El duro final del escalador Brad Gobright

Brad Gobright, en plena escalada. /RC
Brad Gobright, en plena escalada. / RC

Muere a los 31 años el famoso montañero al despeñarse por un error de novato en una peligrosa pared en Monterrey

Rafa Torre Poo
RAFA TORRE POOSantander

El aforismo 'no llenes tu vida de años, llena tus años de vida' bien podría valer para definir la trayectoria vital de Brad Gobright. Este joven estadounidense de tan solo 31, famoso por practicar 'solo integral' –la escalada en solitario sin cuerdas–, falleció el pasado miércoles tras precipitarse al vacío mientras descendía rapelando de forma simultánea por la misma cuerda con Aiden Jacobson, en Potrero Chico (México). Su compañero, que también cayó, tuvo mejor fortuna y se salvó.

Quienes le conocieron ensalzan su calidad humana. «Con todas sus fortalezas y debilidades, tenía unos dedos increíblemente fuertes y vivía en un Honda Civic, en el fondo era simplemente un buen tipo», escribió de él visiblemente emocionado Alex Honnold, el célebre escalador que ganó el año pasado un Oscar al mejor documental con 'Free Solo', tras grabar su ascensión a El Capitán sin cuerdas en el Parque Nacional de Yosemite de Estados Unidos, una de las paredes más difíciles y emblemáticas del planeta.

Gobright vivía obsesionado con la escalada. Su energía se centraba en encontrar fisuras para las manos y puntos de apoyo para los pies. Él amaba la libertad. Por eso trepaba sin nada. Su vía más complicada fue 'Hairstyles and Attitudes' (7b/+) en Eldorado Canyon de Colorado, pero su mayor récord, el que lo elevó a los altares mediáticos, fue acabar 'The Nose', una de las vías de ataque de El Capitán, de enorme dificultad técnica y física, en dos horas, diecinueve minutos y cuarenta y cuatro segundos. Cuatro minutos menos que la anterior marca de sus amigos Honnold y Florine.

La burla del destino quiso que perdiese la vida en un absurdo accidente. Ni él ni su compañero se percataron de que la cuerda de 80 metros que utilizaban para rapelar no estaba anudada en sus extremos, así que se coló sin dificultad por los aparatos descensores y propició su caída. Estaban en el séptimo largo de los quince de la vía 'Sendero Luminoso'. Quizás sea solo una coincidencia, pero los que han estado en el umbral entre la vida y la muerte, dicen que lo único que recuerdan es una poderosa luz al final del camino.