Una carrera meteórica

Una carrera meteórica

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DM .Santander

A Pablo Zuloaga (Santander, 1981) su sprint final hasta la Delegación del Gobierno le ha pillado apagando un incendio en su propia casa. El anuncio de su renuncia a la Alcaldía de Bezana, donde gobierna desde 2015, ha desatado una 'crisis' que puede terminar con el desalojo del PSOE. Por eso su alegría al ser designado el viernes a petición propia como la tercera autoridad de la región no sea muy completa, a pesar de que hace tiempo que era obvia su voluntad de ocupar un puesto de primera línea que le sirviese de trampolín para la próxima campaña electoral. Un estreno de alto riesgo para el hombre que deberá coordinar a los cuerpos de seguridad del Estado en Cantabria y ser la voz del Ejecutivo central.

La oportunidad de diseñar su propio perfil político para el gran público de cara a hacer 'sombra' a un mediático Miguel Ángel Revilla le llega en un puesto poco propicio para convertirse en un personaje popular: la Delegación del Gobierno. Los veteranos de la casa dicen que el mejor delegado es el que es invisible. Pero Zuloaga llega dispuesto a cambiar las reglas del juego y sacar brillo al cargo. Sólo tiene unos meses para dejar su huella, porque en el momento en el que convoquen elecciones tendrá que dimitir. Tiempo más que suficiente, dicen los que le conocen, a juzgar por su carrera meteórica. Hace tan sólo tres años era un desconocido 'cachorro' socialista, criado entre algodones por Dolores Gorostiaga yEva Díaz Tezanos, que lograba hacerse con la Alcaldía de Bezana en un cuatripartito (PSOE, PRC, ADVI e IU/Ganemos) y ahora es el todopoderoso secretario general del PSOE que ha neutralizado a la propia Díaz Tezanos y a la 'vieja guardia' tras ganar dos primarias, la cara del Gobierno de España en la región y el candidato socialista a la Presidencia de Cantabria.

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No se entendería el triunfo de este hombre de sonrisa perenne y padre de dos niños sin Pedro Casares. Juntos empezaron en el PSOE hace 16 años, juntos emprendieron la conquista de Bonifaz y juntos tratan de construir un halo épico a su victoria.

El compromiso público de este ingeniero de Obras Públicas con Bezana era seguir como alcalde hasta el final de la legislatura. Sin embargo, la gestión del partido y sus aspiraciones para remontar los resultados electorales de los últimos años, le han hecho desechar esta opción.

Antes de alcanzar el bastón de mando trabajó en Ascán y poco después el partido le colocó como asesor del por entonces alcalde de Val de San Vicente, Miguel Ángel González Vega, con el que acabó enfrentado en las primarias.

Si en algo coinciden tanto los amigos como los enemigos de Zuloaga, algunos cosechados en Juventudes Socialistas y otros en esta última etapa, es en destacar su capacidad de resistencia y en que es «capaz de hacer cualquier cosa por conseguir sus objetivos». Su estreno en el PSOE fue un terremoto político que tuvo réplicas en el Gobierno cántabro y no le tembló el pulso para exigir el cese de Ramón Ruiz, Rosa Inés García y Salvador Blanco. Y en menos de un año ya ha marcado su impronta en el partido distanciándose de todos sus antecesores.

Desde hoy se pone a los mandos de la Guardia Civil y la Policía Nacional. El 12 de octubre ya no volverán a llamarle la atención los agentes de la Benemérita por ponerse en la bancada de autoridades ni le tendrán que mandar a las filas de atrás con el resto de los invitados. Este año se cuadrarán ante el nuevo 'jefe' y cumplirán sus órdenes. Al menos hasta que su nombre aparezca en la papeleta electoral.

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