Los tipos duros también escriben poesía

Roberto Álamo. /
Roberto Álamo.

El versátil Roberto Álamo, nominado al Goya a la mejor interpretación masculina, encarna a un violento policía en 'Que Dios nos perdone'

CARLOTA EZQUIAGAmadrid

Parece que, últimamente, a Roberto Álamo siempre le toca hacer de tipo duro. No hay duda de que presencia física no le falta, y tampoco el origen de barrio. Su personaje en Que Dios nos perdone, por el que está nominado al Goya a la mejor interpretación masculina, es un policía cachas con problemas para controlar sus arranques de violencia. El filme de Rodrigo Sorogoyen se ha convertido en una de las películas españolas del año. Prueba de ello son sus seis nominaciones, incluyendo mejor película, mejor dirección y mejor guion original. En este thriller castizo, Velarde y Alfaro (Antonio de la Torre y Álamo), dos policías algo disfuncionales, investigan una serie de asesinatos que están ocurriendo en el verano de 2011, algo especialmente difícil porque Madrid es un hervidero: las protestas del 15-M han coincidido en el tiempo y el espacio con la visita del Papa a la ciudad.

Roberto Álamo no es nuevo en los Goya. Este sería su segundo galardón: en 2013 se llevó el premio a la mejor interpretación masculina de reparto por La gran familia española. Este año se enfrenta en su categoría a actores de la talla de Eduard Fernández (El hombre de las mil caras), Luis Callejo (Tarde para la ira) y su compañero de película Antonio de la Torre (nominado también por Tarde para la ira), pero tiene bastantes papeletas: su Alfaro es uno de esos personajes capaces de tomar una película entera. Ya ganó el premio Forqué por su interpretación del inestable policía.

En su carrera como actor, el madrileño ha tocado todos los palos de la interpretación. Se curtió dentro del mundo del teatro, donde empezó estudiando en la escuela de Cristina Rota (a quien, según él, le debe todo: si no hubiera aparecido ella, hubiese sido delineante, la profesión para la que se había formado). Desde mediados de los noventa forma parte de la compañía Animalario, y con ellos vivió uno de sus grandes éxitos: Urtain. La intensa y aclamadísima obra sobre el boxeador guipuzcoano le hizo ganar, entre muchos otros galardones, un premio Max de teatro en 2010.

Urtain fue un punto de inflexión en su carrera. Cuando actuaba en Madrid, un día recibió una llamada: Pedro Almodóvar quería entradas para ir a ver la obra desde Los Ángeles. Todas las funciones estaban completas, pero Álamo consiguió colarle, y valió la pena: tras verle, el director le ofreció un papel en La piel que habito. No es el único gran director con el que ha trabajado: en su filmografía aparecen nombres como Sánchez Arévalo (Gordos y La gran familia española), Icíar Bollaín (Te doy mis ojos) o Juan Cavestany (Dispongo de barcos y Gente en sitios). Fue con este último filme, en 2003, cuando Álamo dio el salto a la gran pantalla, y desde entonces ha compaginado el cine con los escenarios y la televisión, en series como Águila Roja, Bienvenidos al Lolita o Bajo sospecha.

Que Dios nos perdone demuestra que el actor está en estado de gracia. Consigue recrear en su personaje, que resulta tan odioso sobre el papel, a un hombre complejo, con muchas capas, y con un sentido del humor que hace que la audiencia no pueda evitar verle un lado tierno. Esto nos da alguna pista sobre la personalidad del verdadero Roberto, que no es Álamo sino Martínez Felipe (eligió cambiarse a Álamo porque no quería arriesgarse a que lo confundiesen con Roberto Martínez, jugador del Real Madrid en los 70 al que apodaban Pipi Calzas Largas). Álamo y De la Torre se ríen en las entrevistas al hablar del cambio de papeles que supone el filme. Sus personajes son lo contrario a sus personalidades en la vida real: el extrovertido De la Torre interpreta a un policía enfermizamente tímido, que tartamudea, y el introvertido Álamo es un personaje expansivo y violento. Y es que, como puede intuirse, detrás de ese físico imponente y sus papeles de tipo duro, hay un artista. Uno que escribe poesía y cuelga en internet las brutales fotografías en blanco y negro que hace a sus amigos actores.

 

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