Una paseo entre nubes y montañas

Una paseo entre nubes y montañas
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800 cicloturistas compartieron carretera en la IV Marcha Cicloturista Lebaniega

Pedro Álvarez
PEDRO ÁLVAREZPotes

Se repitió la historia, por cuarta vez. Las calles de la villa de Potes fueron el punto de partida de la Marcha Cicloturista Lebaniega Jubilar Bike y allí se reunieron los 800 participantes. El recinto ferial de La Serna fue el origen la aventura a pedales. Entre los protagonistas, el campeón del mundo de 2003, Igor Astarloa, que en 2003; Raúl Portillo(Norinver), que recientemente se proclamó campeón mundial en la categoría Master, así como otros exciclistas profesionales como Carmelo Miranda, Daniel Clavero o Melcior Mauri.

Este año se introdujo una novedad: dos recorridos. Uno largo y más exigente, de 146 kilómetros y que atravesó Ojedo, cruzando el Desfiladero, para desde la localidad de La Hermida ascender al Collado de Hoz y la Collada de Ozalba y, por Puentenansa, subir a El Soplao, para regresar por el Alto de Bielva y por el valle de Polaciones llegar al puerto de Piedras Luengas (1.237 metros) . El otro más corto, pero tampoco nada suave acometió la subida a las dos Colladas y Piedrasluengas antes de regresar a Potes con 106 kilómetros en las piernas.

El sol se apuntó a la fiesta, la temperatura fue un enemigo subiendo el coloso de la jornada, Piedrasluengas, pero con las cunetas repletas de público todo es más fácil. El desnivel acumulado no es impedimento para que la Marcha se haya consolidado como una referencia cicloturista del norte y, a pesar de que en septiembre la temporada viene ya muy rodada, decenas de foráneos apuestan por pasar el fin de semana en la comarca lebaniega y 'sufrir' a pedales entre montañas.

Los 800 valientes partieron a la vez de Potes. Tras un sinuoso descenso neutralizado hasta La Hermida se giró a la derecha y las primeras rampas de Hoz hicieron una selección natural. Allí hay quien lo pasa como quiere y quien, como puede. Los que quisieron jugar a ciclistas apretaron y los que sin dejar de disfrutar prefirieron mitigar un tanto el dolor de piernas apostaron por la paciencia. A lo largo del recorrido, los avituallamientos sirvieron de puntos de encuentro para los participantes. Un trozo de fruta, un bocadito de jamón, frutos secos y líquido. Mucho líquido. El calor apretó y en los primeros compases se soportó, pero en la eterna ascensión a Piedrasluengas fue necesario refrescarse cada cierto tiempo.

En el recorrido largo, el primero en entrar en la línea de meta de la Serna fue el Campeón del Mundo, Raúl Portillo. En el corto, por su parte, Alfonso López Lastra. El primero de ellos reconoció haberse sentido a gusto: «He disfrutado de una prueba que con los cambios que ha habido es mucho más bonita que en la pasada edición y que ha contado con una buena organización». Portillo admitió «que es una marcha dura pero muy reconfortante en todos los sentidos». El bravo corredor, que recientemente obtuvo las dos medallas de oro del Mundial, tanto la de contrarreloj como la de la prueba en ruta, se quedó en solitario en la ascensión a El Soplao y desde allí hasta Potes disfrutó de los aplausos para él solo.

La cita concluyó de la mejor manera, ya que la organización preparó una paella enorme y reunió en torno a tan aceptada comida a cada loco con su tema. Es evidente que el arroz recarga los depósitos y ayuda a contar historias de ciclista.

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