La sal y la venganza de don Mendo

La sal y la venganza de don Mendo

Si no aportas suficiente sal a tu organismo y puedes sentir debilidad, calambres, bajo estado de animo, fatiga, torpeza mental, pero el abuso conduce a los problemas renales y a la hipertensión

José Enrique Campillo
JOSÉ ENRIQUE CAMPILLO

El otro día asistí a una disertación de un colega nefrólogo sobre el asunto de la sal. Ya saben que hoy la gente anda muy preocupada con dos nutrientes que son esenciales para la vida: el azúcar y la sal. Una, porque su abuso puede favorecer el desarrollo de la diabetes y la otra, porque su exceso reiterado puede llevarnos a la hipertensión arterial. El asunto es serio ya que más de la mitad de la población española por encima de los cincuenta años padecen una o ambas enfermedades. Del azúcar ya hemos hablado. Hoy toca la sal de la mano de Don Mendo.

El asunto es que sin sal no se puede vivir. Hasta los animales salvajes en las selvas húmedas del trópico andan kilómetros para llegar hasta algunas salinas. Allí lamen las piedras para proveerse del indispensable mineral, que no abunda en los vegetales. De la misma manera, nosotros necesitamos tomar cada día un poco de sal adicionada a los guisos para mantener la salud y las funciones corporales, en especial las funciones de los riñones, los músculos y el cerebro.

Solo se precisa añadir un pequeño complemento a la sal que cada alimento aporta de forma natural. La cantidad recomendada es de unos 3 a 5 gramos diarios, que equivale a una cucharadita rasa de sal. La sal se debe añadir a los guisos en la cocina. Nunca se debe poner saleros en las mesas. El sabor de la sal es algo a lo que uno se acostumbra desde pequeño y llega a constituir una auténtica adicción. Por eso hay que enseñar a los niños desde el destete a comer con poca sal. Insisto, es muy peligroso para la salud las dietas carentes completamente de sal, como las que siguen las personas crudiveganas, ya que su organismo puede llegar a estar en riesgo, por ejemplo en temporadas calurosas cuando se transpira mucho.

Pero también es peligroso el exceso reiterado. Este se produce por dos causas fundamentales que, a veces, se dan combinadas. Por una parte el hábito de comer los guisos muy salados. Por otra, la de abusar de alimentos que, normalmente, contienen una gran cantidad de sal: algunos preparados para bebes, las sopas de sobre, las patatas fritas de bolsa, los gusanitos, frutos secos, encurtidos, aceitunas, etc. y platos de preparación industrial, entre otros. Este abuso reiterado día a día durante meses o años puede conducir a desarrollar una hipertensión arterial; el enemigo silencioso principal causante de problemas cardio circulatorios.

Por estas razones mi colega, al hablar del consumo de sal, lo comparaba con la descripción que hace Don Mendo del juego de las siete y media: o te pasas o no llegas. «El no llegar, da dolor porque indica que mal tasas»: No aportas suficiente sal a tu organismo y puedes sentir debilidad, calambres, bajo estado de animo, fatiga, torpeza mental. «Más ¡ay de ti si te pasas!, si te pasas es peor»: El abuso conduce a los problemas renales y a la hipertensión, sobre todo en las personas predispuestas. Procuren ganar siempre en este juego de la sal.