La tartamudez de Jesucristo

José Manuel Vilabella
JOSÉ MANUEL VILABELLASantander

Nada dicen los evangelios de la tartamudez de Jesucristo. Yo estoy convencido de que un señor que se comunicaba con parábolas oscurecía su discurso por falta de habilidad dialéctica. Ahí radica el intríngulis de su éxito dos mil años después de su deceso. Lo mismo le ocurre a Ferrán Adrià, el Cristo resucitado en Madrid Fusión y que en media hora revolucionó el cotarro. Su llegada produce incomodidad en sus colegas, sus discípulos, los salidos de sus costillas. Estaban encantados con su silencio y ahora gritan ¡Viva!, sí, pero con la boca pequeña.

Ferrán, como siempre, fue críptico. Habló de vanguardia, creatividad, el tomate como invención. Dijo una cosa clara: «Si no te vendes tú no te compra nadie» y yo añado: 'Si tú no te haces tu propia estatua ninguno de tus apóstoles te construirá un Vaticano'. Regresó para anunciar que vendrá, sí, pero no como uno más, con intervenciones de 45 minutos. Él no es un pringadete. Adrià, como las viejas folclóricas, no se pone la pestaña en intervenciones estándar. Necesita tiempo. Todo un día para él. Y presiento que el próximo Madrid Fusión, el de 2020, será la estrella que regresa del desierto con parábolas nuevecitas, con milagros a estrenar.

La réplica al catalán solo se la puede dar un caballero que no le debe nada al Cristo culinario. Y ese es Ángel León. El hombre del mar, el león marino. Si en la intervención de Ferrán no cabía un alfiler en la de León se quedaron cientos de personas fuera. Reventó el amplio aforo del auditorio. Todos querían ver el anunciado milagro de la sal, el nuevo prodigio de este andaluz que un buen día se zambulló en el océano y fue adoptado por Poseidón –en palabras de Benjamín Lana– y que cada año asombra a las multitudes con su cocina singular. Yo estaba en la segunda fila y vi su milagro o su juego de manos, su malabarismo. Todavía aturdido, asombrado, no sé si lo que contemplé es un avance de la cocina que le plagiarán hasta la saciedad o un truco circense. El artífice, con jarras transparentes que aparentemente contenían agua con sales diversas, las echaba con donaire sobre el producto y se formaba una capa de sal y además esa sal cocinaba percebes y otras viandas. Asombroso.

El futuro promete. Ferrán y León se enfrentan en un duelo. Por fin el divino Adrià tiene un contrincante a su nivel. Pero, si Ferrán es el Cristo tartamudo, ¿quién es León? Deduzco que es un demonio transgresor y divertido. Al fin ha vuelto Satanás. Demos la bienvenida al anticristo.