El Centro de Arte Rupestre de la Unesco recalará este año en Altamira

El Museo de Altamira, paisaje, caminos entre edificios y entorno general es objeto de varios proyectos y estudios. /Javier Cotera
El Museo de Altamira, paisaje, caminos entre edificios y entorno general es objeto de varios proyectos y estudios. / Javier Cotera

El Centro de Investigación y Museo de Altamira, que acometerá la renovación de su exposición permanente, no prevé cambios en el actual régimen de visitas

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

El Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira acogió el pasado año a 288.000 visitantes en otro récord de la infraestructura cultural con sede en Santillana del Mar. Ya en 2016, la cifra se había incrementado un 8%. Las salas e instalaciones, y la neocueva en particular, siguen siendo un reclamo fundamental que tuvo su punto álgido el pasado mes de agosto con cerca de 55.000 visitantes. El sitio de Altamira, no obstante, que mantiene en paralelo el régimen de visitas restringidas semanales a la cueva de los polícromos, aborda desde el pasado año un programa exhaustivo destinado a potenciar y mejorar su poder de atracción como uno de los referentes entre los museos estatales.

En este 2018 las inversiones y proyectos están destinados a la mejora de las instalaciones, los contenidos y la investigación. Uno de los ejes principales reside en la reordenación y renovación de la Colección permanente que Pilar Fatás, directora del Centro, considera fundamental tras discurrir dieciséis años desde que se fijara la instalación museográfica. La recreación del 'paisaje de Altamira', la renovación de la iluminación y contenidos de la Neocueva (con vistas al 2019), la mejora ya abordada de la señalización exterior e interior del museo y la renovación de la climatización en todos los edificios del recinto forman parte de los planes y trabajos generados en Altamira. El Gobierno anunció una inversión en el último Patronato de 3,3 millones de euros.

En perspectiva, además, aunque sin una fecha fija, todo apunta a que en este 2018 el Centro de Conservación del Arte Rupestre de Altamira sea una realidad. Este proyecto, que se remonta a 2011, y fue potenciado por el anterior secretario de Estado de Cultura, el santanderino José María Lassalle, está pendiente del último paso tras un largo proceso burocrático y jurídico: la firma de un convenio entre el Gobierno y la Unesco. Plasmado ese trámite final de carácter internacional, con todas las partes y administraciones implicadas, la sede de este centro, uno de los ocho que existe en el mundo, se ubicará en las dependencias del Museo de Altamira.

Este año se trabaja en la recreación del paisaje y del entorno y en la renovación de la Neocueva

El proyecto vivió su último anuncio decisivo el pasado otoño con la reunión en París entre el actual secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo y la directora del la directora general de la Unesco, Irina Bokova. El trabajo, «eminentemente técnico», en el que se establecerán los términos del convenio encauzará finalmente la creación de este nuevo 'Centro de Conservación del Arte Rupestre de la Unesco de categoría 2', con sede en Santillana, que requerirá una inversión del Estado en torno a los cuatro millones de euros. A la proyección internacional de la marca Altamira, este Centro permitirá reforzar su imagen como referente mundial de una manera institucionalizada, una vez que desde el Museo se abordan muy diferentes políticas de conservación, desarrollo e investigación sobre el arte rupestre. Dado que la actual legislación no permite desarrollar nuevos organismos autónomos a la Administración General del Estado, se optó por la puesta en marcha del Centro a través de un convenio con la Fundación Botín, que también forma parte del Patronato de Altamira.

Visitas

Por otra parte, el actual régimen de visitas a la 'capilla sixtina' del Paleolítico permanecerá inalterable, mientras los datos y estudios de medición constantes no obliguen a alterar el acceso a la cueva. En cualquier caso será la próxima reunión del Patronato, prevista hacia final de primavera o principios del verano, en su sesión anual, la que de nuevo evalúe los informes técnicos para la toma de decisiones. En junio del pasado año se decidió mantener el mismo número anual de visitas restringidas a la cueva (cinco personas cada viernes por sorteo), pero con un cambio en los flujos de acceso. También se estudió la propuesta de cerrar la entrada entre febrero y junio, periodo de mayor riesgo para las pinturas, y compensar los cupos el resto del año.

Por otra parte, en este 2018 se avanzará en los diversos proyectos, bien en fase de planificación o ejecución, en todo lo relativo a instalaciones y entorno. Tras renovarse la señalización exterior se procede hasta el verano a labores de climatización y renovación de instalaciones con una inversión de 800.000 euros. A las mejoras en los caminos entre edificios y pabellones, se suman las inversiones y estudios relativos al paisaje y el perfil medioambiental de Altamira, una intervención para que se asemeje a un futuro «paisaje paleolítico» con rutas guiadas.

La apertura de la cueva de las estalactitas, pendiente de los estudios geológicos

La apertura al público de la cueva de las estalactitas, cavidad situada muy próxima a la de Altamira, exenta de arte rupestre y yacimiento arqueológico -aunque fuera utilizada como cámara sepulcral en la Edad del Bronce-, es uno de los atractivos de futuro que baraja el Museo. El objetivo como se anunció el pasado año en el Patronato es su musealización con el fin de permitir la visita de público y, por ende, su conversión en otro foco de atención del sitio de Altamira. Pilar Fatás aseguró a este periódico que actualmente se abordan diversos estudios, en especial de tipo geológico, con el fin de determinar el estado de la cueva y sus posibilidades de apertura a visitantes con todas las garantías de seguridad. Sin plazos fijos, a lo largo del presente año se espera contar con estimaciones y valoraciones que permitan una decisión de futuro. La belleza de sus formaciones geológicas han tentado la posibilidad de estudiar el acceso a esta cueva desde comienzos del siglo XX. La «diversificación» de la oferta de actividades en los meses de primavera, otoño e invierno, la potenciación de las exposiciones temporales (ya avanzadas); y el apoyo en el espacio natural que rodea al Museo, son ejes para potenciar el atractivo turístico-cultural de Altamira. Pilar Fatás siempre ha defendido una «singularización» de la programación y la calidad de su oferta, una vez que el Museo ya funciona como «un reclamo cultural de primer orden».

Asimismo, desde el Centro Nacional y Museo, cuyo plan de conservación pluridisciplinar destaca por su potencial, continúan desarrollándose los diferentes proyectos de investigación, caso de la mejora del yacimiento, las prospecciones en el entorno de la cueva y el estudio de las conexiones entre las diversas cavidades existentes.

La rehabilitación de la Casa de 1924, sede del primer museo, edificio histórico del entorno de Altamira, concluyó tras diversas labores de reforma. El edificio fue construido a instancias de la Junta de Administración y Exploración de la Cueva de Altamira, presidida por el duque de Alba, jefe de la Casa Real. El rey Alfonso XIII mantuvo un interés constante por Altamira, que tuvo su reflejo en la construcción de esta Casona. Su uso primordial está reservado para la recepción de visitas, como sede del Patronato y espacio para los trabajos científicos.