esfuerzos en inversiones, subsidios y dádivas, Marruecos no ha logrado la simpatía de los saharauis.

La política de Marruecos (las elecciones municipales del pasado 12 de junio así lo demuestran) sigue estando sometida al fanatismo, a la irracionalidad, al tribalismo más arcaico, al uso abusivo del dinero y la explotación de sentimientos xenófobos.

La modernidad de la que en ocasiones habla el monarca Mohamed VI es hoy en Marruecos un concepto bastante vacío de contenidos. Como sigue sin contenidos el mensaje del mismo Mohamed VI, cuando en noviembre de 2008 hablaba de trabajar en "la dinámica de una regionalización avanzada y gradual", mensaje repetido el pasado 30 de junio, con motivo del décimo aniversario de su entronización.

Lo que daría credibilidad al autocrático sistema marroquí sería una efectiva democratización de su sociedad y sus instituciones. Entonces sería más fácil encontrar soluciones al problema del Sahara Occidental.

Desde la firma de los pactos de Madrid en 1975 por los que el Gobierno de España renunció de hecho a la solución pacífica de la descolonización del Sahara, las posiciones apenas han variado. El Frente Polisario defiende la independencia mediante un referéndum de autodeterminación y Marruecos defiende la marroquinidad y anexión del territorio.

La exhortación a las partes por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (30 de abril de 2007) de que establezcan 'negociaciones de buena fe sin condiciones previas', instando a una 'solución política justa, duradera y mutuamente aceptable' para concluir en la libre determinación del pueblo saharaui, no ha dado hasta ahora el resultado deseado.

La razón moral sigue estando en el lado saharaui, pero el Consejo de Seguridad de Naciones Unidad, instando a ese acuerdo, no es capaz de imponer una solución a un conflicto que dura demasiadas décadas.

El pacto de Madrid de 1975 se firmó por dos dictaduras. Ello fue determinante para que los contenidos del pacto no fueran bien recibidos por la Comunidad Internacional. España había decidido llevar a cabo unilateralmente un referéndum de autodeterminación. Marruecos no aceptó y vio que se ponían en riesgo sus intereses de anexión territorial.

España terminó por claudicar con aquel pacto de 1975 por el que transfirió la administración del Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania. Mauritania se retiró en 1979 lo que propició que Marruecos ocupara todo el territorio del Sahara de norte a sur. Marruecos ha obstaculizado la celebración de un referéndum de autodeterminación que se ha ido aplazando una y otra vez.

Las conversaciones y negociaciones directas entre Marruecos y el Frente Polisario, unas veces públicas y otras más discretas, comenzadas en 2000 y auspiciadas por el entonces Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan y su enviado especial James Baker no han producido resultados en la reconciliación de las partes y en la solución del conflicto.

Cuando redacto este comentario, delegaciones del Frente Polisario y Maruecos se reúnen convocadas por el representante de la ONU para el Sahara Christopher Ross, tratando de reanudar el diálogo interrumpido en marzo de 2008 y de preparar la próxima ronda de negociaciones.

Seguramente el Sahara Occidental no esté en las prioridades de la administración norteamericana, de la presidencia francesa o de la diplomacia española. ¿Condenamos, por ello, al olvido al pueblo saharaui que ha soportado más de 30 años de represión, exilio y sufrimiento? Somos muchos los que nos negamos a llevar al olvido el conflicto del Sahara Occidental y los que desearíamos que la diplomacia española se implicara decididamente en el acompañamiento a las partes en una negociación que produjera como resultado el reconocimiento del pueblo saharaui con entidad diferenciada del marroquí y que se produjera una solución sin vencedores ni vencidos.

¿Es posible esa solución en el actual marco institucional de Marruecos? Seguramente sería más fácil en un Marruecos descentralizado y democrático. Entre la independencia que defiende el Frente Polisario y la anexión que desea Marruecos, caben fórmulas intermedias, pero corresponde a las partes acordarlas.

La sociedad civil española está colaborando a que el Sahara Occidental no se olvide. A las diplomacias de los países con intereses en la zona les corresponde colaborar en la solución pacífica del conflicto. A las partes directamente implicadas, Marruecos y Frente Polisario, les corresponde encontrar las fórmulas razonables y equitativas de reconciliación y encuentro, tomando en cuenta el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.