Doce días sin Blanca Fernández Ochoa

Blanca Fernández Ochoa./R.C.
Blanca Fernández Ochoa. / R.C.

La aparición del vehículo de la exesquiadora olímpica ha puesto en marcha «la mayor batida de la historia» de la Comunidad de Madrid

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSOMadrid

Desde que se marchó de la casa de su hermana Lola y su cuñado, Adrian Federighi, el pasado 23 de agosto y fue captada por las cámaras de un supermercado de Pozuelo de Alarcón (Madrid), el paradero de la exesquiadora olímpica Blanca Fernández Ochoa ha sido un misterio para investigadores y familiares. Su coche apareció este domingo por la mañana en un estacionamiento al aire libre de Las Dehesas de Cercedilla, lo que provocó el inicio de una búsqueda que cumple este martes su tercer día.

Una «desaparición voluntaria»

El coche de Blanca Fernández Ochoa, en el parking de Cercedilla donde fue hallado.
El coche de Blanca Fernández Ochoa, en el parking de Cercedilla donde fue hallado. / EFE

La principal hipótesis de la Policía Nacional y la Guardia Civil es que Blanca Fernández Ochoa desapareció «de forma voluntaria», aunque no descartan otras opciones excepto que se haya producido de forma «violenta». El cuñado de la deportista ha explicado que a las 19:00 horas del día 24 preguntó a su esposa por Blanca para ver el partido del Real Madrid pero que ésta la buscó y le dijo que no estaba en la casa, a la que se había trasladado esos días.

Al término del partido, al ver que Blanca seguía sin aparecer, hablaron con su hermano Juanma y con la hija de Blanca, Olivia, momento en el que esta dijo que su madre había explicado que se iría cuatro días al norte a hacer senderismo, motivo por el cual -ha dicho- «nos fuimos a dormir tan tranquilos». La exdeportista se había marchado sin su teléfono móvil y tampoco se registra ningún movimiento en su tarjeta de crédito, aunque su familia asegura que nunca solía utilizarlas.. «No estoy bien. Necesito estar sola y pensar. Quizá haga el camino de Santiago. Ya te llamaré», fueron las últimas palabras que Ochoa le dijo el pasado 23 de agosto a su hermana Lola

El cariño de Cercedilla

Un grupo de voluntarios peinan la zona de búsqueda.
Un grupo de voluntarios peinan la zona de búsqueda. / Óscar Chamorro

En Cercedilla, un pueblo enclavado en la sierra de Guadarrama de 6.900 habitantes, era habitual ver a los Fernández Ochoa. Todo comenzó cuando el padre de la familia, Francisco Fernández, conserje en la Federación Española de Esquí, se casó con Dolores Ochoa, cocinera de la institución. La nieve marcaría la vida de este matrimonio, que a mediados de los años 60 no dudó en cambiar su residencia del madrileño barrio de Carabanchel a la estación de invierno del Puerto de Navacerrada. Allí regentaron una panadería, mientras que Fernández se ocupó de la Escuela Esquí, Ochoa trabajó en el restaurante propiedad de sus padres.

Después de los éxitos deportivos del mayor de los hermanos, oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972, en Sapporo (Japón), y de la propia Blanca, bronce en Albertville (EE UU) en 1992, el pueblo erigió una estatua en bronce para él y nombró una calle en honor de ella.

Debido a esta relación de mutuo aprecio, durante estos días, el Ayuntamiento de Cercedilla ha recibido un número masivo de peticiones para colaborar en la búsqueda de Fernández Ochoa. Todo el que quiera participar debe demostrar estar apto para la búsqueda y tener experiencia como senderista y conocimiento de la sierra del Guadarrama. En total, unas 500 personas participan en la búsqueda.

«La mayor batida de la historia de Madrid»

Como reconoció este lunes la delegada del Gobierno en Madrid, María Paz García Vera, la búsqueda de la exesquiadora se ha convertido en «la mayor batida de la historia de la Comunidad». Los efectivos están peinando una zona que abarca 3.500 hectáreas en un área que en línea recta cubre unos 30 kilómetros de bosques de pino y monte bajo, desde los valles a los riscos, y que abarca desde La Peñota en el término municipal de Los Molinos, al puerto de Navacerrada, Incluida la vertiente segoviana de la montaña. Pese a todo, el operativo en el que participan casi medio millar de personas sigue sin conseguir su objetivo.

Este martes, la Policía y la Guardia Civil ha empezado a utilizar drones para la búsqueda con el objetivo es alcanzar las zonas de difícil acceso. Se trata de tres aparatos de la Policía Nacional, tres de la Guardia Civil y uno de los Bomberos. Según explicó uno de los pilotos de dron del instituto armado, adscrito a la Unidad Especial de Intervención, el dron empleado tiene dos cámaras, una es diurna con un zoom muy potente y la otra detecta diferencias térmicas. «Hemos trabajado apoyados por un compañero especialista en montaña -GREIM- y nos iba diciendo las zonas donde teníamos que ir inspeccionando», explica el guardia civil. «Eran zonas muy escarpadas, casi imposibles para una persona a pie e incluso para verlas en helicóptero, porque con el dron nos podemos meter incluso en las grietas», añade.

La novedad este miércoles es la incorporación de lanchas del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil que recorrerán, principalmente, el embalse de Navacerrada para buscar nuevas pistas. Fuentes de la investigación han explicado que estos efectivos buscarán en «todas la zonas de agua» próximas al operativo.

Orografía peligrosa

Un agente observa la ladera desde la cima de los Siete Picos.
Un agente observa la ladera desde la cima de los Siete Picos. / EFE

Nadie en Cercedilla duda de la experiencia como senderista de Blanca Fernández Ochoa, que además conocía la zona desde niña. Sin embargo, dentro de la sierra del Guadarrama hay una zona que destaca por su especial peligrosidad: los Siete Picos. Esta montaña de 2.318 metros de altitud, a la que los rescatistas ya denominan la «zona cero», está trufada de grietas y desniveles que ya han causado víctimas mortales ya que se trata de una zona muy técnica en la que cualquier resbalon puede costar muy caro. En septiembre 2011, allí desapareció un ciclista madrileño y sus restos se encontraron dos años más tarde de forma casual. Si alguien se precipita en dicha zona, su localización se complica.

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