Un punto que mantiene la racha

Un punto que mantiene la racha
Luis Palomeque

La Gimnástica mantiene su dinámica positiva ante el Izarra a pesar de la falta de acierto a gol

Adela Sanz
ADELA SANZTorrelavega

Un empate equivale a un punto, lo que significa sumar; su valor, en cambio, es subjetivo, y ahí es donde unas veces igualar a cero es casi un triunfo, mientras que otras despide el aroma del desencanto. No decepcionó la Gimnástica en su propuesta futbolística. Buscó el gol desde el inicio y pudo ganar. Más aún, mereció hacerlo, por ocasiones y sobretodo voluntad, ya que si hubo un equipo que persiguió la victoria, ese fue el de Torrelavega. Quizás por esto el partido les deje el regusto agrio del deber cumplido a medias. Mirándolo desde la orilla del optimismo, lo que cuenta es que volvió a mantener la portería a cero, lleva cuatro partidos seguidos sin perder y cada vez se asemeja más a ese conjunto de granito que busca su entrenador .

Pablo Lago apostó por la continuidad con una alineación muy similar a la de los últimos partidos. Parece que ha encontrado a los jugadores con los que se siente a gusto, aquellos que mejor reflejan su modo de entender el fútbol, en quienes ha confiado la misión de sacar el equipo adelante. Se trata de una apuesta consecuente, por otra parte, ya que si algo funciona, como es el caso –un empate y dos victorias en las últimas fechas–, lo mejor es dejarlo como está. Optar luego por una defensa de cuatro o de cinco, como en esta oportunidad, depende de una serie de factores entre los que sobresale la forma de jugar del rival.

0 Gimnástica

Álex Ruiz, Fer, Bardanca, Camus, Cristian, Cusi, Vitienes, Palazuelos, Primo (Primo), Víctor (Rozas) y Fermín (Nacho Rodríguez).

0 Izarra

Iricibar, Eneko, Casado, Maestresalas, Cabrera, Juanlu, Deivid (Areso), Hinojosa, Chema, Cristo y Garrido (Sagües).

Árbitro
Palencia Caballero, del colegio vasco. Mostró tarjetas amarillas por el lado local a Cristian, Cusi y por el visitante a Garrido, Maestresalas y Juanlu.
incidencias
El Malecón en perfecto estado. Se guardó un minuto de silencio por los socios blanquiazules Ignacio González, Marimar Pereda y Manuel Haro, fallecidos recientemente.
el detalle
El capitán blanquiazul Borja Camus casi sorprendió al guardameta del equipo navarro con un gol olímpico, pero el balón salió por la línea de fondo en lugar de acabar en las redes del equipo de Estella.

El propósito del asturiano, como él mismo ha subrayado en varias ocasiones, es fortalecer el sistema defensivo y generar superioridad numérica en el centro del campo, pero lo importante no es cuantos futbolistas juegan atrás o en la media o si arriba hay un delantero o dos, sino la capacidad de amoldarse a las circunstancias del partido. Éste, en cuestión, comenzó con el rival dando el primer aviso, un remate de Hinojosa que se fue arriba. Declaración de principios del Izarra: no arrugarse ni echarse atrás ni esperar que sea el otro el que lleve el peso del juego. No obstante, la Gimnástica, acto seguido, respondió con un centro de Fer desde la derecha que despejó Iricibar. El lateral buscaba la cabeza de Palazuelos, pero el guardameta, atento, se adelantó al centrocampista.

Un golpe para cada uno. Tímido, eso sí, con más intención que peligro real, pero de lo que se trataba era de enseñar los dientes, de sacar bola, de mostrarle al otro la propia fuerza.

Después de este tanteo inicial, los blanquiazules ganaron peso sobre el césped. Bien posicionados, se hicieron con el control del balón y suyas fueron las siguientes llegadas, una de Fermín por la izquierda y otra de Fer por la derecha.

Transcurrido el primer cuarto de hora, el partido entró en una fase de equilibrio, con los dos equipos disputándose el control del mediocampo y sin ocasiones reales de gol. Gimnástica e Izarra, dispuestos a pelear con idénticas armas, optaron por el juego directo, sin complicarse demasiado la vida. Transiciones rápidas, verticalidad y propuestas sencillas. No dejaban de ser, por otro lado, fieles a sus respectivos estilos, que ambos comparten en sus líneas maestras.

La Gimnástica calcó la primera mitad de sus últimos choques, dando esa imagen de equipo espinoso y complicado de abordar. Dominó el juego, pero sin imponerse de manera apabullante y sin crear apenas jugadas de gol. Su mayor peligro llegó desde las alas, donde tanto los laterales, muy activos incorporándose por el carril, como los interiores, enviaron varios balones al área.

La mejor oportunidad la tuvo, de hecho, Víctor, quien remató un balón suelto que detuvo el guardameta del conjunto de Estella. Faltaban solo cinco minutos para el descanso. De haber entrado hubiera sido un gol que hubiera condicionado el juego del rival, obligándolo a reconstruirse tanto en lo anímico como en lo táctico. Pero el balón no entró y la acción no pasó de despertar el aliento de la grada. El Izarra, para no quedarse atrás, respondió casi al final con un acrobático remate de Deivid que sacó bajo palos, muy oportuno, Cristian.

La jugadores de la Gimnástica abandonaron el terreno de juego con el corazón en un puño y regresaron a él con fuego en la mirada. En sus ojos se podía leer la determinación de el que sabe lo que quiere y está dispuesto a ejecutarlo. No podían dejar que pasase el tiempo sin más y mucho menos que su rival creciese, así que aceleraron el paso y fijaron el punto de mira en la portería rival. Víctor y Vitienes, en un minuto, dispusieron de sendas ocasiones. Ambas muy similares, quedándose solos frente a Iricibar quien, convertido ya en el jugador más determinante de su equipo, les ganó en el uno contra uno.

A pesar de los fallos, la Gimnástica, obstinada en la victoria, no desistió en su empeño. No cabía en el cerebro de los futbolistas de Lago otra opción que no fuera el triunfo y éste se propuso dar otro paso más moviendo piezas en el banquillo. Su primera decisión fue dar entrada a Rozas por Víctor.

El objetivo era ganar profundidad por la izquierda, donde Fermín ya se había desgastado bastante. El segundo fue casi un manifiesto. El asturiano retiró al lateral zurdo e introdujo a Nacho Rodríguez. Con dos delanteros y a falta de veinte minutos para el final, todas las cartas estaban ya sobre el tapete. De ahí en adelante solo restaba insistir, ser pacientes y tener algo de suerte.

El equipo navarro, que no levanta cabeza desde finales de septiembre, bastante tenía con defenderse como para aventurarse al ataque, así que decidió que lo mejor era salvar un punto en lugar arriesgarse a perderlos todos. Por ese motivo retrasó sus líneas y se aprestó a cerrar filas alrededor de su portero. Un empate puede parecer poca cosecha, pero en tiempos de necesidad y frente a un rival que muerde, más vale algo que nada. Una sencilla cuestión de supervivencia.

Las jugadas a balón parado son el punto fuerte de la Gimnástica. Un lanzamiento de falta o un saque de esquina le suelen bastar para decidir un partido. Camus tuvo su oportunidad en un córner. Chutó desde el vértice y el balón trazó una parábola que no fue gol olímpico por poco. Hubiera sido uno de los tantos de la jornada.

Cerca del final se produjo la jugada que pudo decidir el choque. Un defensa del Izarra tocó el balón con la mano dentro del área, pero el colegiado centró su atención en la acción anterior, en una falta previa de Barbero. Los jugadores blanquiazules y la afición estallaron, ya que no es la primera vez que sucede algo así. Y Cusi se llevó, de paso, la amarilla, la quinta, que le dejará sin jugar en El Sardinero. De ahí hasta el final solo restaba buscar esa última ocasión, ese balón colgado, ese rebote, ese golpe de fortuna que no llegó.

 

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