Hoy cocinamos mejillones con salsa marinera de tomate

Hoy cocinamos mejillones con salsa marinera de tomate

La temporada de paro biológico de este molusco es el verano, siendo los meses con 'r' (de septiembre a abril) su momento óptimo de consumo

Ricardo Ezcurdia
RICARDO EZCURDIA

No, no os asustéis que no se acaba el mejillón, lo que se termina es la temporada de este molusco. La temporada de paro biológico del mejillón es el verano, siendo los meses con 'r' (de septiembre a abril) su momento óptimo de consumo. De mayo a agosto las hembras pierden peso, debido al periodo de reproducción. No obstante, se puede consumir todo el año, pero sí que es verdad que en los meses de frío se potencia su sabor, peso y textura porque las preferencias de este molusco son las aguas frías con oleaje.

Pues para poner punto final a la temporada, esta semana os propongo una sencilla receta, mejillones con una salsa marinera de tomate, un poco mezclando las dos salsas que suelen acompañarles en casi todas las elaboraciones.

Comenzamos limpiando bien los mejillones lavándolos en agua fría y quitándolos las 'barbas'. Como siempre, los abrimos al vapor, en una cazuela que ponemos al fuego y cuando esté caliente los añadimos, un chorrito de agua y otro de vino blanco. Tapamos y vamos vigilando para, en cuanto se abran, sacarlos rápidamente. Cortamos la coccion metiéndolos en agua con hielo bien fría. Les quitamos una de las conchas y les reservamos en una bandeja bien colocados en la nevera. Colamos el agua resultante de la coccion con un claro fino y la reservamos.

A continuación, nos ponemos con la salsa. Necesitaremos un par de dientes de ajo, una cebolla blanca grande, unos tres tomates que vamos a triturar –o rallar, como prefiráis–, pimentón picante y laurel. En primer lugar, en una cazuela con un chorrito de aceite de oliva, añadimos el ajo picado y lo sofreímos sin dejar que llegue a coger color, incorporándo después la cebolla picada bien fina, una pizca de romero y otra de tomillo, a poder ser frescos. También vertemos un vaso de vino blanco y dejamos que reduzca a la mitad. Continuamos añadiendo el tomate rallado, el pimientón, la hoja de laurel, sal y pimienta, y lo dejamos cociendo unos 20 minutos.

Añadimos unos cubos de tomate sin piel y sin pepitas al sofrito y lo dejamos a fuego medio hasta que vaya empezando a deshacerse. Así conseguiremos una especie de pasta de sofrito de tomate a la que ahora vamos a añadir el agua del mejillón que teníamos reservado. Lo dejamos cocer hasta que vuelva a reducir.

En este instante es cuando podemos añadir el picante a nuestra salsa, teniendo en cuenta los gustos y tolerancias de los comensales, pero en mi opinión no puede faltar.

Servimos los mejillones en una fuente y ponemos la salsa por encima, ¡que tengan bien de salsa, aunque parezca mucha! Nunca es suficiente porque ademas de disfrutar del molusco, disfrutaremos también con la salsa y un buen pan.