La Carrera de la Mujer tiñe de igualdad la bahía

La Carrera de la Mujer tiñe de igualdad la bahía
R. Ruiz

La cita de El Diario y Caixabank reúne a cerca deun millar de participantes y más de 500 mujeres clasificadas. Bárbara Santamaría, campeona

Aser Falagán
ASER FALAGÁNSantander

Cerca de un millar. La misma Plaza de Farolas que el viernes fue testigo de la manifestación del 8-M congregó este domingo una marea fucsia para la segunda edición de la Carrera de la Mujer de El Diario Montañés y Caixabank. Una convocatoria abierta a todos los géneros, pero con un evidente protagonismo femenino. Solo ellas subían al podio en una carrera en la que la posición era lo de menos, aunque un puñado de participantes sí salieron a correr aprovechando el incentivo del chip y el dorsal. La amenaza de lluvia no deslució la procesión fucsia; una marea que inundaba la Plaza Alfonso XIII y que sólo tuvo que convivir con unos minutos de finísima lluvia que lejos de molestar incluso refrescaba a las corredoras. Y todo en medio de una propuesta solidaria dedicada no solo a concienciar. Porque parte de la recaudación de esta carrera se donará a la asociación 'Luchamos por la vida', dedicada a la lucha contra el cáncer.

Aunque la clasificación sea lo de menos, Bárbara Santamaría (19.43), Silvia González (20.06) y Greta Oliva (20.12) se ganaron el derecho a subir al podio y figurar como campeona, segunda y tercera de la carrera santanderina. Las tres con el mismo color. La cita era para todos los públicos (aunque con las mujeres n abrumadora superioridad; cerca del setenta por ciento), los federados eran minoría y casi todos apostaron por el color unitario, aunque también se pudieran ver un puñado de uniformes de clubes en el trayecto por la costa sur de Santander; desde Farolas a Los Peligros, pasando por Pereda, Castelar y la Avenida Severiano Ballesteros en un cómodo recorrido de ida y vuelta con cuatro kilómetros y medio.

En el pelotón figuraba un diploma olímpico como Berta Betanzos, la alcaldesa de Santander, Gema Igual, y dos jugadoras de la Bolística: Laura Abascal y Miriam Velarde. La de La Cavada y la de Panes completaron la carrera juntas, como lo hicieron aquellas personas que decidieron participar por equipos, una posibilidad que junto con la de los andarines también ofrecía la carrera.

Al final fueron más de 900 personas las que partieron con dorsal y chip en una salida que se prolongó durante más de tres minutos. Los primeros, aquellos que salieron empujados por voluntarios en sillas de ruedas deportivas. Toda una experiencia para ellos. Y después quienes más en serio se tomaron la carrera. Quienes se la planteaban precisamente así: como una prueba en el sentido competitivo. Una minoría, pero también un selecto grupo que ofrecía otro incentivo en la mañana santanderina. Y un grupo que competió pelotón hasta que se estiró y fragmentó, con quienes marchaban, andaban e incluso afrontaban el trazado como un paseo dominical al borde de la bahía; con móviles grabando el momento desde dentro del circuito; con ese pequeño privilegio de que la Policía Municipal de Santander les abriera el camino en moto. Aunque, eso sí, entre la primera y la última clasificada pasaron más de tres cuartos de hora.

Eso en lo que a las clasificadas se refiere, porque a la hora y cinco de la salida se cerró la contabilidad de tiempos con 564 corredoras clasificadas. Había que unir a ellas a aquellos corredores masculinos para los que no se elaboró clasificación oficial y podio, aunque el primero en cruzar la línea de meta fue Ricardo Lanza con un tiempo de 14.57 por delante de Diego Bringas, segundo clasificado.

En total, unos registros de entre quince y veinte minutos para quienes optaron por correr y un goteo constante de participantes entre quienes prefirieron la marcha o completar el recorrido andando. Estos últimos amenazados ya, entonces ya sí, por una finísima pero breve lluvia que no impidió completar la jornada.

Gran participación

Fueron más de 900 personas las que participaron con dorsal (entre ellas once corredoras de la Fundación Mujer & Talento de muy distintas edades y estado de forma), y muchas de ellas apuntadas a última hora gracias a una apacible mañana que no boicoteó la prueba y en su inmensa mayoría como una forma de apoyar la igualdad en lo que era el apéndice cántabro a todos los actos del 8M y, de paso, la propuesta solidaria para la lucha contra el cáncer. Y niños corriendo. Y carritos de niño. Y compañeras de trabajo o de gimnasio entrenando en juntas, intencionadamente agrupadas para llegar al tiempo, en muchos casos entrelazando las manos. Y algún corredor que se tuvo que recorrer parte del pelotón de atrás adelante para evitar que sus compañeros de grupeta que habían pactado entrar juntos se desperdigaran. Corriendo para dar caza y mandar bajar el ritmo a quienes se escapaban. Bajando para animar a los rezagados hasta reunir a la decena.

Para entonces la carrera ya tenía campeona –y campeón–; un buen regalo para quienes subieron al podio, aunque no fuera ese su gran reto –o tal vez sí–, pero un excelente modo de terminar la mañana. O la carrera, porque después de esa marea fucsia por la bahía la jornada festiva continuó junto a la meta y en el Mercado del Este con música, un mercado y el multitudinario estiramiento. Y selfies, muchos selfies. E incluso fotos de las de toda la vida. Terminada la faena, merecía la pena inmortalizar el momento. Un recordatorio hasta el año que viene cuando llegue otra edición.