Sin vacas no hay paraíso para la ganadera cántabra Marta García

Sin vacas no hay paraíso para la ganadera cántabra Marta García
Mela Revuelta

Descubrimos el carácter innovador de esta visionaria del mundo rural, cuyo valor e identidad defiende con vehemencia | Dirige su propia ganadería en Soba

Gemma Alonso Monedero
GEMMA ALONSO MONEDERO

El tiempo del día de la entrevista ya anunciaba cómo iba a ser el encuentro: impredecible, impetuoso, emocionante y con toda una fuerza de la naturaleza. El mar estaba muy revuelto y tuve que acercarme al Hotel Chiqui andando porque la policía no dejaba que los coches circularan por la Avenida García Lago. Ella, Marta García Martínez (Villacantid, 1979) ya había llegado y escogimos un rincón tranquilo para hablar. Me encontré con una mujer preciosa acostumbrada a los micrófonos, a la atención y a que la gente la escuche. En realidad, no puedes hacerlo de otra manera, su personalidad es segura y expansiva. Sabe de lo que habla y le encanta hacerlo y, por supuesto, le encanta que la escuchen. Tiene muchas cosas que contar y quiere decírselas al mundo entero. Y hablar del mundo rural, de su ámbito, de su patrimonio cultural, de lo que es su medio de vida, de su ganadería de Soba es lo que más le gusta.

«Nací con albarcas, esquís, un rabel y panderetas. Soy una persona arraigada a las costumbres y tradiciones. Un pueblo que no tiene identidad, no es un pueblo, es una sociedad. Me encanta cantar; siempre que ordeño, canto», asegura. Y escuchándola, estoy segura de que es totalmente cierto.

Se define como una ganadera a título principal, es decir, que cumple con los requisitos de que la totalidad de sus ingresos proceden de la ganadería y lo agrario. De hecho, paga el cupón agrario y tiene un código de explotación, a diferencia de los ganaderos secundarios. Dice que «el Gobierno de Cantabria habla de que hay 4.000 ganaderos en Cantabria, pero habría que preguntarse cuántos viven realmente exclusivamente de esta actividad ganadera». Considera que no es una cifra real y que la sociedad cántabra debiera de conocer profundamente qué es lo que se hace y qué políticas se aplican en el sector que es el que, realmente, les proporciona alimentos para su bienestar. El mismo que proporciona unos parajes impresionantes al territorio. «Porque Cantabria es infinita porque alguien la cuida», reivindica.

Momento de su trabajo como ganadera.
Momento de su trabajo como ganadera. / Mela Revuelta

Llegados a este punto, y por si alguna duda me quedaba, me doy cuenta de que estoy ante una 'vikinga' que lucha cada día por lo que cree y por un medio de vida que cientos de personas ya han abandonado. Básicamente porque es un medio que puede tratarte con dureza y hasta con crueldad. Ella sigue hablándome, cada vez, con más determinación. «La actividad ganadera en este país está mal vista, se la ve como de gente pobre que no vale para otra cosa. Conozco la realidad rural de Canadá, y allí el ganadero es muy respetado y considerado como una gran aportación a la economía de su país», cuenta. Tiene muy claros cada uno de sus argumentos. «En realidad, no sé si la gente se da cuenta de que las ciudades sin el campo no pueden comer y que es ahí donde permanecen, en ese 80% del territorio, donde permanecen las tradiciones y de donde proceden los alimentos de alta calidad», mantiene. Y añade, «el campo es como una montaña rusa, tenemos que trabajar 365 día al año/24 horas al día. Los animales no entienden de horarios ni de conciliación de vida laboral y familiar».

Sincera y auténtica

Todo esto casi me lo ha contado del tirón. Es un placer escucharla, porque te das cuenta de que habla con las tripas, que su sinceridad es total y que, para ella, todo es personal. Intuyo que su vida familiar es también así, e intento que entremos en ese aspecto para que todos la conozcamos un poco más en esa parte de su vida.

La separación de sus padres marcó en su adolescencia. «Eran otros tiempos y no era fácil llevar adelante esa decisión en un medio como el rural», confiesa. Ese hecho y el que coincidiera con su edad del pavo influyó en su vida inmediata y futura. Estuvo en un internado en Santander, en los Ángeles Custodios y fue a estudiar al Colegio de las Esclavas con 14 años. Esa época la vivió como un descubrimiento: el mar, la gente, los chicos. «Tengo unos recuerdos estupendos. Me acuerdo de las compañeras con las que compartí estudios y experiencias y los recuerdo con cariño», recuerda. Estudió Auxiliar de Enfermería, pero también trabajó sin descanso, unas veces fregando platos en Comillas y siempre en Campoo los fines de semana.

Marta es toda una trabajadora infatigable y una mujer alegre, que con su descaro te hace reír y vivir como propias sus vicisitudes. Su teléfono suena varias veces: Rubén, su hija, el del seguro... Todos la reclaman y la necesitan.

Nosotras seguimos con su historia de amor con el que hoy es el padre de su hija. Sin duda, es un libro abierto, no oculta nada. Le digo,«ya veremos luego qué podemos contar y le guiño un ojo». Me cuenta que su pareja, Rubén, estudió veterinaria en León y completó su educación en Portugal y Colombia. A la vuelta sacó una plaza en la zona de Soba y le dijo que «p'alante o p'atrás» y fue «p'alante». Ella no conocía Soba. Se encontró una casa sin luz y sin agua a los 23 años y pronto, embarazada. Me habla de Lucía con emoción y amor..., claro que también me habla, con risas, de los 46 kilos que engordó durante el embarazo.

«Siempre me ha encantado ayudar a los demás, quizás porque en el ámbito rural, los valores son esos».

Se pone seria y me dice que «hace dos años que he aprendido que tengo derechos, no sólo obligaciones, que tengo derechos como mujer, como persona, como ganadera, como madre...». Habla como una persona de los años cincuenta que como una mujer de 39 años, supongo que tiene que ver con el ambiente tradicional del mundo rural. Damos un salto en la conversación.

No ha dejado de hablar desde que llegamos, yo, de reír y de disfrutar. Estuvo un tiempo trabajando como auxiliar de enfermería en Valdecilla. «Siempre me ha encantado ayudar a los demás, quizás porque en el ámbito rural, los valores son esos. Pero no duré mucho tiempo», asegura. Es más, comparte un dilema que sufría en el hospital, «puedo entender que las personas mayores se mueran, pero no que lo hagan los niños». Así que lo dejó.

La cántabra empezó en el negocio ganadero desde cero.
La cántabra empezó en el negocio ganadero desde cero. / Mela Revuelta

En el año 2007 formó parte, como guía del Parque Natural del Valle del Asón, de la Red Cántabra de Desarrollo Rural y trabajó para la Red de Espacios Protegidos, pero no salió bien y vivió una mala experiencia que le hizo aprender mucho de la vida, y de las personas. Fue en el año 2013 cuando comenzó como joven ganadera desde cero, con 32 vacas casinas, 12 yeguas monchinas, dos razas autóctonas y en peligro de extinción.

En mayo de 2013 sufrió un revés cuando les quemaron su cabaña y todo su ganado se quedó en la calle. La nave que construyeron a continuación fue un proyecto integral de energías renovablescon paneles solares y, con esfuerzo, llegaron a albergar a más de doscientas vacas.

Marta cuenta todo esto sin apenas respirar. Es como en las películas cuando notas que va a pasar algo, que se acerca un momento definitivo, pero no sabes lo que es. Y pasó... Ese año, con el desnieve y la lluvia que cayó durante días, la montaña se vino abajo y se produjo un argayo que arrasó la nave. «Entraban piedras, árboles. Conseguí entrar con unos vecinos para soltar las vacas, la yegua y su pony. Fue una noche de locura, de terror y de un tremendo valor», recuerda. Me la imagino poderosa, con esa fuerza endiablada que nace de su carácter, luchando por su tierra y por su medio de vida.

Respiramos

En su vehículo de trabajo, orgullosa de ser una mujer rural.
En su vehículo de trabajo, orgullosa de ser una mujer rural. / Mela Revuelta

Avanzamos en el tiempo y me habla de la Asociación Aseamo Cantabria, de cómo consiguió imponerse -primero a través de un juicio, con la ley en la mano y luego con unas elecciones-, a los que ella llama «los dinosaurios que durante años dirigieron esta asociación y avalaron sus procesos electorales sin las debidas garantías democráticas». Participaron en las votaciones el 98% de los asociados y consiguió más del 80% de los votos, convirtiéndose en la única presidenta electa de una asociación de ganaderos de Cantabria.

Marta García Martínez se define como una «visionaria, aunque a algunos no les guste».

Sus productos son ecológicos, completamente naturales. Toda su producción la vende al supermercado BM, donde las inspecciones son tremendamente exigentes, «eso hace que crezcamos y que garanticemos la mayor calidad de los productos».

Su pareja lleva la parte veterinaria y ella propiamente la ganadera. Es la que trabaja, la que estudia, la que bucea en internet buscando nuevas oportunidades e innovación. «Todas las vacas llevan un dispositivo electrónico que te envía un mensaje al móvil cuando se ponen de parto, y así podemos acudir con toda celeridad a atenderlas. Todos los animales llevan también un GPS para tenerlos localizados en todo momento. Me dicen incluso el recorrido que han hecho y sabemos cuándo sube su temperatura y, por lo tanto, cuándo están a toro».

En su trabajo disfruta de unas vistas únicas en Soba.
En su trabajo disfruta de unas vistas únicas en Soba. / Mela Revuelta

Se define como una «visionaria, aunque a algunos no les guste». Ella idea proyectos, los presenta a subvenciones, los gestiona y se presenta a concursos de innovación ganadera. En 2016 consiguió, junto con otros 19 agricultores de toda España, el premio de 'Campo Innova' y fue a recogerlo a Madrid donde conoció a la ministra Isabel García Tejerina, de la que guarda un recuerdo entrañable.

En el año 2017 quedó entre los diez finalistas del Premio Joven Innovador, y tuvo que viajar a Bruselas donde se manifestó, una vez más, como es ella, sincera, realista y espontánea. No se cortó y reprochó en todo un Foro Europeo que «levitaran a 50 centímetros del suelo, ignorantes de la realidad ganadera actual, de su falta de comunicaciones y, a veces, de su carencia de lo más básico, como los servicios sanitarios, produciéndose, por lo tanto, lo más obvio, la despoblación del mundo rural».

Repleta de proyectos

Las Mujeres Empresarias de Cantabria también la hicieron un homenaje ese mismo año y sus tribunas en El Diario Montañés son famosas por producir más incendios en la sociedad rural que los que se producen desgraciadamente en los montes de Cantabria. Hoy no me queda espacio para hablar de todo lo que esta valiente y dura mujer ha hecho en estos últimos años y el significado que tiene en el entorno rural de nuestra comunidad. Sus últimos proyectos, la página web de su Ganadería Val del Mazo, sus vídeos en las redes sociales, las rutas guiadas en el Parque Natural Collados del Asón y su lema, 'Sin vacas no hay paraíso', terminan de abrumarme ante el ingente trabajo que ha desarrollado desde el año 2013 hasta ahora.

Su carácter inquieto hace que esté en constante reciclaje profesional y reclamando lo que considera justo para el sector ganadero.
Su carácter inquieto hace que esté en constante reciclaje profesional y reclamando lo que considera justo para el sector ganadero. / Mela Revuelta

Para terminar y, sin descansar jamás, me cuenta su nuevo proyecto, basado en la Economía Circular: la lombricultura. Después de descartar el inyectar el purín al subsuelo, toda vez que está lleno de acuíferos en esta zona y de bucear en las nuevas alternativas de la agricultura, ha comenzado a transformar el purín a través de las lombrices. Estas se comen el abono y lo transforman en hummus autorizado como fertilizante en Europa como agricultura ecológica. Finaliza diciendo que «donde tenía 12.000 euros de gasto, ahora tengo 3 millones de trabajadoras produciendo para mí un fertilizante natural único, que actúa como un reconstituyente natural de los suelos».

Todavía con los ojos totalmente abiertos y sorprendidos, y casi sin darme cuenta de que han pasado casi tres horas, la veo echar un vistazo al reloj y como un vendaval dice... «me tengo que ir». Eso sí, me invita a visitarla y prometemos vernos pronto. Me quedo allí pensando, sin apenas reaccionar y mirándola marchar. No puedo hacer otra cosa. ¡Es una mujer imparable!

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