El día que la santanderina Carolina Campo le llevó la contraria a Winston Churchill

El día que la santanderina Carolina Campo le llevó la contraria a Winston Churchill

La jugadora del equipo femenino del Aldro Independiente Rugby Club cuenta cómo empezó a jugar y cómo este deporte le ha dado tantas cosas buenas

Gemma Alonso Monedero
GEMMA ALONSO MONEDERO

Quedo con Carolina Campo Bezanilla (Santander, 1984) en el Campo de San Román, las instalaciones del Aldro Independiente Rugby Club. Nos ha costado mucho que llegara este momento. Es una mujer muy ocupada y a mí ya me podía la impaciencia. Llega un poco más tarde de la hora. Está claro que su vida es muy movida y va siempre con el tiempo pegado. Todo eso deja de importar cuando se baja del coche y te sonríe francamente y se disculpa. Rápidamente baja a la niña y la llevamos al entrenamiento. Ahora tenemos un rato para nosotras...

Es alegre, sonriente, franca. Al fin y al cabo no nos conocemos. A mí me han hablado de ella y a ella le han «metido en este lío» de Cantabria DModa, pero no tiene problema. Empieza a hablar, tal y como ha llegado, como un vendaval.

«Tengo pareja desde hace 15 años. Es también del mundo del rugby y tenemos dos niñas. Nos conocimos en un curso de entrenadores en Pamplona y no volvimos a separarnos». Carolina estudió en el Colegio de La Anunciación. Le comento divertida que la semana pasada había entrevistado a Ana San José, la directora actual. La vida tiene estas pequeñas casualidades.

Fue en el colegio donde la 'captaron' para el rugby. Un samoano (el rugby es el deporte nacional de Samoa) visitó su colegio junto a otros jugadores del Independiente en una campaña de reclutamiento que hizo el club santanderino. Aquel 'rugbier' le dejó impactada con sus tatuajes, su lenguaje y lo que les contó de este deporte. Fueron muchas las que se apuntaron a esta iniciativa.

La santanderina Carolina Campo durante uno de sus viajes.
La santanderina Carolina Campo durante uno de sus viajes.

Cuando a La Albericia era 'el pozazal'

Entrenaban en La Albericia. Lo llamaban'el pozazal', «así que imagínate como era... Pero el rugby era emocionante y divertido y nunca lo he podido dejar». Todo ello supuso que muchas personas entraran en su vida, personas que llegaron para quedarse y que, ahora, son sus mejores amigos y camaradas.

Le encanta formar parte del equipo porque hay mujeres de edades muy variadas, desde los 17 hasta los 34 que tiene ella. «Somos como las hermanas mayores de las más jóvenes. Les ayudamos, les aconsejamos y les transmitimos los valores de este deporte».

Son muchos los cántabros que admiran y valoran el rugby, su fortaleza, sus formas nobles, su deportividad, el respeto al contrario, al árbitro... Carolina se pone seria, «las formas lo son todo». «Estos valores los entiendo también en la vida real». Carolina considera la práctica deportiva fundamental. «Me libera, me despeja, estás concentrada. Es mi descanso». No es habitual que las mujeres dediquen mucho tiempo al deporte, que encuentran dificultades para encontrar ese tiempo y ella reivindica que «todas debemos tener nuestro espacio».

Carolina, en el centro, motivando a sus compañeras de equipo.
Carolina, en el centro, motivando a sus compañeras de equipo.

Comenta la mucha preparación física que es necesaria. «Es un deporte de mucho contacto, de mucho impacto. Tienes que estar preparada para dar y para recibir golpes. Tienes que ir dura a cada golpe porque si no, puedes acabar lesionada» Nos reímos las dos porque le digo que da miedo oírla. Pero contesta convencida, «es un deporte superbonito, muy comprometido tanto física como mentalmente»

Echamos la vista hacia atrás otra vez y hablamos de sus comienzos. Al principio, de jovencita, jugaban con los chicos en un equipo mixto. Lo que le faltaba de fuerza, lo ganaba por habilidades y por inteligencia. Al hacerse mayores, empezaron a hacerse daño. Ya solo quedaban tres chicas de todas las que habían empezado. Ella se informó y se incorporó al equipo de Getxo. Una vez a la semana cogía el autobús a Bilbao, luego el metro a Algorta y luego andando hasta el campo de rugby de Fadura para entrenar. Salía a las cinco de la tarde y llegaba a la una de la mañana. Así varios años. Su afición era indestructible.

Hace cinco años que el Independiente Club de Rugby puso en marcha el equipo femenino y en él milita ahora. Nota la diferencia de nivel entre los chicos y las chicas porque ellos tienen más continuidad. Desde pequeños hasta la División de Honor. Su club de rugby acaba de cumplir 47 años. Es un club con mucha tradición deportiva en Santander y una gran vida social y familiar en torno a él.

Llevamos un buen rato de conversación, pero su entusiasmo no decae. Transmite un sentimiento de positividad contagioso. Tiene muy claro que «lo que no te hace feliz hay que cambiarlo, hacerlo de otra manera».

No puedo dejar de preguntarle si alguna vez ha sentido miradas con prejuicios por practicar un deporte en el que la fuerza y el impacto son tan fundamentales. «Sí... Más de pequeña que ahora. Ahora sabría cómo contestarles o pasaría de ciertos insultos. En su momento, me dolieron los comentarios despectivos, que si éramos marimachos, lesbianas, en fin... Ahora me parecen tonterías». Se muestra muy segura de lo que hace y a lo que pertenece.

Como sorpresa final, me comenta que forma parte de la Junta Directiva. Macario Fernández-Alonso, el actual presidente, le propuso involucrarse y poder contar con ella en la toma de decisiones del Independiente Rugby Club. Está feliz porque siempre es de proponer cosas y de llevarlas a cabo. «Vamos, ¡qué eres una líder!», le digo y se pone a reír. Reconoce que la gente le hace caso y le escucha. «Es importante para la Junta Directiva que sea una jugadora en activo y siento que mis proyectos son tenidos en cuenta».

Carolina Campo con sus dos niñas,
Carolina Campo con sus dos niñas,

Terminamos. Ha sido una entrevista abierta y variada. Hemos ido y hemos vuelto en su vida, teniendo como centro el rugby. Quizás otro día nos cuente más cosas íntimas. Hoy nos quedamos con su comentario más personal sobre su pareja «Juanjo es magnífico» y su cara feliz.

Creo que a día de hoy podríamos refutarle a Winston Churchill la frase de que «el rugby es un deporte de bárbaros jugado por caballeros». Carolina y cada día más mujeres 'rugbiers' se empeñan en llevarle la contraria.

 

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