Scott Fitzgerald, sin jazz ni champán

Fotografía del pasaporte de Scott Fitzgerald. /Archivo
Fotografía del pasaporte de Scott Fitzgerald. / Archivo

'Moriría por ti' rescata los cuentos inéditos del autor de 'El gran Gastby' escritos en el naufragio de la Gran Depresión

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La obra de Francis Scott Fitzgerald (Saint Paul, Minnesota, 1896 - Hollywood, 1940) aún es una mina con ricos filones 78 años después de su muerte. El más brillante narrador de la 'Edad del jazz', un gigante de las letras del siglo XX, el elegante y poderoso autor de 'El gran Gatsby', ofrece otra grata sorpresas a sus lectores en 'Moriría por ti' (Anagrama). Es una colección de 18 cuentos inéditos reunidos por primera vez en un libro en español. Alejados del burbujeante mundo del jazz y el champán que le consagró, fueron escritos en el naufragio de la Gran Depresión. Muestran otra cara de un Fitzgerald «en la cuerda floja» y «su capacidad para la esperanza», según Anne Margaret Daniel, que los edita y prologa.

Publicó Fitzgerald tres novelas y dejó otra inconclusa, pero escribió casi 200 relatos, un buen puñado de poemas y varias obras de teatro. Ejerció además de 'negro' para guiones de terceros y rubricó cientos de cartas dirigidas a su agente Harold Ober, a su editor Maxwell Perkins y a Zelda, su mujer. Unas misivas en las que, como en los relatos, retrata su época y ofrece su perfil más íntimo, alejado del oropel y la pompa del triunfador.

La Universidad de Princeton conserva el grueso de sus archivos, que siguen dando alegrías a los estudiosos. En ese mar de documentos y manuscritos se rastreó la pista de los cuentos desperdigados del autor de 'El Crack-Up'. Relatos rechazados en algún caso por las revistas, comprados y guardados en un cajón en otros, o directamente reescritos por los editores y luego arrumbados. Tirando del hilo fue posible localizarlos, reunirlos y configurar las casi 500 páginas de 'Moriría por ti', publicado en Estados Unidos hace un año y que llega hoy al lector español. Por sus páginas desfilan empresarios atrapados por error en un psiquiátrico, guionistas en busca de la inspiración perdida, prisioneros de guerra, ricas y torpes herederas solteronas, seductores por los que se suicidan las mujeres, y un sinfín de chicos que conocen a chicas. Y viceversa.

Daniel había consultado en Princeton algunos borradores, pero en 2012 los herederos de Fitzgerald localizaron el resto y los pusieron en sus manos. Los cuentos muestran un perfil muy alejado de la imagen glamurosa y chispeante que Fitzgerald cultivó hasta su muere con 43 años en Hollywood, donde se instaló en busca de dólares más que de fama. Habla del brillo del cine, sí, pero también de las miserias y desgracias de la Gran Depresión. De suicidios, divorcios, enfermedad, soledad, vagabundeos, alcoholismo y desamor, temas contrapuestos la frívola belleza de sus 'flappers.

'Pesadilla', 'Qué hacer' o 'Ciclón en la tierra muda' son relatos «ambiguos, excéntricos y cómicos» y «en la avanzada de la literatura moderna», según Daniel. Textos en los que brilla el estilo decidido y ágil de su autor, pero que dan muchas pistas sobre sus dificultades y anhelos. Sabemos así que Fitzgerald batalla con el alcoholismo, que quería escribir una novela sobre la Guerra de Secesión que anticipa en dos de los cuentos: 'Pulgares arriba' (1936) y 'Cita con el dentista' (1936-1937), ambos en torno a un hecho real sobre un antepasado del escritor, William George Robertson, colgado por los pulgares, según contó a Fitzgerald su padre.

Talento esfumado

Presentados cronológicamente, los textos se conectan a través de apuntes biográficos. 'El pagaré', que abre el libro, fue escrito en 1919, el mismo año que 'Hermosos y malditos', su deslumbrante presentación como novelista y su catapulta hacia la cima. El último, 'Gracias por la luz', lo escribió poco antes de su muerte. «Es curioso que desapareciera mi antiguo talento de cuentista», dice Fitzgerald de sí mismo. Lo achaca a que «los tiempos, los editores y directores de revistas cambiaron», y «a algo relacionado de algún modo contigo y conmigo: el final feliz», le escribe por entonces a Zelda, que llevaba casi una década entrando y saliendo de carísimos hospitales y psiquiátricos que pagaba él.

Estudió Fitzgerald en la Universidad de Princeton, se alistó en el ejército durante la Primera Guerra Mundial y publicó su primera novela, 'A este lado del paraíso', en 1920. El mismo año se casó con Zelda Sayre, y durante la década siguiente la pareja vivió entre Nueva York, París y la Riviera francesa.

Poderosa y renovadora voz literaria, firmó algunos hitos de las narrativa estadounidense del siglo XX, como 'El gran Gatsby' y 'Suave es la noche', y textos misceláneos y fragmentarios como 'El Crack-Up'. Un ataque al corazón segó su vida mientras trabajaba en 'El último magnate', como asalariado de lujo en la 'fábrica de sueños'. El Fitzgerald guionista escribía a caballo entre el 'slapstick', las alocadas 'screwball comedys' y el melodrama familiar. Buscaba dinero para pagar deudas y hospitales más que un prestigio que no necesitaba un gran talento a quien Budd Schulberg describe en esta etapa «como un Miguel Ángel haciendo arreglos de fontanería».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos