La explotación turística del patrimonio cultural es «insuficiente» en Cantabria

Excavaciones arqueológicas en La Garma. /Javier Cotera
Excavaciones arqueológicas en La Garma. / Javier Cotera

La figura de los Parques Arqueológicos, recogida en la Ley de Patrimonio y que persigue el disfrute de los bienes culturales al tiempo que asegura su conservación, nunca se ha ejecutado en la región

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

En el pueblo riojano de Enciso viven 172 habitantes, pero entre Semana Santa y octubre recibe 35.000 visitantes. Acuden a poner un pie al lado de una huella de Iguanodon o de Baryonyx, una de las propuestas que ofrece el parque de paleoaventura Barranco Perdido, y que desde que abrió en 2010 «ha triplicado las visitas» a los yacimientos de icnitas del entorno, huellas de dinosaurios cuya abundancia (una veintena de yacimientos) y estado de conservación colocan a la región riojana como referente. ¿Qué lleva a tanta gente a ese pueblo, al que hay que penetrar por un valle estrecho, el del Cidacos, con curvas en espiral? ¿Sólo ver huellas? El valor histórico en sí mismo es indudable, pero la Administración regional de La Rioja convirtió el conocimiento en una oportunidad empresarial que supera de largo los «10.000 visitantes» que recibía el antiguo museo. «Hemos puesto en valor el recurso que tenemos con actividades para hacer paleontología en una reproducción de los yacimientos a cielo abierto que hay en la zona», explica el coordinador del parque, Víctor Fernández.

Enciso es un pequeño ejemplo del desarrollo potencial que tiene el patrimonio, si se desarrolla de la mano de infraestrucutras, figuras jurídicas o recursos de conservación para definir su propia marca como destino turístico. Uno de los casos más relevantes en nuestro país está en Atapuerca, Burgos. Su proyecto ha colocado la provincia a la cabeza del turismo en Castilla-León. ¿La razón? El trasvase de conocimiento a la sociedad a través de las investigaciones de Atapuerca y de la mano el Museo de la Evolución Humana, tras aprobar en 2009 el decreto que creó 'Sociedad Atapuerca' (SA). «Es un ejemplo de cómo la inversión en dos elementos patrimoniales, como el Museo de la Evolución y los yacimientos, han transformado la ciudad en destino turístico», dice Eudald Carbonell, prehistoriador y fundador de ese proyecto que ha situado el término Atapuerca en un primer plano académico, pero también social; hoy en día es un imperio del conocimiento que atrae cada año a más de 600.000 visitantes. «El 'Sistema Atapuerca, Cultura de la evolución', figura jurídica creada por la Consejería de Patrimonio, es el resultado de una política de integración científica, cultural y turística. Y esa unión es su valor añadido», dice el arqueólogo. La solución no es sólo una inyección económica, para Carbonell, la clave está en «el trabajo de investigación previo para dotar a cada territorio de un 'cluster' de conocimiento que se adecue a sus necesidades». Cantabria, dice, tiene un patrimonio importantísimo, «pero no tiene por qué valer el Sistema Atapuerca creado aquí. Habrá que descubrir con mucho trabajo de investigación previo la mejor fórmula». Pero ¿cuál es?, ¿qué hacer con el patrimonio que requiere de una férrea política de conservación al tiempo que atrae cada vez más público?

«Burgos se transformó en destino turístico al invertir en los yacimientos y en el Museo de la Evolución»

«El conocimiento tiene poco valor añadido para la economía de un país si no se transfiere a la sociedad» Eudald Carbonell, Prehistoriador, vicepresidente Fundación Atapuerca

Alberto P. Martí, miembro del proyecto Arqueotur –proyecto coordinado por la Universidad de Barcelona para la promoción del turismo arqueológico– advierte de que «Cantabria, con su ubicación privilegiada, tiene posibilidad de convertirse en referente internacional en el desarrollo de estrategias de desarrollo turístico a largo plazo que integren el patrimonio arqueológico de un modo realmente sostenible». En ese sentido, el arqueólogo apunta una opción en concreto para la región: «La integración de la oferta del turismo patrimonial con la del turismo de naturaleza y gastronómico, que es una tendencia que se está implantando en muchos países».

Restricción de público

La necesidad de aunar la conservación y la explotación como recurso turístico se abordó en 1989 con la creación de la figura de los parques arqueológicos por parte del Ministerio de Cultura. Cantabria lo tiene contemplado desde 1998 en su Ley de Patrimonio, pero aún no se ha ejecutado. «No sé por qué nunca se ha aplicado esta figura jurídica. Quizá por falta de ambición o de visión de las enormes posibilidades que ofrece», dice Roberto Ontañón, director de Cuevas Prehistóricas de Cantabria y del Museo de Prehistoria (Mupac). «No podemos decir que Cantabria carezca de infraestructuras para explotar turísticamente su patrimonio cultural, sin embargo, son insuficientes para optimizar la gestión de los ricos recursos de los que dispone».

«Hoy en día, la revalorización del patrimonio es la mayor riqueza de los territorios»

«El motor económico de La Dordoña es nuestro fondo cultural, es la principal industria» Germinal Peiro, Presidente departamento Dordoña-Perigord

Las cifras son elocuentes a la hora de abordar una estrategia como esta. En España, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Turismo, 9.250.943 europeos visitaron el país el año pasado por motivos culturales, una cifra muy superior a la registrada en 2016; entonces fueron 5.703.180. «Es precisamente esta ineludible restricción en el número de visitantes lo que hace necesario acudir a vías alternativas para permitir el conocimiento y disfrute públicos de este magnífico patrimonio, sin poner en peligro su preservación», subraya Ontañón. «Y en este punto cobra todo su sentido el desarrollo de buenas infraestructuras asociadas a este legado patrimonial que permitan acercarlo al gran público sin poner en compromiso su conservación».

Conservación, lo primero

Las reproducciones han sido por ahora una buena solución, algo que llevan años haciendo en Dordoña (Francia), con las cuevas de Lascaux, o en el Museo Nacional de Altamira (Cantabria), ambas regiones con las pinturas del Paleolítico. «La revalorización del patrimonio es la mayor riqueza de los territorios hoy en día», dice Germinal Peiro, presidente del departamento francés que comparte con Cantabria la misma catalogación de Patrimonio de la Unesco. En esta «historia común» han surgido vínculos entre ambas regiones, como la exposición inaugurada esta misma semana en el Mupac, sin embargo, Cantabria aún debe avanzar en la consecución de infraestructuras que conviertan el patrimonio en algo más que un motivo de orgullo.

«No sé por qué nunca se ha usado esa figura, quizá por falta de ambición o visión de todo lo que ofrece»

«Es necesario crear alternativas para permitir el conocimiento sin poner en peligro el patrimonio» Roberto Ontañón, Director Cuevas de Cantabria y Mupac

«Dordoña es una provincia con poca industria; hay agricultura, pero está bajando, así que nuestro motor económico es el patrimonio prehistórico y natural», dice Peiro, quien advierte de que el aumento de turistas «va a ser imparable». Por eso ha hecho del patrimonio eje estratégico de su política, lo mismo que hicieron en Burgos con la potencia científica de Atapuerca: «Nuestro proyecto quería trasgredir lo académico, la investigación o publicaciones y lograr impregnar la sociedad. Para la economía del país tiene poco valor añadido si no se hace esa transferencia de conocimiento», explica Eudald Carbonell.

Muy cerca de Cantabria, la figura del parque arqueológico se da en Gijón, con el de la Campa Torres, basado en el paso de la época prerromana a la romana de la ciudad asturiana. Grandes ejemplos son también Empúries o Segóbriga. Y cómo no, el Parque Arqueológico del Valle del Coa, en Portugal, próximo socio en este protocolo firmado entre Cantabria y Dordoña. Por ahora, el futuro centro de interpretación de Puente Viesgo es el proyecto que más puede acercarse a este tipo de actuación, pero el edificio está a la espera de la apertura de plicas del concurso público, al que se han presentado cinco proyectos diferentes.

El turismo arqueológico atrajo a 9 millones de visitantes a España

España es el segundo país del mundo con más sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en la categoría de bienes culturales. En la actualidad suman 40, de los cuales diez están en Cantabria; todos cuevas. Este volumen patrimonial tiene su respuesta directa en el número de visitantes que el país recibe. Según la revista científica Investigaciones Turísticas, que publicó en su último número de 2017 un análisis del impacto de los yacimientos arqueológicos en el turismo español, nuestro país recibió casi 9 millones de visitas en 2015 a lugares de carácter arqueológico. Altamira fue el segundo yacimiento arqueológico con mayor impacto turístico, sólo por detrás del Conjunto de Mérida y su yacimiento romano.

El estudio, firmado por el arqueólogo Javier Fernández Ortea, recoge que el 16,6% de las personas que suelen realizar actividades culturales visitaron, al menos, un yacimiento arqueológico en el último año, tres puntos y medio porcentuales más que en el mismo período en 2007, lo que apunta su crecimiento. Según dicho estudio, «los principales destinos del turismo arqueológico son, en volumen descendente, Cataluña, Andalucía, Extremadura y Castilla y León, y copan el 46% del mercado nacional», e identifica una «tendencia del crecimiento del volumen de visitantes desde el interior peninsular hacia las áreas periféricas y costeras», donde se encontraría Cantabria. La estrategia por tanto pasa por recordar la premisa de la Unesco, que promueve en su 'Manual de gestión del patrimonio mundial' que «la complejidad inherente al patrimonio debería inducir a la sociedad a gestionarlo con un criterio holístico, en vez de limitarse a conservar estructuras específicas, como ocurría en el pasado».

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