Discutidores, pero sin pasarse

Revilla observa la colección de portadas del Anuario. Álvarez, a lo suyo./
Revilla observa la colección de portadas del Anuario. Álvarez, a lo suyo.

Aunque casi todos los candidatos estuvieron cómodos, también se increparon y se defendieron

Violeta Santiago
VIOLETA SANTIAGOSantander

Un hombre y una mujer de la calle aún sin haber mutado, tres políticos profesionales y un actor que borda el papel de vecino de arriba devenido en político porque las circunstancias lo exigían. Los seis candidatos a la Presidencia de Cantabria que más posibilidades tienen de acceder al Parlamento debatieron ayer en El Diario Montañés con las garras afiladas, pero sin grandes tensiones. Con las pullas que se le presuponen a un debate para que tenga chicha, pero cautos. Incisivos, pero sin pasarse. Porque el día 26 está ahí mismo, y a ver si voy a decir hoy algo que frustre dentro de once días la posibilidad de subirme al poder.

Ay, esos once días que ayer parecían aún la eternidad. Porque los seis llevan mucho, demasiado, un horror, en campaña. Y tienen tantos frentes abiertos, hablan tanto de más, atienden a tanta gente con la intención de rascar votos hasta que suene la campana que los días se hacen entre largos e interminables y ya pesan los meses de precampaña, campaña nacional y regional.

A todos se les vio cómodos, salvo a Mónica Rodero -aspirante de Podemos recién aterrizada en estas lides-. Comodísimo Miguel Ángel Revilla, en modo casi zen, pidiendo respeto para sus turnos y dando lecciones al resto sin elevar ni el tono ni las cejas. El presidente fue el primero en llegar. El rezagado fue un Cristóbal Palacio (Vox) al que se le traspapeló la hora y apareció cuando el encuentro ya llevaba un cuarto de hora en marcha. No lo acusó: se metió en harina con frescura y tuvo un par de momentos en que cantó las cuarenta a todos los demás sin despeinarse. Asertivo, que dirían los expertos.

Félix Álvarez (Ciudadanos) había buscado su punto concentrándose como cualquiera se lo imaginaría entre bambalinas, antes de salir a un escenario y tuvo para todos con la chispa del chico del barrio Pesquero que lleva dentro con orgullo. Orgullosos de sus partidos y sus respectivas gestiones estuvieron María José Sáenz de Buruaga (PP) -que en un debate se expresa exactamente igual que en la tribuna del Parlamento- y Pablo Zuloaga (PSOE), moviéndose más que el resto e interactuando con soltura. El reloj, sin embargo, no les dejó discutir a fondo. Y el reloj les hizo salir corriendo. A por el siguiente examen.

El debate