La reina del soul ya es eterna

Aretha Franklin, imagen de archivo. /Reuters
Aretha Franklin, imagen de archivo. / Reuters

Aretha Franklin, fallecida a los 76 años, tenía el don de transformar las penas en himnos y estableció un canon racial y feminista aún vigente

JOSU OLARTEBilbao

Da igual que llevara un tiempo alejada de los medios y de unos escenarios que, bien por consejo médico o por decisión propia, apenas pisaba últimamente. Aretha Franklin, que falleció este jueves a los 76 años, seguía siendo la reina indiscutible de la música negra, un título que va más allá de sus 18 premios Grammy. Se la recordará como el máximo exponente de la conexión entre la herencia espiritual negra, el blues doliente y el pálpito vital del R&B y el rock. Era una artista con el don supremo de transformar las penas y el dolor en himnos redentores de vitalidad y esperanza.

Además de una voz poderosa, tenía lo que el especialista Anthony Heilbut llama «astucia musical», la capacidad de hacer suyo el ritmo y el poder emocional de una canción en tres minutos. Su estilo es imitado por doquier, tanto por su larga saga de herederas más o menos genuinas como por estrellas forjadas en la televisión; algunas tan acreditadas como su favorita Jennifer Hudson y una Adele cuyo 'Rolling in the deep' interpretó en su último disco, 'Aretha Franklin Sings the Great Diva Classics' (14). Se retiró de los escenarios el año pasado, debilitada por el cáncer de páncreas que le diagnosticaron en 2010.

Aunque nació en Memphis y era hija de un predicador itinerante de Misisipi de vida agitada, Aretha no se ajustaba de todo al cliché de las cantantes negras del sur de Estados Unidos. Los sermones del reverendo C.L. Franklin eran conocidos en todo el país y la familia había emigrado al norte, a Detroit, la ciudad donde pasó gran parte de su vida y donde murió rodeada de su familia. Allí entroncaron con la élite afromericana. Bajo la tutela paterna y el influjo de Mahalia Jackson y Etta James, la pequeña Aretha comenzó a fascinar con su voz cantando los fines de semana en iglesias y auditorios del todo el país. Madre de cuatro hijos, tuvo los primeros con 13 y 14 años, y grabó sus primeras canciones embarazada del segundo.

Diva con dramas personales

Sam Cooke intentó que fichara por RCA, pero su carrera arrancó con Columbia, donde se forjó como dúctil cantante de club, inyectando la espiritualidad del góspel al jazz vocal,el blues, el doo-wop y el rhythm & blues. Con Atlantic grabó éxitos como 'I Never Loved a Man the Way I Love You' o su emblemática versión de 'Respect' de Otis Redding, que convertiría en himno de los derechos civiles y del soul feminista. La interpretó de una forma tan personal que, cuando Redding escuchó su versión, dejó de cantarla. «Ahora le pertenece a ella», dijo.

Paradigma de la intérprete racial y volcánica de soul, encadenó majestuosos álbumes de soul canónico ('Lady Soul', 'Now', 'Spirit in the dark', 'Young Gifted and Black'...) y directos explosivos marcados por su rajo visceral, potente y creíble como 'Live at the Fillmore West' o un 'Amazing Grace' con el que elevó las expectativas comerciales del góspel. Durante los años 70, Aretha seguiría encarnando el patrón de la poderosa diva capaz de remontar penurias personales como el maltrato que sufrió por parte de sus dos maridos y la muerte violenta de su padre. Tras un enfrentamiento a tiros con unos ladrones en 1979, permaneció en coma cinco años antes de fallecer y ella costeó sus cuidados. Sus hermanas Erma y Carolyn, cantantes a las que llegó a tener como coristas, murieron de cáncer.

Llevaba décadas sin viajar a Europa porque, a raíz de un episodio de turbulencias, tenía pánico a volar. El impacto de su voz trascendía la música negra fundacional conectando con el R&B actual de admiradoras confesas como Beyonce y Alicia Keys. Incluso fue más allá. En los Grammy de 1998, al saber que Luciano Pavarotti había caído enfermo, sorprendió a todos dedicándole una versión de 'Nessum Dorma' preparada en menos de veinte minutos.

Hoy se recuerda su voz como la de una artista crucial en la cultura popular del siglo XX, un puesto de honor que sin duda merece. Pero sobre la eterna diva de Memphis también se han proyectado algunas sombras que humanizan su figura. Hace tres años recurrió a la vía judicial para impedir el estreno del documental biográfico 'Amazing Grace' y reclamó a su productora casi 900.000 euros para permitir el uso de las imágenes grabadas durante los históricos conciertos soul y góspel que ofreció en 1972 en la iglesia baptista New Temple Missionary de Los Ángeles.

Habituada al halago y la veneración, tampoco le gustó que David Rizt, autor de su biografía oficial 'From this roots' (99), publicara hace tres años 'Respect', secuela sin censuras en la que ofrecía la cara menos amable de una Aretha que también conoció infidelidades, reveses económicos, debilidades mundanas, el maltrato de sus dos maridos y rivalidades con divas como Roberta Flack, Barbra Streisand y Whitney Houston. En todo caso, nada empequeñece la magnitud de su legado. Tampoco le hará sombra el anunciado 'biopic' que el productor Clive Davis proyecta con Jennifer Hudson, la artista preferida por la propia Aretha, como protagonista.

Del funeral de Luther King a la investidura de Obama

Su compromiso político, heredado de su padre, y su proyección como artista la convirtieron en la voz capital de la comunidad negra.

Natural del delta de Misisipi, cuna de blues y territorio del Ku Klux Klan, el padre de Aretha, Clarence LaVaughn Franklin, fue el predicador más famoso de su tiempo y ejerció una profunda influencia en la vida de su hija y en su compromiso político. En la iglesia baptista New Bethel de Detroit se dio a conocer como 'El predicador de la voz dorada'. Vendió miles de discos con sus sermones grabados y se forjó una reputación como líder de opinión transversal, al admitir en el culto a personas de toda condición.

Situados entre la élite negra de Detroit, su casa era un centro de reunión de figuras de la música, los negocios y la política afroamericana. Otro púlpito que su padre aprovechaba para denunciar la segregación y la supremacía blanca, que, aun desde su posición de privilegio, seguían sufriendo. En esa lucha sintonizaba con Martin Luther King, que solía hospedarse en la casa de los Franklin en sus visitas a Detroit. Su padre le ayudó a preparar la marcha por los derechos sociales Walk to Freedom en la que ensayó su histórico discurso 'I have a dream' que pronunciaría dos meses después en Washington.

En el multitudinario funeral de Luther King, Aretha eclipsó a su padre interpretando una emocionante versión de 'Precious Lord', de Thomas Dorsey, que certificó su condición de voz capital de la comunidad negra, una posición que siempre mantuvo. Apoyó la candidatura de Obama como primer presidente afroamericano y recordaba su actuación en la investidura como uno de los momentos más emocionantes de su vida. El expresidente es uno de sus mayores admiradores y en 2015 se emocionó hasta las lágrimas al escucharla cantar '(You Make Me Feel Like) A Natural Woman' en el Kennedy Center de Washington.

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