El argayo de Caviedes estará vigilado por sensores de movimiento

Así estaban este martes las obras, con el talud por el que cayó el argayo ya nivelado y cubierto de tierra y el muro de 300 metros prácticamente terminado. : / Javier Rosendo

Carreteras confía en terminar las obras de contención y en reabrir el tercer carril de la autovía a mediados de mayo

Rafa Torre Poo
RAFA TORRE POOCaviedes

El argayo de Caviedes cayó como una montaña sobre la Autovía del Cantábrico (A-8) hace ya cinco meses. Desde entonces, las máquinas no han parado de trabajar para domar al monstruoso desprendimiento. Los operarios han retirado ya unas 300.000 toneladas de tierra, pero aún así los técnicos no se fían y han instalado sensores de movimiento en el talud para medir cualquier amenaza de desprendimiento. La Demarcación de Carreteras calcula que las obras de contención finalizarán a mediados de mayo. Será el momento de reabrir el tercer carril de la autovía y de reparar el aglomerado en toda la zona afectada por el propio argayo y por el trajín de los camiones.

Estos días, las grúas se afanan para terminar el muro de contención. La operación se asemeja a un gigantesco puzle. Dos máquinas cogen con sus ganchos piedras de gran tamaño, las modelan y las encajan en la escollera. Así, una a una, hasta completar los casi trescientos metros de muro que continúa construyéndose para evitar que un nuevo argayo invada la A-8 a su paso por Caviedes, en Valdáliga, en pleno Monte Corona.

Los trabajos que lleva a cabo la empresa Amaya Obras y Excavaciones se centran estos días en terminar la construcción del muro. Los técnicos del Ministerio de Fomento han exigido que tenga siete metros de altura y anchura. La idea es que sirva de barrera de contención en caso de que se produzca un nuevo deslizamiento. Algo que descartan, ya que parte del proyecto se ha centrado precisamente en reducir la pendiente de la ladera del monte. Las más de 300.000 toneladas de tierra retiradas hasta el momento se han llevado por delante también el sistema de drenaje con el que ya contaba la infraestructura. Una de las máquinas sacaba este martes tierra de un gran socavón por el que discurren todas las canalizaciones y desagües para proceder a su reparación.

Los técnicos ya tenían conocimiento de la inestabilidad del terreno el 11 de noviembre del año pasado -estaban instalando malla metálica-, cuando una parte de la ladera se vino abajo. El talud comenzó a deslizarse y, en un primer momento, se cortó uno de los carriles para retirar la tierra que cayó sobre el arcén de la autovía. La situación se complicó como consecuencia de las fuertes lluvias que se registraron esos días. Más de 80.000 toneladas de tierra cubrieron totalmente los tres carriles. Como consecuencia, se cortaron al tráfico nueve kilómetros de la autovía en sentido Torrelavega. Tras 151 horas de corte total -algo más de seis días-, se reabrió al tráfico uno de los carriles de la A-8, el más alejado del talud.

Todos los esfuerzos se centraron en construir una gigantesca escollera de trescientos metros de longitud, siete metros de anchura y otros siete de altura, con más de 20.000 toneladas de piedras traídas de dos canteras de la región: una de Caranceja y otra de Vargas. A la par se clavaron 50 raíles de metal de seis metros altura para asegurar el terreno y evitar futuros deslizamientos. Otro de los problemas que tuvieron que resolver los técnicos fue dónde depositar las toneladas de tierra extraídas. Optaron por crear dos vertederos en dos zonas cercanas. Ahora los trabajos se centran en rematar el muro. Una barrera gigantesca que no se ha rellenado por detrás para que tenga altura y sirva de parapeto por si la naturaleza vuelve a decidir que le sobra peso y envía de nuevo la ladera monte abajo.

 

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