El Museo Marítimo quiere exponer el «mayor calamar gigante hallado en Cantabria»

Los expertos miden y pesan el calamar antes de prepararlo para su conservación. / Javier Cotera/
Los expertos miden y pesan el calamar antes de prepararlo para su conservación. / Javier Cotera

Gerardo García-Castrillo, director del centro, destaca el interés científico y divulgativo que posee el extraordinario cefalópodo de Pechón

TEODORO SAN JOSÉSantander

«Sería un desastre tirarlo o incinerarlo. Se trata de una pieza de interés científico y cultural importante y nuestro deseo es exponerlo». Gerardo García-Castrillo tira de metro y anota: 8,08 metros desde la punta del tubo hasta el extremo del largo tentáculo. Previamente habían pasado por la báscula, donde la aguja señaló hasta los 150 kilos. «Grande es», resume con media sonrisa las características del calamar gigante que apareció el martes en la playa de La Arena, de Pechón (Val de San Vicente) y del que se han hecho cargo para su conservación.

García-Castrillo, director del Museo Marítimo del Cantábrico (MMC), considera que el ejemplar de Architeuthis Dux que han tenido entre sus manos es una pieza «científicamente singular» y que, si bien se conocen otros cefalópodos de superior tamaño aparecidos en Asturias, se trata del mayor calamar gigante que se ha visto en Cantabria. «Además de otras consideraciones, también tiene interés divulgativo», explica el director al tiempo que reconoce las limitaciones de su institución para contar con los medios suficientes para exponer los restos del animal y mantener un ejemplar de las características éste. Como ya lo están los dos ejemplares juveniles de esta misma especie que han aparecido estos últimos cinco años en las playas de Comillas y San Vicente de la Barquera.

Si no fuera posible, García-Castrillo tampoco descartaría hacer una reproducción en poliéster a tamaño real del calamar gigante encontrado. Pero estima que el ejemplar hallado en Pechón «merece ser expuesto», y si no es allí, que lo sea «en otro centro de divulgación». La decisión última corresponde a la consejería de Cultura, que valorará con los biólogos del MMC el futuro de la pieza, si bien el director no oculta que su deseo sería exhibirlo en el Museo de aquí a tres meses.

Porque ése es el tiempo máximo que aconseja la técnica para mantener en el congelador este tipo de piezas. Lo ideal serían dos meses, mientras se prepara la vitrina se calcula como mínimo una de cuatro o cinco metros de largo por 80 centímetros de ancho y alto donde luego exponerlo al público. Ayer comenzó a contar esa supuesta cuenta atrás. Y es que después de varias horas de limpieza y preparación en los sótanos del MMC y no sin cierto esfuerzo de cinco personas para mover ese muerto de 150 kilos, el ejemplar ya reposa en una cámara frigorífica, a una temperatura de 18º, después de un primer golpe de frío a 20º.

Por muerte natural

El director y un equipo de biólogos y técnicos de laboratorio se habían afanado previamente en estudiar y analizar el cefalópodo que, si acaba expuesto, sería el tercero de mayor envergadura del MMC tras los esqueletos de una ballena y de un cachalote que cuelgan en el vestíbulo. Los más de ocho metros de envergadura se reparten entre los 1,68 metros que mide el tubo (lo que podría entenderse como tronco), los 40 centímetros de la cabeza y los 6 metros del tentáculo. Los brazos que rodean la boca, más cortos, miden alrededor de dos metros.

Los primeros análisis del calamar gigante indican que se trata de un ejemplar hembra, con su boca-pico de loro intacta y que pudo morir por vejez (pueden alcanzar tres años de vida) ya que no presenta bocados ni signos externos de ataques (suele entrar en el menú de cachalotes o ser víctimas de sus propios congéneres), como tampoco trazas de virus o patologías de ninguna enfermedad. Eso sí, tenía sus dos grandes ojos reventados, lo que se considera una incidencia normal.

Antes de garantizar la perfecta conservación de esta pieza para ser congelada, los biólogos también tomaron muestras del Architeuthis Dux para una necropsia y un estudio anatómico interno por parte de los veterinarios del centro.

Para su perfecta conservación, a lo largo de la mañana se inyectó alcohol al calamar y luego se le recubrió de un papel de conservación humedecido con formol al 10% para forrarle finalmente con una película de papel transparente. Y de ahí al congelador donde durante estas próximas semanas, y junto a otros objetos, el calamar tendrá de compañía una pieza de tiburón zorro de dos metros.

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