La playa de los arquitectos

La estampa es conocida por los habituales de Liencres. Al final de Valdearenas, entre el mar y la ría, las casetas de palos y troncos. /María Gil Lastra
La estampa es conocida por los habituales de Liencres. Al final de Valdearenas, entre el mar y la ría, las casetas de palos y troncos. / María Gil Lastra

El tramo final de Valdearenas se llena de casetas y esculturas hechas de lo que trae el mar | «Este año hay más que nunca», dicen en la parte del arenal de Liencres donde la limpieza no es mecanizada para retener un material que ayuda a proteger el entorno

ÁLVARO MACHÍNPiélagos

Alguien puede mirar y decir que es el resto de un árbol con dos ramas forradas con hilos de redes. Y es verdad. Pero otros -su autor entre ellos- ven una cosa distinta. Una pieza artística. Las piernas estiradas de una mujer que se pone unas medias. Es más, se puede jugar a intuir el gesto sutil y elegante de una pierna ligeramente doblada. El ademán de levantar la cintura para que los pies apunten al cielo cuando ella está tumbada. Igual que en un museo. El caso es que la imagen corre de teléfono en teléfono. Como la de las casetas que hay justo al lado. Viral, dicen ahora. «Parece un escenario de una película de vikingos», bromea una paseante. Un joven se saca fotos mientras su perro corretea husmeando entre los palos y los troncos. Otro se tomó al pie de la letra lo de los vikingos y se disfrazó ante la cámara -hay pruebas, dicen, en Instagram-. Y así con todo. Esculturas, casetas con maleza, cortavientos, trincheras... Hasta un punto limpio natural hecho con los mismos despojos que arrastra la corriente y en el que un arquitecto jubilado deposita toda la basura que se encuentra en la playa. Porque todo esto está en el córner de Valdearenas. Liencres. «Se ha convertido en un espacio de ocio donde la gente da rienda suelta a su creatividad», dice Gustavo Gutiérrez, miembro de Costa Quebrada. La playa de los arquitectos.

El fenómeno no es nuevo, «pero este año hay más cosas que nunca», reconoce uno de los autores. El creador de las piernas con medias, que recorre la playa con los bolsillos llenos de hilos sueltos de colores traídos por el Cantábrico. Prefiere el anonimato porque forma parte de la magia del lugar. De la interacción. Pero Gutiérrez conoce la historia que ha dado lugar a estas construcciones. Todo tiene un motivo. «Cuando se introduce la limpieza mecanizada en las playas no se distingue entre botes o latas y todo lo que llega como consecuencia del acarreo de los ríos (troncos, ramas...)». Fue hace décadas. El caso es que esa 'palucada' es beneficiosa para la defensa de la vegetación de la zona, para fijar la arena y proteger las dunas. Hace «siete u ocho años» decidieron desde el Parque Natural de las Dunas de Liencres restringir esa recogida mecánica a partir de mitad de playa. Dejar los palos y llevarse sólo la basura en sentido literal. «En los primeros años costó que la gente fuera consciente de que aquello no eran residuos». Por eso llegaron las campañas, las visitas a cargo de Costa Quebrada, la información... «Y el mensaje parece que ha calado». Por lo menos, entre los habituales de este lugar. Muchos de ellos son los autores de las construcciones. Los tipos de la playa. Todo hecho con lo que trae el mar. «Unos por libre, otros coinciden y se juntan... Es algo interesante. Primero empezaron con los parapetos para tomar el sol sin viento. Pero la gente es muy creativa».

Hay de todo. Tres casetas enormes, con entrada visible. Una, ya pegada a la ría, parece la famosa balsa de Vital Alsar e invita a pensar que si alguien la empuja emprenderá la travesía. En otra, María y Alba -todo apunta a que son dos crías- dejaron su firma por todas partes (eso y dibujillos de corazones, perros y emoticonos de WhatsApp). Marta, que ayer estaba de paseo, se cuela en la tercera con 'Tuba' y 'Lupe'.

Motivos

Bajo las dunas hay empalizadas, más adelante esos gruesos cortavientos y, en lo alto de una pequeña colina, una trinchera -en la que, siguiendo con el juego, uno se imagina un nido de ametralladoras apuntando a un invasor desde el mar-. «Son cosas espontáneas», dice el artista, que lleva «más de treinta años paseando por esta zona a diario». Lo llama 'la huesera' y dice que, bajo la arena, hay toneladas de palos. «Algunos con formas maravillosas que adaptamos como lámparas, adornos...». ¿Y las casetas? «Yo soy 'de mañana' y esas las hacen los de la tarde». Por motivos artísticos, por diversión... Igual que aquellas casetas de los juegos infantiles, buscando un lugar recogido para una noche mágica o para protegerse del sol. Y por limpieza. Porque seguramente la historia más singular sea la del arquitecto jubilado. Un santo ecológico con su propio punto limpio.

Un jubilado recoge la basura y la guarda en un ‘punto limpio’ hecho de palos y troncos

Plásticos, papeles, latas... Tiene pequeños contenedores fabricados con los mismos palos que lo demás. Varios. Distribuidos por el arenal y 'anunciados' con alguna botella en lo alto de un palo. Como una señal. Allí va acumulando hasta que traslada lo recogido al «silo». Una caseta en la que la basura está distribuida, lista para el reciclaje y rodeada por una malla para que el viento no se lleve nada. Está en un alto (que tampoco se lo lleve la corriente). «Para que los palos se dejen -explica Gutiérrez, de Costa Quebrada-, la concesionaria de la limpieza debe hacer la recogida manualmente en este punto. Eso lleva mucho tiempo y en los periodos que no hay limpieza o entre una y otra, este hombre mantiene la playa en condiciones y les facilita el trabajo cuando les toca. Hace una grandísima labor, cada día y de forma voluntaria».