Los efectos del argayo y la intensa lluvia impiden reabrir la A-8 en Caviedes

Javier Rosendo

Lucía Alcolea
LUCÍA ALCOLEAValdáliga

Trabajaron contra reloj y ni siquiera pararon para comer, pero los esfuerzos de los operarios para abrir al tráfico la Autovía del Cantábrico a la altura de Caviedes, que se mantiene cerrada desde que el sábado le cayera encima un mastodóntico argayo, fueron en vano. «No se abrirá hoy. Y mañana ya veremos», fue la respuesta que dio el encargado de la obra a las cinco de la tarde, el mismo que por la mañana confiaba en que el tercer carril izquierdo de la vía estaría operativo antes de finalizar la jornada. De nada sirvió que trabajasen sin descanso para quitar parte de las 25.000 toneladas de tierra y agua –de las 80.000 en total que movió el argayo– que ocupan todavía la carretera y en limpiar, especialmente, ese carril para el tráfico. La lluvia impidió que el vial se abriese a la circulación bajo condiciones de seguridad y, una vez más, la naturaleza marcó sus propios tiempos.

La autovía continúa cerrada en dirección a Torrelavega, en el punto kilométrico 258, en medio del Monte Corona, y los coches son desviados por la carretera nacional a la altura de la salida de Lamadrid, como así lo dispuso la Guardia Civil. Los operarios llevan trabajando en este punto sin apenas tregua desde que, a las seis de la mañana del sábado, una lengua de barro y rocas se deslizara por la montaña como consecuencia de las fuertes lluvias que han caído estos días.

Para liberar la enorme cantidad de tierra de la plataforma, fue necesaria la intervención de varios camiones, palas retroexcavadoras y dos tractores con cuba, provistos de 12.000 litros de agua cada uno, con los que se efectuaron las labores de limpieza, según informó el encargado de la empresa Amaya Obras y Excavaciones, adjudicataria de los trabajos para realizar la retirada del deslizamiento.

«En total, se han limpiado unas 18.000 toneladas de tierra», detalló en la mañana de ayer, después de que el latiguillo hidráulico de una de las palas se averiara y ésta tuviera que ser sustituida, lo que ralentizó los trabajos alrededor de una hora. Aun así, para el mediodía ya tenían prácticamente despejado de tierra y escombros el tercer carril de la autovía, aunque faltaban efectuar las pertinentes labores de limpieza. Después se dieron cuenta de que era demasiado arriesgado que comenzasen a pasar coches, sobre todo si continuaba lloviendo.

A pesar de todo, los obreros permanecieron trabajando alrededor de doce horas bajo una lluvia intermitente que no llegó a ser especialmente copiosa. Aunque como la previsión meteorológica anunció que seguiría lloviendo, un operario ha permanecido toda la noche vigilando la zona, «porque el agua hace de lubricante y la tierra puede volver a deslizarse», confirmó el gerente. «También la lluvia nos puede dar algún problema en el vertedero al que estamos trasladando los escombros, situado a un kilómetro del punto afectado, donde es posible que los camiones tengan dificultades para acceder», matizó.

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En caso de que llueva mucho los trabajos tendrán que detenerse. El encargado adelantó que las labores para limpiar la totalidad de la montaña y que vuelva a su estado original «se alargarán unos cuatro o cinco meses, pues tendremos que trabajar con el tráfico reestablecido, lo que implica mayores inconvenientes y limitaciones». También ayer reconocían los trabajadores que «no sabremos cuál es la profundidad real del argayo hasta que no vayamos quitando tierra de la carretera», por lo que parece que de momento hay que tener paciencia.

Se han empleado camiones con 12.000 litros de agua para limpiar la carretera

A pesar de retenciones de tres kilómetros a última hora de la tarde, el tráfico circuló ayer con mayor normalidad por la Nacional que el sábado, cuando el corte de la vía y la desviación obligó a los coches a atravesar el pueblo de Treceño, donde casualmente se celebraba la famosa feria de ganado de San Martín, lo que provocó «un verdadero caos», como así lo definió al final del día el alcalde, Lorenzo González. Una calma relativa, salpicada por algunas retenciones, volvió ayer a la carretera nacional, por donde continúa habiendo más tráfico de lo habitual. En la autovía, los vehículos continúan circulando con normalidad en la otra dirección, aunque la vista del argayo desde el aire no deja de ser impactante.

La autovía se construyó hace unos catorce años y es la primera vez que se produce un corrimiento de tierras de tales dimensiones, según reconoció ayer el operario. «Hace un tiempo se cayó tierra de la montaña sobre un tramo de la plataforma en sentido contrario, pero nada que ver con lo que ocurrió el sábado», dijo. El alcalde señaló sin embargo «que se veía venir, pues siempre hay desprendimientos en esta zona». Afortunadamente, no hubo que lamentar daños porque los trabajadores permanecían alerta desde la mañana del viernes, en que los escombros ya empezaron a ocupar los arcenes de la autovía, justo antes de tragarse la carretera.

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