Cantabria necesita un relevo de brazos

Víctor Fernández y José Manuel de la Cueva, en el Banco de Sangre, en Valdecilla, durante la donación por aféresis./Alberto Aja
Víctor Fernández y José Manuel de la Cueva, en el Banco de Sangre, en Valdecilla, durante la donación por aféresis. / Alberto Aja

Las reservas de sangre «están aseguradas», pero ante la «dependencia de donantes mayores», la Hermandad ha puesto en marcha el Proyecto Red de Donación Joven con diez colegios de la región

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

En la televisión que cuelga de la pared del Banco de Sangre de Cantabria, dos deportistas realizan un salto sincronizado desde un trampolín a diez metros de altura. Es hipnótico verlos moverse a la vez mientras caen al vacío haciendo un doble mortal hacia delante con un tirabuzón carpado. Clavan la entrada en el agua y apenas salpican, pero no se escucha bien la nota; el motor de las máquinas de aféresis amortigua la voz del comentarista. Atados a esas máquinas hay dos hombres. Están sentados en la misma posición. Salvo por la edad, ellos también se mueven al tiempo, sincronizados por un motor que bombea sangre. Si en la pantalla los saltadores levantan los brazos en señal de victoria, en el Pabellón 13 del Hospital Valdecilla los brazos de José Manuel de la Cueva (59 años) y Víctor Fernández (29) transmiten otra forma de victoria, la de un sistema de donación que asegura el suministro de sangre para los hospitales cántabros.

«Llevo más de 160 donaciones y me siento satisfecho cada vez que salgo de aquí», dice José Manuel de la Cueva, que dona desde los 18 años. ¿Y después, cuando cumpla 65 y ya no pueda, si no es con un permiso médico? Después, confiesa, «espero que mis hijos tomen el relevo, pero les dan miedo las agujas», y se ríe sin maldad: «Ojalá pueda compartir antes camilla con ellos». De la aguja de su vena surge un camino de tubos que termina en bolsas. Una contiene líquido amarillo. Otra rojo. «No duele», dice, y levanta un poco el brazo. Va a cumplir 60 años y va a pasar casi una hora enchufado a una máquina que toma su sangre, separa el plasma y las plaquetas, y devuelve al torrente sanguíneo los glóbulos rojos. Aféresis. Así se llama este sistema que logra el suministro de algo tan escaso como valioso.

En otra máquina, una joven dona sangre (diez minutos) para asegurar la supervivencia en una operación de cadera, transfusiones en casos de leucemia, transplantes. A estas alturas, ¿qué puede aportar la enumeración de dolencias que necesitan sangre para salvar a una persona? El reto al que se enfrenta el Banco de Sangre y Tejidos de Cantabria va más allá de subrayar lo plausible de su empeño. Su problemática se llama juventud y la tendencia invita a reflexionar sobre la sostenibilidad de un modelo que puede verse amenazado de continuar así las cifras: «Los donantes entre 18 y 30 años han pasado de representar el 35% en 2010 y a ser ahora el 30%». Al otro lado de la tabla, los donantes que superan los 46 años pasaron de ser 24% a ser 30%. ¿Qué está ocurriendo?

Sostenibilidad del modelo

«Dependemos de los donantes más veteranos y esto nos lleva a un escenario en el que, si no incorporamos donantes jóvenes, el modelo puede no ser sostenible en un futuro», advierte José Antonio Barreda, vicepresidente de la Asociación Hermandad de Donantes de Sangre de Cantabria. Hay dos obstáculos principales a la hora de captar donantes y voluntarios jóvenes: el primero es conseguir llegar a ellos, que se fijen en el mensaje; el segundo es que, tras haberlo recibido, decidan implicarse, explica Lidia Sánchez, vocal de Juventud de la Asociación. En ese trámite, el problema es el exceso de información: «Les llega por muchos medios y de multitud de causas (refugiados, medio ambiente) igual de loables». Por ello, el reto es hacer diana en su mensaje.

«Lo verdaderamente complicado es conseguir que los jóvenes interioricen la donación y lo conviertan en una rutina», explica Sánchez. No se trata de una «cuestión de egoísmo»; la mayoría de los jóvenes son solidarios, «el problema es que el ritmo de vida actual hace complejo incorporar nuevas rutinas: traslados a otras regiones por motivos de trabajo o de estudios, viajes por ocio». La cara de la juventud la pone Víctor Fernández en esta historia. Tiene 29 años y ha pedido permiso en la empresa para salir a donar plasma y plaquetas. Es decir, una hora entre el trámite de la entrevista previa y la donación.

«Ojalá todas las empresas hicieran esto para que pudieran donar los trabajadores», dice. Porque para él, el principal problema no es el desinterés, sino la acumulación de tareas: «Es una cuestión de tiempo», insiste. Y el tiempo hay que querer sacarlo. Él empezó con 18 años, «sin ninguna razón especial, salvo que mi abuela necesitó muchas transfusiones de sangre, supongo que algo influyó». Entonces empieza el efecto contagio, cuando las unidades móviles visitaban su universidad (Escuela de Telecomunicaciones de la Universidad de Cantabria) y él convencía a amigos para que donaran con él. «Además de ir a los sitios, aquí (en Valdecilla, sede del Banco) lo ponen muy fácil, te pagan hasta el parking si vienes en coche».

Luis Palomeque

Red de Donación joven

El desequilibrio en la edad de donantes afecta a otras regiones y países vecinos, como Italia y Portugal, explican desde la Hermandad. De ahí el Proyecto Red de Donación Joven que han puesto en marcha y que ha llegado a una decena de centros de toda la región, como el IES Bernardino de Escalante, de Laredo; el IES La Granja, de Heras; el Centro de FP María Inmaculada, de Santander.

El programa persigue que jóvenes de entre 6 y 18 años conozcan la donación de sangre, sobre todo que la interioricen. «Lo importante en este proyecto son los colegios, los profesores, y sobre todo los niños», dice José Antonio Barreda, y cita como ejemplo el caso del colegio Sagrados Corazones de Torrelavega, donde la colecta consiguió 124 donaciones y 67 nuevos donantes. El método pasa porque los propios niños 'capten' donantes, es decir, al ser menores de edad, ellos no pueden donar, pero sí llevar a cabo acciones para que los adultos de su entorno se acerquen al Banco, o bien participen en la campaña de las unidades móviles. Según las cifras facilitadas por la Hermandad, las unidades móviles han logrado 923 donaciones en lo que llevamos de año, de las cuales 466 han estado vinculadas a un plan de aprendizaje del Proyecto Red, que este curso volverá a recorrer las aulas de Cantabria.

Más plasma

El Banco de Sangre obtiene 24.000 donaciones de sangre al año (unas 2.000 al mes), de las cuales un centenar es de aféresis. Pero hacen falta más. La razón, que los usos médicos de este suministro están aumentando y, por el momento, ese recurso extra se obtiene por vía farmacéutica. «Somos autosuficientes en donación de sangre, pero los fármacos plasmáticos que se utilizan proceden de laboratorios porque no hay plasma suficiente», dice el director del Banco de Sangre, José Luis Arroyo, en alusión a las 1.386 donaciones de plasma que hubo en 2017. «El objetivo es conseguir mil donantes de plasma nuevos en los próximos tres años». Toca, por tanto, hacer relevo de brazos para que esa cifra sea una realidad; para que la victoria no sea sólo la de un salto de trampolín en televisión, sino la de un gesto sincronizado de toda la sociedad.

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